jueves, 5 de abril de 2012

HOY, ES JUEVES SANTO



Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy
sino tu pasto también

Luis de Góngora y Argote










SIGLOS Y SIGLOS
CONSUMIÓ EL MISTERIO


La espiga, en el trigal ya está dorada
como  -en la vid-  su fruto quieto espera
que la Palabra baje y, verdadera,
transforme pan y vino… Enamorado,

en su Sangre, zumo tan colorado,
como en su Cuerpo el fruto de la era,
brota el milagro que el Señor hiciera
en tarde de Nisán, el sol ya echado.

Siglos y siglos consumió el misterio
que, hasta un ara, muy de mañana sube,
y llega con el Viento a otro hemisferio.

Más dulce y tierno que ningún querube,
para al hombre librar del cautiverio,
el Amor se ha colgado de una nube.




Luis Madrigal






¡POR FIN LIBRE... DE ESA PESTE DE GOEAR!

Queridos amigos: Tengo el gusto y la alegría de comunicaros que, gracias a un alma buena, inteligente y generosa, en el día de hoy, he podido verme libre, espero para siempre, de esa lacra de GOEAR, especializada de manera muy eficaz en infectar y profanar la Poesía, el Arte, o cualquier otra manifestación del espíritu humano, con la repugnante y odiosa PUBLICIDAD. ¡Se acabó! Alguien ha encontrado por mí, y para mí  -qué alegre me siento-  un nuevo reproductor, libre por el momento de tal penosa servidumbre. El Libertador, creo se llama BOX. ¡Viva BOX!. Luis Madrigal.-


P.D.-  ¡Ah...!, mil disculpas. Olvidé decir antes que "Evocación", es el primer movimiento de la Suite "IBERIA", obra del, para mi gusto personal, mejor compositor español de todos los tiempos, mejor que Falla, Isaac Albéniz. Que lo disfruten. Es una cortesía de BOX. De... ¡VivaBOX!




miércoles, 4 de abril de 2012

YA ESPERA LA MUERTE...




¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
                            
                  (Saeta popular
que inspiró a ANTONO MACHADO) 




¡VEN A LA CRUZ!


¡Toma una escalera y ven…!
Que alguien levanta un crucero
para subir al Lucero
que bajó luz a Belén.

Que clavarán con desdén,
en un sórdido madero,
por causa del mundo entero
a Aquél que creó el edén.

Los azotes que le hirieron,
ven a sufrir… ¡Tú, los sientes!
Y las burlas que le hicieron.

Y, aun solo, entre tantas gentes,
los clavos que le pusieron
has de arrancar con los dientes.



Luis Madrigal






 

lunes, 2 de abril de 2012

¿DE QUÉ VALE EL SILENCIO SIN UN BESO?



AUNQUE EL SOL PUEDA ABRIRSE
ENTRE LAS RAMAS


¿De qué sirve el silencio sin un beso,
aunque el sol pueda abrirse entre las ramas
de un árbol, y de mil, si no me amas
y de tu amor yo sigo estando preso?

No hablaré, si no quieres… Mi embeleso
se perderá en el aire, entre las llamas
del fuego que me abrasa y las retamas
arderán arrastradas por mi peso.

Nunca podría herir lo que has querido,
al sonreír tus sueños con dulzura,
por más que mi sentir no sea sentido.

Mas, olvidar por siempre tu ternura
y sepultar mi eco en el olvido
sólo tendría el color de la amargura.




Luis Madrigal





EL CALENDARIO DE ABRIL



El objetivo que Cáritas Diocesana de Madrid se propone, para este mes de Abril, no es nada fácil en estos momentos tan críticos, en los se trata por todos los medios posibles de crear nuevos empleos. Sin ellos, no podrá haber trabajo para cinco millones de personas, más o menos, como ahora carecen de él. No es tarea fácil, sino mucho más difícil aún que la de alimentar diariamente a infinidad de personas que, sin la ayuda de la Iglesia Católica, tan odiada y aborrecida últimamente en España, es posible se hubiesen muerto de hambre, porque parece ser que el Estado es incapaz de evitarlo y mucho más cuando el poder ejecutivo del mismo se ejerce por un partido político que jamás ha hecho nada por los más humildes, a quienes dice defender. Es mentira. Ese odioso partido, no nació para cumplir tal fin, sino, en palabras de su nefasto fundador para "destruir el sistema". El sistema capitalista, que desde luego no es nada bueno. Pero, de modo similar a lo que tantas veces se invoca, las palabras de Winston Churchill, relativas al sistema político democrático, bien podría decirse que no existe ningún otro sistema económico mejor. La razón es bien sencilla: Sólo la riqueza se puede repartir, no la pobreza, que únicamente puede ser compartida. Cristianamente compartida, desde luego. Cierto que es necesario frenar los excesos de un capitalismo inmisericorde y cruel a ultranza. Pero, si tenemos que esperar a que "el socialismo"  -como el otro día pude leer a una persona con síntomas evidentes de desvalida intelectual y casi mental, en una especie de tertulia, de esas de "patio de corral", o de "gallinero"-  regrese antes de este próximo verano, como afirmaba con desparpajo... ¡pobre España! Los sinvergüenzas que perciben retribuciones milenarias a cargo de los fondos públicos, los llamados líderes sindicales, que no son otra cosa sino inútiles parásitos, repitiendo eternamente la misma utópica y estúpida  -incosistente-  canción, y que ahora azuzan y lanzan a las masas contra los únicos que pueden librarnos a todos de la miseria y del hambre, sin duda se encargarían de hacer lo único que saben: Nada. Y con ello, de conseguir cuanto antes la ruina total. Cáritas, por el contrario, trata deseperadamente de, al menos, preparar a las personas para que puedan encontrar un empleo posible, lo antes posible. ¡Ojalá tenga suerte! Dios, le ayudará.  Luis Madrigal.-

viernes, 30 de marzo de 2012

LA PROSA (V y último)




EL ANÁLISIS LITERARIO:
LA CRÍTICA Y EL ENSAYO


Luis MADRIGAL


Analizar, en general, es distinguir y separar las diversas partes de un todo, a fin de poder conocer la consistencia  de sus principios esenciales. Cuando se trata del lenguaje, sobre todo del lenguaje escrito, la Gramática dispone las reglas a tal fin. En este sentido, cabe hablar del análisis morfológico, el de cada palabra, una a una, para determinar su función o papel dentro de una oración, su categoría gramatical. Y también, cabe hablar después del análisis sintáctico, de las funciones o relaciones de concordancia y jerarquía entre los sintagmas. En síntesis, podemos hablar de análisis morfo-sintáctico. Todo ello en el plano de la pura Gramática, como ya he dicho.

Pero si hemos de hablar o tratar, no ya de lenguaje sino de Literatura  -que no consiste en el estudio del lenguaje, cosa que corresponde a la Lingüística, sino del arte de la palabra escrita-  ya se trate de una u otra de sus estructuras, el Verso o la Prosa, hemos de hablar de análisis literario. La Literatura, de un modo similar a la Ciencia, la Técnica o el Arte, e incluso a la propia Lingüística, dispone de conceptos y términos privativos, exclusivos de aquélla y, en consecuencia, además de leer una obra literaria, ya sea en Verso o en Prosa, resulta conveniente analizarla desde este específico punto de vista, en el caso de poder y saber hacerlo por uno mismo o bien leer, en todo caso, los análisis efectuados por otros. No sólo desde el punto de vista morfo-sintáctico, que también, porque no es posible hacer Literatura sin observar rigurosamente, en primer lugar, las reglas gramaticales. Cierto que, muy en particular, y en materia de Poesía, cuando se escribe ésta en Verso  -nunca en Prosa- existen determinadas licencias, que el poeta o el versificador puede utilizar. Pero, en general, es muy lamentable encontrarse frente a obras en Verso, donde, por ejemplo  -totalmente al margen de su belleza-  se pueden observar faltas evidentes de concordancia o construcción adecuada del sintagma correspondiente, sin atenerse a esas reglas o funciones de jerarquía de que antes hablaba. He dicho, sin perjuicio de su belleza, pero evidentemente he dicho muy mal, porque la infracción de esas reglas gramaticales, sintácticas, disminuye notablemente, a  veces hasta el punto de privarles de ella, la belleza de la obra. La estructura gramatical de toda oración, exige, también en el Verso mediante el que se construye un poema, la presencia de los elementos esenciales: sujeto, verbo, predicado, objeto o complemento, etc., etc. Como exige de la puntuación, que puede incorporar o restringir su sentido, o bien imprimir uno u otro. El hecho de escribir en Verso, no autoriza a no escribir bien, gramaticalmente hablando. Después, vendrá “lo otro”, la armonía, la cadencia, la sinalefa, la diéresis, la sinéresis, etc., al objeto de determinar la medida de cada verso y, más aún la obtención de la imagen poética y de la metáfora, que son conceptos muy ligados entre sí pero distintos, para hablar un lenguaje propiamente poético, y no simplemente vulgar, por más gramaticalmente pueda ser correcto. Así pues-  naturalmente siempre sin perjuicio de la inspiración-  primero, la Gramática y después la Preceptiva y la Estética literarias. Y todos estos factores de análisis, han dado lugar, a través del tiempo, fundamentalmente a dos tipos o géneros literarios en sí mismos, a su vez.

En primer lugar, a la Crítica, fundamentalmente. A la critica literaria, que, si lo es de verdad (y no mera propaganda del autor, más o menos cultivada o hasta “pagada”, aunque resulte grueso y tosco tener que decir esto), no ha de limitarse a afirmar o manifestar que una obra tiene o no valor, sino a señalar sus cualidades y defectos, pero de un modo razonado, basándose, entre otras cosas, en aquellas reglas a las que me he referido. Y de ello surge este tipo de género literario, naturalmente también en Prosa, dado que resultaría, no sólo muy complicado, sino absurdo y falto de todo sentido que la crítica literaria se elaborase en Verso, aún cuando tenga por objeto el análisis de una obra de tal carácter. Es más, la Crítica, como genero literario, no sólo puede tomar por objeto la Literatura, sino también el Arte, la Pintura, la Danza, no digamos la Música, o cualquier otro tipo de manifestación humana que trate de crear belleza, incluso los mismos espectáculos. Por supuesto el Teatro, incluso el Cine, en lo que éste requiere de un guión en el que se concreta el diálogo, y puede en consecuencia considerarse Literatura propiamente dicha. Tan sólo el Futbol, o el Circo –y no así la Tauromaquia, que es un arte plástico-  parecen no necesitar de ningún tipo de análisis, porque no parece muy serio hacer a tales multitudinarios espectáculos, de tan bajo contenido cultural, objeto nada menos que de crítica, de ningún género. No se puede, ni lo merece, utilizar el término “crítica” a tal fin, sino a lo sumo el de “comentario”, y baste ya la existencia de los comentaristas deportivos, capaces hasta de inventar teorías. Por ejemplo  (cosa que yo oigo mucho por la radio o la TV),  la “teoría del doble pivote”, o la del defensa de cierre que hace de “carrilero” y, al propio tiempo, “se cruza  o entra por la diagonal”. No quiero descartar la posibilidad de que el día menos pensado aparezca en las librerías algún tratado sobre “Teoría General del Futbol”. La libertad, desde luego, debe permitirlo todo  -casi todo-  y, en todo caso, respetar el gusto de todo el mundo.  

Pero, si hemos de tomar las cosas en serio, en este sentido, hay que decir que la Crítica, ya lo sea de las Letras o de las Artes, puede adoptar tres tipos de criterios distintos: El criterio absoluto, consistente en analizar la obra fríamente, ateniéndose exclusivamente a su valor intrínseco en lo que concierne a la observancia de las normas estéticas o preceptivas, y señalando como defecto o imperfección cuanto no se adapta a tales normas. Puede, no obstante, también, la crítica, en segundo lugar, adoptar el criterio histórico, que consiste en situar la obra criticada dentro de su lugar en el tiempo, según el credo estético de cada época y el espíritu de la obra. Y por último, cabe asimismo utilizar en la crítica el criterio impresionista, que se reduce a la simple exposición, de una manera totalmente libre, pero siempre formalmente literaria, de las reacciones o sensaciones percibidas por el autor de la crítica ante la obra objeto de ella. Y, naturalmente, también cabe utilizar todos ellos, o parte de ellos. Uno de los más brillantes críticos literarios, de todos los tiempos, fue Leopoldo Alas, “Clarín”, el autor de “La Regenta”, que bien pudiera ser la segunda novela más importante en lengua castellana después de “El Quijote”. El epistolario entre “Clarín” y un jovencísimo Unamuno, debería haber sido leído por todos cuantos se dedican o han dedicado a la Literatura. 

Y, en segundo lugar  -el orden no implica rango de valor, sino mera cronología-  cuando la Crítica sobrepasa con creces al mero análisis de una obra, literaria o artística, para convertirse en una divagación intelectual, estamos hablando ya del Ensayo. En realidad, éste género literario  -el ensayo moderno-  surge dentro del propio periodismo, del más serio y digno, y con él obtiene aquél su más alta conquista literaria. En principio, el ensayista, parte de un hecho periodístico, para ofrecer su idea o punto de vista acerca de tal hecho. Pero, con el tiempo, el Ensayo se ha emancipado por completo del periodismo, y en lo que atañe al Ensayo moderno, pocos humanistas, escritores de muy diversas especies, pero todos ellos de cierta categoría intelectual, han podido librarse de cultivarlo. Su característica, la que personalmente me parece esencial es la de su total anarquía metodológica, si bien queda distinguir teóricamente tres partes básicas en la estructura de todo tipo de Ensayo,  la introducción, el desarrollo y la conclusión. Al margen de lo ya dicho, algunos han querido encontrar su origen mucho antes de que se publicase el primer periódico en el mundo, nada menos que en los clásicos griegos, o en España durante los siglos XVI y XVII. Otros atribuyen su creación a Montaigne, que vivió entre 1533 y 1592. Lo cierto es que, tal y como desde el siglo XIX se le conoce, Ortega y Gasset lo definió como “ciencia sin prueba explícita” y Eugenio D´Ors como “poetización del saber”. No me atrevo yo a decir cuál de ambas definiciones es la más adecuada. Tal vez las dos. O quizá ninguna de ellas, sobre todo considerando que, en cuanto género literario, es considerado colindante o próximo a la Miscelánea, a su vez género híbrido, o mixto, perteneciente a la Didáctica, cuando la finalidad del Ensayo no es la de enseñar nada, sino tan sólo la de suponer, estableciendo hipótesis y, más aún, meras divagaciones y hasta elucubraciones. Que ustedes lo hayan disfrutado. Si todo esto ha podido ser útil a alguien, lo celebro sinceramente.


En la imagen de arriba, facsimil de un ejemplar de
Revista de Occidente,
fundada en 1923 por Don José Ortega y Gasset,
que dirigió en la década de los años 80
su hija, Doña Soledad Ortega

Esta Revista, desde su fundación y sucesivamente
tras sus dos reapariciones, fue ámbito propicio
para la difución del Ensayo, en sus diversas manifestaciones


jueves, 29 de marzo de 2012

LA PROSA (IV)




PERIODISMO, RADIODIFUSIÓN, TELEVISIÓN
Y “LITERATURA” DE PROPAGANDA



Luis MADRIGAL



Además del género epistolar -en el que brillan verdaderas obras literarias, por ejemplo las Cartas de Gustavo Adolfo Bécquer-  los géneros ya indicados en las entradas anteriores no agotan la dimensión de la Prosa. Ésta se extiende también a otros ámbitos, si no estricta o propiamente literarios sí relacionados con la palabra, escrita o hablada, y en consecuencia con sus estructuras lingüísticas. Tales géneros pueden ser el periodismo, la radiodifusión, últimamente la TV y, lamentablemente, también la llamada “literatura de propaganda”, tan molesta cuando no instrumento de verdadera profanación de la auténtica Literatura, así como de la Música y del Arte.

El periodismo puede ser, en parte, considerado género literario, cuando no lo es estrictamente de tipo informativo, sino que, dentro de lo que constituye la finalidad periodística esencial  -la difusión de las noticias-  acoge producciones que alcanzan la cota de obra literaria. No hay que olvidar que, algunas novelas, u otro tipo de relatos, y hasta la Poesía han irrumpido más de una vez en los periódicos, y no  es preciso recordar para a ello a Valle Inclán y a la novela folletinesca, dicho esto en el sentido menos peyorativo. Simplemente, en cuanto obra fragmentada en fascículos de aparición periódica. No hay que olvidar, entre otras muchas, que las historias de Sherlock Holmes fueron publicadas por primera vez en “The Strand Magazine”, con ilustraciones de Sydney Pager. Y siempre hay que tener presente aquella significativa imagen colectiva que ofreció al mundo toda Inglaterra, cuando Sir Arthur Conan Doyle “mató” a  Sherlock Holmes. La publicación de la historieta en la que el gran enemigo de Holmes, el profesor Moriarty, moría junto a él en las cataratas de Reichenbach, por una trágica caída, provocó un aluvión de quejas y reclamaciones. En Londres las calles comenzaron a llenarse de personas que llevaban crespones negros en señal de luto por el detective, y protestaban por su muerte. Hasta la familia real británica expresó su consternación por el fallecimiento del personaje. Muchos estudiantes se vistieron rigurosamente de luto y así acudieron a las cátedras de Oxford o de Cambridge, o  pasearon por las orillas del Támesis.  Y así, otras muchas veces, en los periódicos, se dieron a conocer también infinidad de obras propiamente literarias, no solo en el ámbito de la novela, sino en el del pensamiento filosófico. A este respecto, hay que recordar necesariamente los artículos de Ortega publicados en los diarios de Madrid, El Imparcial o El Sol, entre otros.








Sin embargo, el periodismo, como género literario empleado para escribir en la Prensa, nace con el siglo XX. Como tal, y cada vez menos, su calidad literaria no es excesiva precisamente. Su nacimiento se debió al incremento de la libertad de expresión política, con el liberalismo y la mayor rapidez de difusión de las noticias, merced a la facilidad de las comunicaciones, que en el tiempo presente ha alcanzado su máxima cota. De ello cabe deducir que el periodismo pueda ser y sea de dos clases: El polémico, o de opinión, en defensa de unas determinadas ideas, políticas, religiosas, sociológicas, antropológicas o culturales en general -fundamentalmente, para atacar a las contrarias-  y el periodismo estrictamente informativo, que se limita a dar noticias o informaciones, si verdaderamente hace honor a su fin, con absoluta objetividad, sin enjuiciar ni valorar la noticia facilitada. El periodismo polémico, presidido por una ideología determinada, suele utilizar la persuasión, tratando de convencer al lector de la verdad que cree poseer. Pero también utiliza en ocasiones la sátira, tratando de poner en ridículo los razonamientos contrarios, o bien el ataque directo, eliminando argumentos adversos, a fin de hacer prevalecer la verdad propia.  Por el contrario, el periodismo informativo, si lo es de verdad, acostumbra a utilizar un estilo y lenguaje claros, nada tortuosos, buscando tan sólo la verdad de lo que sucedió o sucede. Los tipos de información suelen concretarse en la crónica,  que es una narración de los hechos; bien en la entrevista con un personaje, o con cualquier persona de la calle, a fin de que responda a ciertas preguntas, para poder así recabar información en torno a la verdad, y por último el reportaje, que es la exacta y rápida relación de un suceso, tal y como el periodista lo ve. Suele ir acompañado de imágenes, fotografías o dibujos, y en los tiempos actuales de tomas videográficas del hecho concreto, cuando no propiamente cinematográficas, pero en este último sentido, más que de periodismo propiamente dicho, estaríamos hablando de televisión, o de un periodismo de la imagen, género este no sucesor, pero si posterior o secuencial a la radiodifusión, o periodismo de la voz, de la palabra hablada. Aparte de esto, el verdadero género literario, dentro del periodismo, es el artículo, que puede alcanzar o revestir infinidad de temas, matices y estilos. Personalmente, recuerdo  -ellos motivaron mi afición a escribirlos también en los periódicos, muchos de ellos publicados en el decano de mi Ciudad natal, “Diario de León”-  aquellos maravillosos artículos de Don José María Pemán, publicados en la Tercera de ABC, de Madrid. Creo que Pemán, ha sido el mejor articulista español de los últimos tiempos, sin perjuicio de Ortega, naturalmente, pero el egregio filósofo, generalmente, tendía más al ensayo.




La radiodifusión, constituyó y constituye en nuestros días un periodismo vivo y directo, sobre todo, fulminantemente rápido, mucho más aún que la propia televisión, por su mayor versatilidad y ligereza, al necesitar muchos menores medios de infraestructura informativa. Pero, tanto la radio como la propia televisión, en el fondo se rigen por las mismas reglas del periodismo escrito, con las lógicas diferencias que median entre la palabra escrita y la hablada o la presidida y apoyada por la imagen.

Ninguna mención, a mi modesto juicio, merece ser hecha  -a no ser de carácter totalmente negativo- a la llamada literatura de propaganda, que en nada pertenece al ámbito de la Literatura, sino al de la Mercadotecnia, porque su fin es únicamente el de convencer a un presunto comprador potencial de la calidad de un determinado producto comercial. Sin embargo, este tipo de “literatura” ha llegado a alcanzar un enorme volúmen de actividad, sobre todo en los Estados Unidos de América del Norte, donde surgió el “slogan”, término inglés que pretende resumir una idea, basándose en una frase o imagen, breve y expresiva, y cuya característica principal ha de ser la originalidad y la seducción. Pero también en este ámbito hay que contar con la Prosa, pese a que en ocasiones, de especial mal gusto, se llegue a la profanación de frases o expresiones  -y no sólo en Prosa sino incluso en Verso-  tocadas por la mano del Arte y de la Historia, así como de las imágenes o de la música del mismo signo. Me parece a mí ésta, una “literatura” especialmente desagradable, paleta y grosera, producida para “clases de tropa”, además de irrespetuosa e iconoclasta. Aparte de la injusticia notoria, cuando así resulta ser, quizá ésta es una de las plagas más asfixiantes del sistema capitalista-liberal.

Y con cuanto se ha dicho, creo puede darse por cerrado y concluido este capítulo de literatura menor, o incluso de falsa y molesta “literatura”, para centrarme por entero, y, finalmente, en otros dos géneros literarios. Estos sí que lo son, y no pequeños sino muy grandes. Dentro de lo que, en general, podría llamarse análisis, quiero referirme a la crítica literaria y al ensayo. Pero, fiel a la idea de no hacer inacabable estas entradas, de estos dos últimos grandes géneros prosaicos  -ya sabemos que esto no es peyorativo- trataré en una próxima y ya última ocasión. Gracias por la paciencia, a quienes hayan podido leer las anteriores. Estoy persuadido de que, al menos alguien, de entre quien las haya leído, podrá tener en lo sucesivo una idea exacta acerca de lo que es una cosa u otra y, sobre todo, de qué o cómo puede estar hablando, oyendo o leyendo. Por ello, consideraré haber cumplido con lo que me parece un deber