miércoles, 20 de enero de 2010

¡GRACIAS, SEÑOR...!



Gracias, Señor, te debo tantas cosas...
La vida, sin la cual yo sería... nada.
¡Nada, Señor...! Y Tú has querido
traerme a la luz del ser, que es los que es...
Te doy las gracias.
Te doy gracias, por haberme extraido,
como en una operación cesárea, del oscuro y pavoroso
vacío absoluto, de lo que no es,
para traerme a la existencia y a la Vida.
¡Gracias, Señor, por la alegría de vivir,
por la dicha y la ternura tantas veces recibida
y por la poca que he dado...
Gracias también por la tristeza y por el llanto.
¡Gracias por la libertad!,
por esa libertad que nadie puede arrancarme
si procede de Ti,
aunque puedan cargarme de cadenas,
aunque puedan matarme...
Tú pondrás en mi corazón cobarde
el valor para morir.
Y mucho antes (o cuando sea, Señor,
cuanto Tú quieras)
la fuerza vital de acompañar siempre a quiénes
a mi lado caminan.
Para sofocar su sed y su sudor;
su fatiga y cansancio,
su melancolía y su nostalgía,
su soledad y su tristeza...
Porque, sólo así podrá mi ser alcanzar su plenitud;
mi espíritu, el amor, mi tristeza la alegría
y Tú podrás estar siempre a mi lado,
porque, sin Ti, Señor, soy la misma Nada
de la que me has traído a la Vida.

Luis Madrigal




martes, 19 de enero de 2010

ESCENAS DE INVIERNO (IV)


LLUVIA TRAS LA NIEVE

Golpeaba la lluvia los cristales
aún teñidos de nieve, blanca y pura;
latía en cada gota su frescura
al barrer los oscuros ventanales.

¿Dónde habré ir, que pueda curar males
-preguntaba la lluvia, en su andadura-
y el Cielo respondía con dulzura:
No corras mucho, ayuda a los mortales

a conservar su casa y su alegría;
sus prados y cultivos... Y la lumbre
que el abuelo encendió, día tras día.

Nunca caigas en tromba, por costumbre
de arrasar lo que vive todavía,
ni saltes con terror desde una cumbre.


Luis Madrigal


12 de Enero de 2010





lunes, 18 de enero de 2010

ANTES Y DESPUÉS DEL TERREMOTO



Va siendo hora ya de poner fin al luto por Haití, de enterrar a los muertos, elevar al cielo una oración por ellos y, eso sí, afianzar el propósito más firme de extender todos nuestra mano sobre el sufrido país caribeño. La vida, sigue. Pero, cabe preguntarse por qué, tras el drama, todo el mundo se ha mostrado solidario y se ha volcado en ayudas, mientras antes de él, nadie se había preocupado lo más mínimo de este país pobre y subdesarrollado, donde los niños comen galletas de barro... Ya se ha dicho en muy diversos lugares que no se debe confundir la pobreza y el subdesarrollo con el carácter sísmico de la zona. Sin la menor duda, los terremotos no podrán nunca desaparecer de la faz de la tierra, pero sí debería hacerlo la pobreza, sobre todo esa pobreza severa, no querida, sino impuesta por causas exclusivamente estructurales, casi siempre debidas a la codicia, el egoísmo y el latrocinio de los hombres. Sería tan prolijo como innecesario señalar aquí el número de instituciones y cuentas bancarias abiertas en estos momentos , al menos en España, para la ayuda económica a Haití. Cada cual puede encontrarlas sin el menor esfuerzo y aportar a ellas lo que pueda, no más, o incluso menos de lo que pueda. Esa ayuda, que no ha de perderse por el camino, siempre será bienvenida, bien llegada. Pero sería un noble y eficaz deseo el de que, no sólo pudiera resultar más que suficiente para resolver cuantos problemas de toda índole hoy se ciernen sobre la nación haitiana, sino que sobrasen, o se acumulasen otros en el futuro para sembrar con ello el inicio de una nueva era. Que, una vez enterrados los muertos, consolados en lo posible los sobrevivientes, establecidas las medidas sanitarias para evitar endemias, se fuese pensando por el mundo entero también, en dotar a aquel país, y a otros muchos, de los medios de producción económica y organización social, mínimamente necesarios, no ya propios de la trilogía marxista -nutrise, cubrirse, cobijarse- sino de la filosofía humanista y filantrópica más ambiciosa, de la educación, la cultura, el deporte, el ocio creador... Porque los haitianos, y otros muchos pueblos, no deben ser personas condenadas eternamente a la desgracia, sino seres humanos como los demás, llamados a una vida propiamente humana, de los que es preciso acordarse antes de que sucedan los terremotos o las catátrofes naturales. Se ha repetido reiteradamente el tan conocido apotegma: Si le das un pescado a un hombre, podrá comer un día; si le enseñas a pescar, podrá comer toda la vida. Pero... ¿Cuándo podríamos comenzar? Esos más de 100 millones de euros (€) que he leído en algún sitio acordará la Unión Europea para la ayuda a Haití, unidos al esfuerzo técnico generoso de los profesionales -sobre todo los jóvenes- capaces de "enseñar a pescar" (a construir, a diseñar, a organizarse...), ¿no serían suficientes?. Porque, si es cierto el refrán español de que "no hay mal que por bien no venga", debería hacerse el esfuerzo necesario para que, ante un mal tan grande y lacerante, el bien no sea raquítico e insignificante. Como se decía antes en los sermones y homilias, pero con mucha más fuerza: "¡Qué así sea!" Luis Madrigal.-


viernes, 15 de enero de 2010

DIOS, ESTABA ALLÍ Y... ESTÁ


Una periodista, corresponsal de prensa o similar, ha dicho en el diario "EL MUNDO", de Madrid, que, en estos momentos, en Haití, se encuentran "sin noticias de Dios". Es decir, cabe interpretar que Dios ni se ha enterado de la catástrofe ni ha aparecido por aquellos dolorosos pagos, porque, en el fondo, lo que pretende decirse es que Dios, no existe . O bien es directamente el culpable de lo ocurrido, como asimismo afirmó un pintoresco personaje haitíano. En cuanto a la periodista, lo más ingenioso del titular es la burda imitación del cuentecito, de tan enorme éxito, del novelista barcelonés Jorge Mendoza, "Sin noticias de Gurb", un extraterrestre perdido en la Ciudad condal con ocasión de los Juegos Olímpicos celebrados allí en 1992, esto es, en la XXV Olimpiada de la era moderna. Por lo que se refiere al haítiano que ha culpado directamente a Dios de la tragedia, o a las opiniones y manifestaciones populares que, por este motivo, ponen en tela de juicio su existencia -es decir, su esencia, porque existir, propiamente (tienen razón), Dios no existe- la injusticia con Dios no puede ser mayor. Es muy facil culpar a Dios de este tipo de dramáticos acontecimientos, eludiendo la culpabilidad de quiénes, quizá durante siglos, han martirizado a los hombres, tanto en nombre como en contra de Dios. Dios, sólamente habita en la conciencia de los hombres. Está dentro -quiere estar- de cada uno de ellos, pero son ellos, los hombres, quienes le expulsan y destierran de sí mismos. Las injusticias, la explotación, la maldad, la ineptitud, no pueden ser evitadas ni por el mismo Dios , porque Él ha creado libres a los hombres. Ciertamente este tipo de trágicos sucesos, no ocurre tan sólo en los pueblos más pobres, como podría asimismo pretenderse. Ocurre en todo lugar, pobre o rico, porque sus causas, o su causa, no es más que puramente geológica. Se trata, parece ser, de la llamada "tectónica de placas", o de "capas", que se encuentra en la superficie terrestre. Haití y otros muchos lugares también pobres, son lugares sísmicos, deben tener sus "fallas", pero también la tiene California -la llamada de San Andrés- y también allí se han producido y producirán, probablemente, terremotos. La diferencia, sin duda es de riqueza y de capacidad organizativa y tecnólogica para prevenir o paliar las consecuencias dañosas. Pero esa riqueza y esa capacidad, la honestidad de los gobernantes o su codicia y latrocinio, más que la tierra, es cuestión exclusiva de la voluntad humana. ¿Tendrá también la culpa Dios de que -como ayer dije en este mismo Blog, con la autoridad de la Historia- en 1811, aquel malvado que se llamó Henri Christophe, se autoproclamase Rey, y sometiese al país a toda clase de atrocidades, muy posiblemente causa, entre otras, de su actual pobreza?. Y así, sucesivamente, con independencia de las circunstancias y de su origen, ya provengan del propio país, o de los EE.UU. de América del Norte, a los que siempre resulta tan cómodo culpar de todo. No es Dios, son los hombres. Y, en este caso, tampoco se podrá culpar a la "malvada" España, que sometió a los pobrecitos indios de America... fundiendo su sangre con ellos. Los méjicanos, tienen esto muy claro, y hay que agradecérselo mucho. Se sienten orgullosos de ser un pueblo mixto, mitad españoles y mitad indios. Y presumen de ello, como yo también presumo de ser español y de que mis antepasados, en lugar de matar a los indígenas, como se ha dicho o se dice tantas veces, se mezclaran con ellos, sin perjuicio también de muchas posibles atrocidades. Pero Haití, desde hace más de un siglo, ha sido colonizado, "organizado y dispuesto" por la maravillosa Francia. ¡Qué no se diría de España, del lastre y "herencia" que los españoles dejamos en América, si el terremoto de Haití hubiera ocurrido en otro lugar del entrañable suelo sudamericano!. No, no es Dios. Son los hombres. Dios, estaba alli y... está ahora mismo. Se duele y abraza a todos y cada uno de los cadáveres que yacen sin sepultar, entre ellos el del Arzobispo de Puerto Príncipe, Mons. Serge Miot, y al dolor de sus familias y seres queridos. Dios, estableció las reglas, al crear el mundo y, aunque podría variarlas (y a esto lo llamamos con toda propiedad "milagro"), no lo hace así por las buenas. Simplemente, "permite", no se opone a su propia creación, aunque su primer plan fuese otro. Por eso, Dios, estaba y.. está. Dios es Dios y está siempre. Los que no estamos, ni queremos ser, somos los hombres. Luis Madrigal.-

Arriba, la Falla de San Andrés, en la rica California. Abajo, sucesivamente, "Te Deum", motete polifónico del gran músico francés Marc-Antoine Charpentier; en segundo término "Laudate Dominum", de W.A. Mozart, y finalmente, el "Te Deum laudamus" gregoriano. Siempre es bueno alabar a Dios. ¡Por triplicado!













jueves, 14 de enero de 2010

HAITÍ


Un asolador seísmo ha llenado Haití de sangre y de cadáveres. Esto ya no puede ser noticia. Pero que una tragedia de tales proporciones haya ido a suceder en el país más pobre de toda América, no puede dejar insensible a nadie. Además de la más espantosa miseria, ahora les viene esto, tan dramático y sobrecogedor. No es ningún tópico socorido. Ayer mismo veía yo en TV un reportaje anterior a la catástrofe, en el que unos niños haitianos -por cierto, con una abierta sonrisa- comían unas galletas hechas...!de barro! ¡Por Dios...! Dios mío, tengo que hacerte la misma pregunta que ya te hizo el Santo Padre, no hace mucho tiempo, sólo que en sentido radicalmente contrario a la afirmación de uno de los haitianos que te ha atribuído toda la responsabilidad de la tragedia: "¡¿Dónde estabas, Señor...?! ". Además del hambre y la miseria, permites que estos desdichados sufran tan indeciblemente?!. Hágase siempre tu voluntad, porque no podemos conocer tus designios, pero humanamente vistas las cosas, es conmovedor. No es de extrañar, pues, que la comunidad internacional, cuantos países pueden hacerlo, porque tampoco todos pueden, se estén volcando en estos momentos en la ayuda de todo tipo a la nación franco-americana. Haití, desde 1697, año en el que se firmó la Paz de Ryswick, ha sido colonizada por Francia, pero su origen es tan español como cualquiera otra nación de América del Sur. Haití, fue cedido por España a Francia, como consecuencia de dicho Tratado del que fueron signatarias , además de España y Francia, Holanda, Inglaterra y el Imperio. Ello para poner fin a la guerra de la Liga de Habsburgo y para "bajarle los humos" a Francia, pese a que, como siempre, ésta sacase tajada, conservando la mayor parte de las conquistas de Luis XIV, si bien hubo de reconocer la imposibilidad de establecer su hegemonía en Europa. Es cierto que a España le fue entregado Luxemburgo. Y tan sólo por este motivo en Haití se habla hoy francés. Pero, la República de Haití, ocupa la parte occidental de la isla que se llamó y se llamará siempre "La Española", porque allí puso el pie por vez primera, en todo el Continente y en nombre de España, el Almirante Cristobal Colón. Y al otro lado, en la República Dominicana (¿cómo estás, Antonio?) se habla español. Antonio, es mi amigo, un Padre Misionero de los Sagrados Corazones, Antonio Fernández Cano, a cuya ordenación sacerdotal asistí en el mes de Mayo pasado, aquí en Madrid, en la Parroquia "Nuestra Señora del Lluc". Antonio, era un colega en el ejercicico de la Abogacía, en Valencia, un Abogado de éxito que, un día, quiso defender otra causa mucho más elevada y noble. Como el mismo dijo después, "liquidó", su Despacho, su biblioteca, su automovil todos sus bienes, los distribuyó entre sus sobrinos, y se fue a los suburbios de Buenos Aires, donde permaneció como misionero laico, hasta ingresar después en la Congregación, estudiar Teología en la Argentina y venir a España, tan sólo para ordenarse sacerdote de Jesucristo. Tras su ordenación, fue destinado a la Republica Dominicana, donde estará en estos momentos. Estoy seguro de que habrá cruzado la frontera y se hallará entre los heridos y el dolor del pueblo vecino. La Historia de Haití (que significa "Tierra montañosa"), desde su Independencia de Francia, en Enero de 1904 (hace ahora, por tanto, exactamente 106 años), ha sido tortuosa y en cierto modo sangrienta. Hubo de superar, su división entre el Norte y el Sur de su territorio. En el Norte, un despota tirano, llamado Henri Christophe, llegó hasta proclamarse rey, en 1811. En el Sur, Alexandre Pétion, elegido Presidente de la Republica en 1807, estableció un régimen más humanitario y prestó ayuda a Bolívar. También Haití ha sufrido la intervención norteamericana de Washington, hasta la época de Roosevelt, en la que los marines, en 1934, abandonaron el país. Hoy es una tierra inundada no por los marines sino por el dolor.. Todos, en la medida de nuestras posibilidades y formas de expresión, deberíamos mostrar nuestra solidaridad con esta sufrida nación. Yo, no soy más que un español, lo digo reiteradamente. Nadie es más que sí mismo, pero, desde lo más hondo de mi corazón, envío mi abrazo a todos los haitianos. Luis Madrigal.-



miércoles, 13 de enero de 2010

LA ÉTICA DE LOS PEORES


Cada vez más, aunque naturalmente del modo también más superficial, o cínico -en esta corrompida y enferma sociedad de nuestro tiempo- se habla con insistencia, por paradójica contraposición, de lo ético. "¡Qué falta de ética!", exclaman indignados muchos de los que carecen por completo de ella. O, dicen otros, "mirando las cosas desde un punto de vista ético..." ¡Pero, usted, qué puede considerar éticamente nada, si ni siquiera sabe qué es eso! Esto cabría decírselo, antes que a ningún otro tipo humano, muy en general, a los políticos actuales, esos harapientos intelectuales que lanzan sus estúpidas palabras, sin el menor sentido ni orden, a los cuatro vientos, rodeados de otros seres por el estilo -los "periodistas"- que actúan como ventilador. Menos hablar de ética y menos incurrir, groseramente además, en infinidad de actos éticamente reprobables.

El término Ética, en griego "etós", no significa otra cosa sino "costumbre", o uso; esto es, hace referencia a los usos y costumbres, propios de un grupo, que constituyen la norma de conducta generalmente aceptada y aceptable dentro de él. Son, pues, una norma de conducta. Fué Cicerón quién tradujo del término griego "etos", el latino "moralis" (de "mos-oris", costumbre), que es el que se universalizó, incorporándose a todos los idiomas cultos modernos. La costumbre, no es sino una exteriorización del grupo que se impone como norma al individuo. Primero, como norma estrictamente "moral", y por tanto sin sanción o castigo algunos, tan sólo el de la reprobación del grupo. Más tarde cuando surge el "ius", el Derecho -con mayúscula- separándose del "etos", surgirá la norma jurídica, que implica la correspondiene sanción al que la infringe. Pero, el término "etós", significa también "morada", por lo que, en principio, se identifica con el domicilio habitual de las personas, para distinguirlo, en las sociedades primitivas, de las cuadras de los animales o guaridas de las fieras, de lo que, con el tiempo, pasó a significar, en sentido figurado, el carácter o manera de ser y, en suma, las disposiciones del alma que determian el carácter de la persona individual, y especialmente, el dominio de la voluntad sobre las tendencias inferiores, que se concreta en los actos. El acto humano, pues, es el centro de atención de la Ética. Pero ésta, tan sólo considera actos humanos los ejecutados con deliberación de la razón y consiguiente ejercicio de la voluntad. Esto es, sólamente son actos humanos, los actos inteligentes y libres. Los demás actos, no son propiamente humanos, aunque se denominen actus hominis, o "actos de hombre", sino más bien de categorías o especies sub-humanas, antropomórficas, sí, pero colindantes con el animal, o vecinos de la planta. Y de estas últimas sub-especies humanas, o más bien sub-productos culturales, está mayoritariamnete integrada esta sociedad "de progreso", la del consumo y la violencia; la de las modas artificiales e insubstanciales; la del aborto y la eutanasia; la del culto a esos personajillos que son los futbolistas, toreros, cantantes y otras insubstanciales gentes, cuando no esos monstruos artificialmenete creados para hacer de ellos mofa y escarnio y, de paso, amasar el más sucio dinero, por parte de las cochinas emisoras de TV; la de esos pequeños salvajes, fruto de la herencia de sus padres, que destruyen cuanto encuentran a su paso e infectan todos los ámbitos de la sociedad. Que gentes provenientes de estos ámbitos o similares, hablen de "ética" es una perversa deformación y una cruel paradoja, no exenta de sarcasmo. Porque esos meros "actus hominis", se han transformado en hábitos y han sido objeto de aceptación colectiva, dentro de la exaltación más denigrante de los sentidos y de la abdicación del espíritu. Este clima, no ha surgido, desde luego por casualidad, sino que ha sido más o menos "astutamente" cultivado y preparado -dentro del acusado estreñimiento cerebral de sus instigadores- en un intento de borrar del mapa toda excelencia y, con ello, el dominio de los mejores (de los "aristoi") para instaurar la dictadura de los peores, de quienes jamás han creído, ni tenido ética alguna sino la de sus repugnantes eruptos, intelectuales y corporales. Los inútiles, los mediocres y más vulgares "oficinistas", los analfabetos nombrados ministro, los vagos, los pancistas, los vendidos a su propio estómago, que son quienes en este tipo de sociedad, y en los diversos climas ateos o agnósticos de nuestros días, han propalado y extendido la tendencia a divinizar al hombre, no sólo individual, sino colectivamente. Es, en cierto modo, aunque sin descartar la brutalidad y bajo coeficiente mental de sus impulsores, la vieja filosofía del Superhombre, de Nietzsche. ¿De qué Ética pueden hablar, pues, estos sujetos?. Porque esa divinización del hombre colectivo, acogido y protagonizado por el Estado, que se ha "tragado", se está tragando, en España, a la Sociedad entera, siendo ésta un término y esfera mucho más amplios, engulléndola como una serpiente boa puede ingerir a un cordero, es la que ha establecido la nueva "Ética," en la que justamente se predican los valores, las "costumbres" más o menos radicalmente contrarias a las que aquella Ética inicialmente propugnaba. ¡Qué Dios nos ampare... Él es nuestra única esperanza!. Luis Madrigal.-




martes, 12 de enero de 2010

ESTAMPAS DE INVIERNO (III)


Ha vuelto a nevar sobre Madrid y, aunque no en forma tan copiosa como en la cercana Ávila, durante los dos últimos días nuevamente ha vuelto a sentirse un frío seco, duro, cortante, contundente, que hiela los suspiros, congelando el aliento antes de que la voz se haga palabra. El Padre Sol -que a mí me trata de "don", con desproporción absoluta, y tan sólo por obra y gracia de un buen amigo de la ribera mediterránea- ha vuelto a desampararnos, sumiéndonos de nuevo casi en la noche en pleno día, tan sólo más claro otra vez por la presencia de la nieve. Estos últimos acontrecimientos, estrictamente meteorológicos (y pido clemencia a mi buen amigo mediterránido, que habita en la "que cubierta en todo tiempo de flor está"), me han inspirado el tercero de los poemas de estas "estampas invernales". Querido Man, sé benevolente con el pobre y entumecido "poeta" y que nuevamente aquí canta y se lamenta -"se duele", en el argot taurino que a ti también te gusta- suspirando por la luminosa Primavera y, tras ella, por el largo y cálido Verano. Aquí está el poema:


¿CUÁNDO SE HARÁ LA LUZ?

No puedo ya ahora ver lo que antes era...
Tampoco lo que fue... Sólo lo yerto,
angosto y sin destino, gris, incierto,
salpica mi existir, sin Primavera.

¿Cuándo, por fin, se acaba esta quimera
y se enciende la luz... y el hiemal muerto
entierra sus zarpazos en el huerto,
donde crece el jazmín? Y, a su vera

luminosos y ardientes tulipanes
que, hacia sí, entre la hiedra y el asfalto,
atraigan medio día, como imanes,

toda la luz que el sol, desde lo alto,
envía paternal... Y sin desmanes,
besar el suelo al cielo de un gran salto


Luis Madrigal


Y para lamentarse, nada mejor que un buen gallego
y, a ser posible, una muñeira. Esta "Alborada", de Veiga
podría ser un magnífico ejemplo