lunes, 26 de abril de 2010

EL COLOR DE LOS FRUTOS



VERDE ES LA ESPIGA Y ORO EL GRANO

Crece verde la espiga, en verde plano,
para que el sol, después, la torne en oro
y, en el molino, el grano halle el tesoro
del pan, que es alimento del humano.

Un ser, dentro de sí, que es soberano
y alberga libertad, amor, decoro...
Señor: Te pido el pan, pero te imploro
que no falte en la mesa del hermano.

Dios mío: Danos el pan, el alimento
que nuestro cuerpo débil fortifica,
mas pon en nuestras almas el fermento

que las haga volar... Y vivifica
todo nuestro vivir, con el aliento
que tu Espíritu todo santifica.



Luis Madrigal




DILEMA DE SANGRE





ROSA Y ESPINA

Tomar la rosa quiero, mas la espina
que, al arrancarla del rosal, me hiere,
siembra al punto la duda, si no fuere
por el fragante aroma que destina

al aire... Ya mi paso se encamina
hacia el seno del pétalo que muere...
Rojo, como la sangre que vertiere
hasta hacer de mi sangre una colina.

Desgarrarán sus dientes mi tejido
y de mis venas brotará la sangre
que ha de correr, alegre, mi vestido

hasta que, ya embriagado, me desangre
y mi aliento, en su aroma ya dormido,
no sienta las astillas del palangre.


Luis Madrigal




domingo, 25 de abril de 2010

UNIDAD EN LA DISTANCIA



MI ANHELO VOLARÁ...

Cuando el sudor y el agua
en mí se unan
y en mis brazos dejen sin voz mi esfuerzo...
Cuando impulsado a veces por el viento,
un surco nuevo se abra al horizonte,
mi anhelo volará tras la Montaña
hasta alcanzar, lleno de luz, el cielo.
Entonces, será grande mi consuelo
al encontrarte entre una nube blanca...
Doradas tus mejillas, a tus labios rojos
no alcanzará la sed, ni ya una lágrima
habitará nunca en tus ojos.
Y, en un breve segundo, la distancia
que entre mares y montes nos separa,
se estrechará, haciéndose la nada
y ya, en un sólo ser, seremos todo.



Luis Madrigal


sábado, 24 de abril de 2010

HIEROFANÍA



UNA OCTAVA REAL, AL PONERSE EL SOL

Cuando, al caer la tarde, el sol declina
y su color de fuego el cielo inflama;
cuando mi corazón, con una espina
clavada en él, arde como una llama,
ya  -alma más que sangre-  a Ti camina...
En tierra, convertida en cielo, clama
y, en un sueño feliz, rebosa calma.
Señor: Con todo amor... con toda el alma.


Luis Madrigal


HE DE VOLVER AL CAMPO



TEMORES DE LA ESPERANZA


He de volver a la dulce y feliz Arcadia,
tras el denso tumulto que oscurece el alma
y tensa los músculos y los nervios como hilos de acero...
¿Cómo estará el ciprés,
que crece cada año, lentamente,
pero apunta firme siempre al cielo?
¿Le habrá herido cruelmente el hielo,
cuando en la noche descargara su aliento?
¿Habrán roto sus brotes los rosales,
para que su aroma embriague al viento
y, junto a mil mariposas,
que batirán sus polícromas alas,
en calidoscópica filigrana y juegos de luz,
proyecten sus sinfonía cromática,
ahuyentando a las sombras?
¿Cuánto habrán rodado
las piedras del camino,
para que sus cortantes aristas
ya no hieran los pies,
sino los acaricien,
al descansar sobre ellas,
buscando anhelantes llegar al prado?
Allí, la fuente arrastra,
en torrentera sobre las rocas,
diminutas perlas que, como las lágrimas,
limpian el sudor y humedecen la brisa
que baja desde el Cerro.
¿Todo ello será allí
igual que lo fué siempre,
o tal vez, pasado un año más,
después de tantos,
también se haya agrietado y enmohecido
el propio tiempo,
estremeciendo las vísceras de temblor
y colmando el corazón de ansiedad y congoja?


Luis Madrigal




PRIMAVERA AL FIN EN MADRID

Unas cuantas veces, al menos media docena, parecía que llegaba a Madrid la Primavera. Pero, no era verdad. Otras tantas, al poco tiempo, huía a los oscuros senos invernales, como si en ellos se hubiese aposentado ya para siempre. Esta vez, yo creo que no, lo espero apasionadamente. Es posible que el sol vuelva a nublarse en algún momento, o que llueva, pero la lluvia, cálida y vaporosa, servirá para vestir aún más luminosamente a las flores. A las más sencillas, a esas humildes flores del campo, que no se siembran, ni se riegan por la mano del hombre, ni nadie las poda, pero ellas se visten, tan sólo con el sol, y con el agua del cielo, de la magnificencia con la que no pudo hacerlo ni el Rey Salomón. Madrileños todos, los de Madrid y los que andáis por el ancho mundo: Ha llegado la Primavera a Madrid. Ahora, sí. No importa lo que digan los calendarios, ni "los hombres - o "las mujeres"del tiempo". Incluso ni el propio vencejo de MAN, que ya es decir, en materia de anunciar la Primavera. Ese sabio Vencejo, anuncia la esplendorosa Primavera de MAN, que tiene que ser explosiva, pero no la mía. Mucho menos, eso en ningún caso, ese bastardo eslogan del Corte Inglés, que impúdicamente osa anticipar la Primavera, cuando lo que tan sólo le interesa es engrosar "la caja". La Primavera, tan sólo llega a mí, cuando la ven mis ojos. Y de ello, quiero dejar constancia:



¡POR FIN, LLEGÓ LA PRIMAVERA!

Una cálida ráfaga de viento,
unida al sol  -a la ilusión unida-
presagian otro año la venida
de rosas y de lilas. Y al momento,

sin rasgo ni señal del polvoriento
y pedregoso Páramo, la vida
vuelve a encontrar la risa, ayer perdida
en el lóbrego invierno ceniciento.

Ya la hiedra, en la umbría se prepara
a trepar entre musgos el granito
hasta alcanzar aquel lugar, cual ara

de amor y de piedad. Altar bendito
donde una cruz de piedra ya repara
en que subir al cielo es infinito.


Luis Madrigal







Lamento mucho la vulgaridad de la música, pero es obligado, aparte de muy hermoso. OTROSÍ DIGO: que lo mismo procede respecto al cuadro que ilustra esta entrada como primera imagen.



viernes, 23 de abril de 2010

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA



Juan de Jaúregui Pinxit. Año 1600


"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".