miércoles, 9 de agosto de 2017

MUY CERCA DE SUS MURALLAS



AL RECORDAR UN ÉXTASIS DE TERESA DE ÁVILA


Como hace ya tantos años, me encuentro por estas fechas muy cerca de las murallas de Ávila, pero acabo de ver y oír por TV a un coro de Alcalá de Henares, que interpretaba un canto muy entrañable a mis oídos.

Durante la vida de Teresa, en el Convento de Salamanca había ingresado una novicia, llamada Isabel de Jesús (Jimena), especialmente dotada para la música y el verso. Una tarde de Pascua de Resurrección del año 1571, Isabel cantó una coplilla amorosa que trataba del sentimiento del alma humana ante la ausencia de Dios, y cuyo poema, con toda certeza, la misma Isabel había escrito y compuesto musicalmente. Teresa la escuchó y seguidamente perdió  el sentido, teniendo que ser llevada a su celda en brazos de dos de las hermanas. La propia novicia, Isabel de Jesús, lo testificó así  años más tarde en el proceso de beatificación de Teresa, en 1614. La novicia Isabel de Jesús (Jimena) es persona especialmente significativa en la vida de Teresa, porque,  allí mismo, en Salamanca, esta misma novicia, de origen segoviano, hará una copia manuscrita de "Camino de Perfección", que la misma autora revisará pormenorizadamente y la autorizará con estas palabras de su puño y letra en la cercana Alba de Tormes: “He pasado este libro; paréceme está conforme al que yo escribí, que estaba examinado por letrados; tiene las setenta y nueve hojas que aquí se dice con ésta en que firmo, en este monasterio de nuestra Señora de la Anunciación del Carmen, en esta villa de Alba de Tormes, a 8 de febrero, año de 1573. Teresa de Jesús, carmelita” (fol. 79r).

Yo mismo, escuché este canto de coro muchas veces durante mi infancia, en León, en la vieja iglesia de mi Parroquia de San Juan de Renueva, cuando era su Párroco Don Eladio Tejedor Alcántara, que había nacido en Villalpando, en la vecina y hermana Provincia de Zamora: "Rantia Gloria Extolle". O, con mayor orden y precisión: "Gloria ex tollerantia", como hubiera gustado a los Zúñiga.

Pues bien, la coplilla era esta: 

Véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.

Vea quien quisiere
rosas y jazmines,
que si yo te viere,
veré mil jardines:
flor de serafines,
Jesús Nazareno,
véante mis ojos,
muérame yo luego.

No quiero contento
mi Jesús ausente,
que todo es tormento
a quien esto siente;
sólo me sustente
tu amor y deseo,
véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego. 

Posteriormente, según me me parece, se han ido añadiendo algunas interpolaciones o adiciones a la letra que, según entiendo, no figuran en los versos originales.
 
Es de extrañar, tan sólo en cierto modo, (porque los vascos son de la tierra de Ignacio de Loyola, y tradicionalmente fervorosos y recios cristianos), que, en esta época que corremos, la Capilla Músical de la Catedral de Bilbao, con motivo de la celebración del 75 Aniversario de la Schola Cantorum, interpretase, en la Parroquia de San Vicente de Baracaldo, esta joya de espiritualidad eucarística, en el V Centenario de su composición literaria y musical. Con la única objeción, por mi parte, de que en el Programa se atribuyó este poema a Santa Teresa de Jesús, como habitualmente ha venido haciéndose. Pero ni el poema ni la música son de Teresa, sino de una de sus jóvenes novicias, de entre las que tenían en aquel Convento de Salamanca el nombre canónico de Isabel de Jesús. Teresa, "simplemente" entró en éxtasis, al escucharlo. Seguidamente tengo el honor de ofrecer, a quien tenga oídos para escuchar, diversas versiones de este poema musical, parece ser inicialmente escrito, letra y música, por la novicia carmelita Isabel de Jesús (Jimena), que era segoviana y se encontraba en aquel momento en el Convento de Salamanca, juntamente con la Madre Teresa. Reitero la impresión, no obstante, de que a la versión original de la letra se han añadido posteriormente, de forma discrecional, algunas otras estrofas, como podrá advertirse más adelante en las audiciones, especialmente en las  imágenes infratituladas.

No cabe la menor crítica a la versión del coro de Baracaldo, pero una vez subido el archivo de YouTube generaba muchas deficiencias de sonido. Por ello, voy a ofrecer seguidamente otras versiones. En primer lugar, la editada por Esperanza Rodriguez Prieto, de sonido mucho más claro.  Y en segndo término una versión coral desde la austeridad y silencio de la Iglesia de San Pedro Mártir, de Medina de Rioseco (Valladolid)







Finalmente, se ofrecen otras dos versiones, en ninguna de ellas no tanto por las imágenes, excesivamente clásicas y almibaradas, según mi criterio personal, como por la claridad de las voces, en ambos casos. La de Andrea María Arias y la de Fray Alejandro Tobón, OCD (Orden de Carmelitas Descalzos), en este último caso paradojicamente de estilo ultramoderno, hasta con ligeros rasgos de acompañamiento a la guitarra. Todo un verdadero acontecimiento, tratándose de un fraile carmelita descalzo. Si le oyera Teresa, estoy seguro de que se mostraría totalmente de acuerdo con él.





jueves, 27 de julio de 2017

EVOLUCIÓN, PERO NO TAN SIMPLE



EVOLUCIÓN TOTAL

Alguien dijo, aunque ya no recuerdo quién fue el que lo dijo, que "la belleza es la forma más eficaz para huir de la realidad." Tampoco sabría decir yo ahora a qué realidad se refería el dicente, puesto que la realidad no es una sola, sino que, al menos en el mundo exterior al ser humano, se concitan muy diversas realidades. Hay, ciertamente, una primera realidad, "por riguroso orden de aparición"  -como en el teatro u otras artes escénicas suele hacerse con los actores o los intérpretes- en la historia del cosmos, o de la naturaleza, que es la realidad material, la realidad de la materia inerte, que constituye el objeto de conocimiento de la Física, con el auxilio o el instrumento de las ecuaciones u otras formulaciones matemáticas. Esta realidad material, privada de todo tipo de vida, tras andar diversos caminos, posibilidades y derivas, produjo la emergencia de otra realidad, la realidad vegetal. Un ser emergente, dice la Antropología filosófica, es el resultado de darse una serie de condiciones o circunstancias que propician su aparición desde otro ser ya pre-existente, pero al que no puede sustituir ni anular, sino que necesita y del que depende. La aparición del ser emergente no supone la desaparición del pre-existente, sino que, por el contrario aquél necesita de éste. Así, el vegetal, no anula al mineral, que no desaparece por su presencia resultante, sino que además le necesita.

Un"día", no ya de los Siete mitológicamente tan famosos, sino de los muchos miles de millones de años que manejan los científicos de la materia inerte y también los de la vida vegetal, emergió de esta última el animal. Sí, sí, del mismo modo, o muy parecido, en que el vegetal surgió del mineral, el animal surgió del vegetal. El animal, ser dotado no sólo de vida sino también de movimiento, necesariamente hubo de apoyarse y necesitar tanto de los minerales como de los vegetales. Sin ellos, no hubiera sido posible. Parece ser por tanto que el animal, sin dejar de serlo, es también y antes de serlo, mineral y vegetal. Los necesita a ambos para subsistir y si prescinde de ellos se pierde, como diría el gran maestro Ortega y Gasset. Es decir, se malogra. No puede llegar a ser lo que está llamado a ser. Somaticamente hablando, es notorio que las vacas se alimentan de la hierba y esta de los minerales que la nutren. Esto, desde luego, no es ningún gran descubrimiento, sino algo muy elemental y sabido.

Haré un aparte para que los posibles lectores  -seguramente ninguno, pero siempre hay que pensar en todas las posibilidades-  puedan respirar y respirar hondo, mientras meditan levemente sobre esta realidad tan sabida y científicamente aceptada por unanimidad interdisciplinar. Porque, muy frecuentemente, las realidades más sabidas y lógicas no despliegan sus contenidos más apabullantes, por emplear algún tipo de adjetivo, de los que impactan de un modo especial. Pues bien,"otro día", agotadas ya todas las alternativas y singularidades del mundo animal (¡y ya hay miles y miles de especies de esta carácter, como las hay del vegetal y el mineral!) emergió de él, y de todos sus precedentes, un animal muy curioso, muy singular, al que tal vez los ya pre-existentes ni esperaban, de poder ser conscientes de sí  mismos -que no lo eran- y que sí pudo ser consciente de su propia existencia. Además de ser material, vegetal y animal, este espécimen se dio cuenta, no sólo de que pensaba, porque podía pensar, a diferencia del mineral, de la planta y de otros animales que le habían precedido, sino de que podía pensar no sólamente de un modo lineal, sino de un modo reflejo. Esto es, podía pensar sobre lo pensado. Podía reflexionar, o reflejar su propio pensamiento. Este singular animal, desde luego emergido de otro animal, un póngido, no hay por qué negarlo (con total independencia de que la negación sea poco posible), no sólo era capaz, cuando veía una piña de plátanos colgando, a una altura superior a la de sus posibilidades de alcanzarla, de tomar un taburete, subirse a él y golpear con un palo la piña a fin de que cayeran los plátanos, para comérselos. De esto mismo, continúan siendo capaces, en los circos, los chimpancés, y por ello puede decirse con toda propiedad que este tipo de animales piensa. Claro que piensan. Piensan en cómo pueden comerse los plátanos, pero no son capaces, ni lo serán jamás, de pensar sobre lo que han pensado. Este último tan sólo resulta posible a este otro curioso animal, también emergente, que es el hombre, el ser humano.

Desde luego, algunos seres humanos, por las razones que sean o puedan ser, incluidas las más atroces e injustas, esencialmente, no han dejado de pensar como los chimpancés. Pero, en términos más generalmente ciertos y aceptables, el pensar reflexivo, o capacidad de pensar lo pensado, sin duda es un producto del ser consciente de sí y portador, por tanto, del nous que ya descubriera Anexágoras. Y esto, singulariza al homo sapiens dentro del orden común animal, al que pertenece, sin poder prescindir de él, como el animal no puede prescindir de la planta y la planta no puede prescindir de la piedra. Y por ello, el hombre es otro ser emergente, dentro del proceso general de evolución, que engloba y se extiende a toda la naturaleza resultante de aquella gran explosión.

Charles Darwin, descubrió  -contra su propia voluntad y la de su esposa Emma, aunque unitarista, fervorosa anglicana- la evolución de las especies, y dentro de ellas el origen del hombre animal, pero tan sólo en los aspectos más epiteliales de éste, que corporal y somaticamente se asienta sobre el póngido -no puede prescindir ni renunciar a él, como tampoco el vegetal de la materia inerte-  pero el hombre, no es un póngido -¿o sí, acaso alguno de los posibles lectores se considera tal?- como el vegetal no es el mineral. Darwin, descubrió exclusivamente la evolución animal, de una manera aislada y estanca, pero no reparó en la evolución inter-relacionada e íntegra de toda la naturaleza surgida, emergida, en un punto alfa, de aquella enorme explosión de la materia. ¿Quién es el hombre, pues, y de dónde y cómo surge?

"El hombre soy yo", podría decirnos ahora mismo a todos nosotros, de ser posible su regreso a través de un misterioso túnel del tiempo, el hombre del Paleolítico, que no hablaba ni escribía, con sus marcados arcos superciliares, sus brazos colgando, más largos que sus piernas, sus pelos hirsutos y su mal olor. Y con todo ello, podría decirnos, no sólo que era un hombre, como nosotros, sino además nuestro tatarabuelo. ¿Y acaso no lo era? Lo lamento por esos figurines siempre tan elegantemente vestidos y con unas gotas de perfume, femenino o varonil, tan embriagador y distinguido, respectivamente, porque, salvo que hayan descendido de algún planeta ubicado en alguna lejana constelación, aquel salvaje maloliente, era y es su tatarabuelo, y el tatarabuelo de sus tatarabuelos, miles de millones de años por delante. Y por detrás. Del mismo modo, ¿qué será el hombre del siglo XXV, o del MCCCXXV, o más, hasta que esa estrella, alrededor de la que giramos, alcance el final de su presencia en el cosmos, convirtiéndose en una roja gigante para, a 500 grados centígrados, harcer hervir los mares de la Tierra, tras haber engullido de un solo bocado a Mercurio y a Venus? No podemos ni imaginar cómo será el hombre, antes de que suceda tal fenómeno, aunque sí afirmar que será hombre de un modo cualitativamente distinto a nosotros, tanto morfológica (anatómica y fisiologicamente) como espiritualmente. Pero, también será el hombre. Y cuando trate de definirse en medio de toda la naturaleza, dirá: "El hombre soy yo". ¿Y acaso no lo será?

¿Quién es el hombre, pues, de dónde emerge y cuál es su camino, su destino y su meta? Si alguien se atreve a decirlo y a definirlo, científicamente, incluyendo en primer lugar a los arrogantes científicos de la materia muerta, aislada de otras realidades emergentes, tiene que admitir que su definición necesariamente ha de ser provisional y transitoria, porque hasta que no se haya llegado a ese otro punto -el punto omega- en el que haya terminado de vivir el último hombre de todos cuantos hayan cruzado la Historia, es imposible saber cómo es el hombre, quién es y qué le espera. No es posible una definición definitiva del hombre, sencillamente, porque nunca está acabado de hacer, sino constantemente haciéndose. Por eso, no es posible definirlo. Porque, mientras está aquí, nunca está terminado de hacer y, cuando está terminado, ya no está aquí. Esa es la más rigurosa y verdadera realidad del hombre, muy superior a cuantas otras realidades le constituyen y encierran, haciéndolo menesteroso del ser y prisionero del tiempo. La materia, es la base de su ser, su realidad primera; sucesiva y ascendentemente, también la vegetal y la animal. Pero si se invierte el proceso evolutivo, la materia es la realidad más pequeña, la ínfima de todas ellas. De ello pudieron ser testigos los descubrimientos y cálculos de Max Plank, el hombre que dedicó toda su vida al estudio de esta realidad, la materia, y abrió el camino a lo que ahora parece saberse más que nunca de su causa: Que la materia de la materia, es inmaterial. Esto es, la materia esencialmente no existe. Mucho mejor dicho, la materia no es. Ya Heidegger dijo que las cosas no son, sino que simplemente "dasein". Están ahí.

Por ello, retornando al principio, la belleza no puede ser, en modo alguno, la forma más eficaz para huir de la realidad esencial del hombre. Lo será, sin duda, para escapar de la realidad material, por muy contingente, dura, cruel e injusta esta pueda presentarse, pero también la más sublime para abrazar estrechamente la única realidad que es. Eso es el ser, lo que es. Del mismo modo que la nada, es lo que no es. Y por ello, sin prescindir en modo alguno del supremo mandato contenido en el Nuevo Testamento  -el Amor-  causa y conclusión precisa y exacta de la evolución toda, interrelacionada e integral, es rigurosamente preciso recordar la autodefinición del Antiguo: "Yo soy el que soy".


Luis Madrigal

sábado, 8 de julio de 2017

EN CUALQUIER ÉPOCA DEL AÑO



CUATRO SONETOS
EN HONOR DE
ANTONIO VIVALDI

Il Prete Rosso

Y del Ospedale de la Pietà
de Venecia


I

SONETO DE PRIMAVERA


El hiemal ya se fue... Ya el sol asoma
más claro, más vivaz... Más sobre el cielo.
Junto al otero en sombra alza su vuelo
sedienta de más luz una paloma.

Se dirige a la altura, donde toma
del primer rayo vida... Deja el suelo
en que la sombra, aún, arrastra el hielo
     que en mil lágrimas vivas se desploma.

Mas, al volar, divisa un campanario
y la memoria viva  -allí un día muerta-
que vive aún por siempre, aunque el sudario

sobre la tierra yace... Reinserta
la vida que se fuera a aquel osario,
que del Edén abierta está la Puerta.






II

SONETO DE VERANO


Cedió el cristal al sol... Y ya no hiela,
ahora que el rayo se ha hecho puro fuego
y, a la rama del árbol, sin despego,
reseca hasta abrasar como una vela.

Ya no se arrastra pálido... Ahora vuela
y su rojo mirar parece ciego
cabalgando el sendero veraniego,
al mismo tiempo látigo y espuela.

Al poco, viste el prado de amarillo
y calcina cuanto halla en su camino…
Exubera la vid en el zarcillo

y expande el alma alegre su destino.
Al horizonte azul, se alza un castillo
dentro del cual vive su ser divino.



    



III

SONETO DE OTOÑO


Ya verdean las vegas nuevamente,
tras vestirse en verano de amarillas…
Otra vez los arroyos las orillas,
de sus resecos cauces, besan dulcemente.

El chorro de cristal vuelve a la fuente
y de sus mil colores  -maravillas
ocres, rojizas pardas-  alfombrillas
teje el suelo, que un brillo mate siente.

Bien teme que mañana vendrá el frío
y el tronco en el hogar será la seña
del vivir junto al fuego. Ya el estío

terminó su canción, y la risueña
caricia que sembró… Rostro sombrío
el hielo hará esculpir en vieja aceña.




   



IV

SONETO DE INVIERNO


Brilló la blanca capa sobre el prado,
que verde fue y florido en primavera
y ya no puede recordar la era
en la que de corolas era alado.

Luce también el sol, mas luce helado
y lucha con denuedo, a la manera
de hercúleo Sansón, que bien quisiera
tornar al son de estío enamorado.

Así sucede al paso de la vida
del hombre que en el suelo halla su paso
y mira al cielo gris, como si de ida

y no de vuelta fuera su fracaso,
buscando la esperanza, ya aterida,
en su oración al Cielo en el ocaso.



   




Luis Madrigal



viernes, 9 de junio de 2017

EL PATRIOTISMO ES UNA HISTORIA DE AMOR





PUNTUALIZACIONES A UN EXCELENTE ARTÍCULO

de Luis Español Bouché




http://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20170605/221547845_7.html

Exactamente con la misma imagen que antecede, y que tomo prestada, el escritor Luis Español Bouché (español de apellido y sobre todo de corazón) publicaba no hace muchos días,  un precioso artículo que, aunque breve, debería servir de reflexión colectiva. El título del artículo, el primer apellido del autor y  el de la cabecera del periódico que lo publicó, lejos de resultar conjuntivamente redundante, pueden causar la impresión de encontrarnos ante un francés que amó entrañablemente a España, Emmanuel Chabrier, y que recorrió nuestro país a través de San Sebastián, Burgos, Toledo, Sevilla, Granada, Málaga, Cádiz, Córdoba, Valencia, Zaragoza y Barcelona, para escribir aquella Rapsodia llena de amor. Luis Español, podría ser, al menos en apariencia, medio francés, por razón de su segundo apellido, Bouché. Pero la cuestión esencial es radicalmente la contraria, porque la tesis del citado artículo es que no importan, o no deberían importar nada las nacionalidades. Español Bouché, además de la bandera de España, para ilustrar su artículo, levanta la del verdadero patriotismo, válida para acoger bajo sus pliegues a todas las patrias del mundo, excepto a los nacionalistas. Tal tesis, está contenida y enraizada en la profunda expresión del escritor y diplomático francés, de origen judío-lituano, Romain Gary, que tuvo que adoptar este pseudónimo tal vez para librarse del odio, y que se cita literalmenet en el citado artículo:  "Le patriotisme c’est l’amour des uns, le nationalisme c’est la haine des autres." Es posible que mi traducción no sea muy precisa, pero estoy seguro de que el fondo de la cuestión anima mi vida desde hace ya algún tiempo, porque, si, fundamentalmente, el patriotismo es amor por el otro, y el nacionalismo el odio de los demás, merece la pena hasta morir, si es preciso, por el patriotismo y por los compatriotas, y jamás incurrir en esa lacra del nacionalismo y de los nacionalistas. De todo nacionalismo, incluido el español. Esto es, por el amor, merece la pena exponerse al odio.  Como por la libertad, decía Don Quijote a Sancho, merece la pena morir "alguna vez". Esto es, siempre. Hace ya años, yo mismo escribí en un humilde libro, pero desde el fondo de mi alma, que, "quizá algún día, un movimiento internacionalista, suprima las fronteras, borre la distinción jurídica entre nacional y extranjero y, en suma haga de todas las patrias una."

Por este motivo, fuí leyendo con entusiasmo y casi hasta con fervor, el artículo de referencia. Yo, soy jurista, de vocación muy honda, pero de formación tal vez excesivamente formalista y dogmática. ¡Los viejos dogmas del Derecho...! Solo ellos fueron capaces de conformar la convivencia humana, garantizando el ordo iuris, esa perfecta armonía de todo el deber ser, pero que se presume íntegra y sin fisura alguna, de tal modo que nada pueda quedar al margen de la norma. Y en esta ambición, sin duda  -creo yo ahora-  la técnica jurídica ha contribuido, como veladamente denuncia Español Bouché, a acrecer esos "ríos de tinta por los que los nacionalistas han derramado océanos de sangre", en la profunda y bella expresión del autor de este artículo. En su artículo, Luis Español utiliza inicialmente una figura comparativa muy gráfica. Los patriotas son con como los koalas, los nacionalistas como las hienas. Partiendo de esta figura, el patriotismo es amor -naturalmente a la patria-  y el amor es por esencia desinteresado y generoso, además de constructivo y útil, basado en el esfuerzo diario del trabajo, de la construcción de la familia que acoja a los niños y ampare a los mayores, pese a que también haya amores patrióticos desesperados, propios de quienes una vez se quedaron sin la patria perdida y añoran lo que ya no es posible, porque lo ha devorado el tiempo. Por ello, no consiste en  dar gritos mientras se agitan banderas. Hasta aquí, tengo que estar completamente de acuerdo.

Dice Español Bouché, que el amor patriótico es generoso y amplio, y que por ello no puede ser exclusivo. En lo que respecta a los españoles, a los que vivimos en la península Ibérica, en su opinión, que yo comparto por completo, no es incompatible amar a la patria chica (a renglón seguido, el autor se referirá a Cataluña, pero bien podría hacerlo también al País Vasco y, por mi parte, añadiría una buena parte de Galicia y hasta de la misma españolísima Andalucía), sino que es perfectamente compatible con el amor a la patria grande, que es España, a la patria enorme, que es la Hispanidad y a la patria absoluta, la Humanidad. Lo comparto íntegramente.

Tan sólo un punto débil me parece a mí encontrar en el artículo de referencia. Admite expresamente su autor que "menos clara es la definición de patria", concepto del que lógicamente se deriva la expresión de patriotismo. Y sin haber entrado, por otra parte, en el concepto de "nación", del que se deriva la expresión nacionalismo, la cuestión no es nada baladí. Porque, sin un concepto riguroso y preciso de lo que pueda ser "la patria", y si tal concepto se identifica o no exactamente con el de "nación", no es tampoco posible precisar lo que puedan ser el patriotismo y el nacionalismo. Yo creo que, al menos en el horizonte mental común de las gentes, patria es lo mismo que nación y, en consecuencia todo lo predicable del patriotismo  -bueno o malo-  lo es también del nacionalismo, y viceversa. Cuestión muy distinta es la del tercer concepto concurrente en el juego. El del concepto de "estado" y, más aún, los de estado nacional o estado plurinacional. Porque todos ellos concurren, o pueden concurrir en Derecho. La consecuencia inmediata es la de que los términos axiológicos contenidos en el binomio "patriotismo-nacionalismo" (o el de "koala-hiena", en la figura propuesta) serían los mismos en uno u otro caso. Es decir, no se trataría ya de un binomio sino de un monomio, puesto que ambos pretendidos antitéticos términos, el de patriotismo y el de nacionalismo, serían no ya sinónimos sino idénticos. La clave no radica ahí, sino en la exacerbada exaltación de lo que es propio e igual (en tantos sentidos) frente al igualmente exacerbado desprecio y hasta repulsión, de lo que es impropio y distinto a lo nuestro. O, como diría Español Bouché, a "la condición dada anterior".

LLegados a este punto, si bien es verdad que los historiadores, y sobre todo los juristas, podrían haber enturbiado los ríos, contribuyendo notablemente a teñir el agua clara del color de la sangre, la raíz y la clave de tal exacerbación, se llame patriotismo o nacionalismo, radica en el vínculo jurídico que crea y establece frente a las personas   -frente a cada individuo-  esa organización positiva de la convivencia social dentro de un territorio determinado, delimitado por unas marcas de exclusión que denominamos fronteras. Ahí está la clave, creo yo. En el Estado soberano, que no es otra cosa sino un modelo para la organización política y jurídica de una sociedad. La construcción de esta organización de la convivencia, dentro de un ámbito determinado, más extenso o más reducido, es la gran conquista pendiente de alcanzar.

Ya en el año 1922, Ortega, llamaba "particularismos" a la actitud y a los ecos que sonaban en Barcelona y en Bilbao, procedentes de los gritos de muerte que se habían dado en  Filipinas y en Cuba. Por ello advertía -ya entonces-  estarse produciendo un  "proceso de desintegración que avanza en riguroso orden, desde la periferia al centro, de forma que el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de una dispersión interpeninsular". Porque lo último que se unió es lo primero que se separa. Y es que, según diagnosticaba aquella preclara mente, Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho... Lo que es en principio un sistema de incorporación, resulta finalmente siendo un proceso de desintegración. Para Ortega, Castilla, es muy similar a Roma y, cuando habla de Roma, se inspira y establece la base de su pensamiento nada menos que en Monsen: "La historia de la gran nación latina es un vasto sistema de incorporación." Pero, cuando el proceso alcanza su punto más alto posible, comienza un proceso inverso de desintegración, replica el gran pensador español. El problema es ya muy viejo y sus causas también. Ortega está hoy mismo, más que nunca tal vez, completamente vigente.

En mi opinón, esa expresión del "derecho a decidir" que últimamente se han inventado los secesionistas catalanes, ni existe ni jamás ha existido, ni en lo que atañe a la expresión  ni menos aún en lo que se refiere al pretendido derecho. Todo derecho ha de constituirse previamente, ha de nacer antes de poder ser ejercitado. Cataluña, con Castilla, es co-fundadora de España y carece por ello de todo derecho a ser un estado soberano e independiente, conforme al propio Derecho internacional. Mucho más aún carece de tal derecho, el llamado País Vasco o "Euskadi", término este último histórica y jurídicamente indescifrable, al contrario de Euskalerría -en opinión de Humbolt- pero tampoco conviene olvidar que este conflicto secesionista no es precisamente de hoy. Si España, como diagnosticó Sánchez Albornoz, es "un enigma histórico", tal enigma no parece fruto de las expresiones que utilicemos, sino de la eterna lucha sostenida por la excelsa virtud suprema del amor, frente al odio, que es el más reprobable y odioso de los vicios. Y el más activo de todos los venenos.

Luis Madrigal


   


martes, 6 de junio de 2017

SE CONSUMA EL CRIMEN...




ESTO ES, Y ADEMÁS SE ATREVE A ACEPTAR
LA ESPERPÉNTICA CONCESIÓN DEL PREMIO NOBEL...
¡DE LITERATURA!

Sé muy bien que no se debe repetir, ni reproducir, ni incurrir en ninguna otra figura o maniobra similar, respecto a lo que uno mismo ha escrito anteriormente, en un momento dado del tiempo. Pero, por una vez, siento la apremiante necesidad de establecer cuanto antes una excepción, ya que toda regla general puede admitirla. Y por ello, voy a copiar, prácticamente, casi en su integridad, con muy ligeras adiciones, lo que ya publiqué en este mismo Blog el pasado día 15 de Octubre, Sábado, de 2016. La urgencia se debe a que acabo de enterarme de que el sujeto, o más bien "objeto" de aquel texto, piensa aceptar  -él mismo ha debido de estar deshojando la margarita desde entonces-  nada menos que el antiguamente prestigioso Premio Nobel de Literatura. Esto era lo que yo escribí hace ya meses, como podría comprobarse, incluida la caricatura que lo precedía y asimismo hoy precede su reproducción y ligeras adiciones:
  
"Me siento mucho menos mal, dentro de lo mal que me encuentro, al comprobar que lo esperpéntico no es privativo de España, en la materia. La materia es la del reconocimiento del talento literario. Ya me causó en su día una especie de arcada  -de la que precede al vómito-  la concesión del Premio Cervantes a aquel señor (con el debido respeto que se debe a los muertos) al que conocí de vivo cuando, ya de muy joven, era un ciruelo y que, tras llamar la atención de muy diversas formas y, según se dijo de “escribir como meaba”, terminó alcanzando el galardón ya indicado. Lo de “ciruelo”, viene muy a cuento con el relato que por aquellos años y en aquellas tierras se prodigaba al respecto. Se contaba que, en un pueblo, se acercaba la fiesta del Santo patrón y se habían quedado el año anterior sin la imagen correspondiente. Así es que, a toda prisa, talaron un ciruelo y encargaron al carpintero del lugar que construyese la imagen del santo. Cuando lo sacaron por el pueblo, el día de la procesión, alguien exclamó: “Ciruelo te conocí / y de tus frutos comí / los milagros que tú hagas / que me los claven aquí”. Al pronunciar esta sentencia en octosílabos, el dicente se tocaba la frente con la mano. Desde luego, más difícil aún que clavar milagros en la frente es hacerlos de verdad, que es de lo que se trata. Esto es, que a un ciruelo no se le puede otorgar, sin público escándalo, el Premio Cervantes. [Este señor, con el debido respeto a los muertos, se llamaba Francisco Umbral].

El segundo de la misma especie arbórea (prunus domestica), cuya exaltación a la Real Academia Española de la Lengua, me produjo similar sensación estomacal, y aún mayor, fue otro señor que había sido “mimo”, es decir payaso de circo, o en el mejor de los casos estatua viviente, de esas que se cubren de una especie de polvos de talco. Y tengo entendido que ahora se dedica a distraer a los académicos montando números también más o menos circenses, como corresponde a su antigua condición. Todo menos dedicarse a estudiar y analizar el contenido del lenguaje y de los términos lingüísticos. Es decir, a limpiar, fijar y dar esplendor a las palabras. Imposible tarea esta para el sujeto en cuestión, dado que seguramente tendría antes que aprender a leer él mismo, como es debido. (Este otro señor, que antes era "mimo", ni recuerdo ahora cómo se llama, pero anda por ahí).

Estos dos episodios, y algunos más, que omito para no aburrir, estaban ya casi olvidados por mi parte. Pero, hete aquí que muy recientemente -y este es mi gran consuelo-  aunque tampoco sin reiteración o reincidencia, la Academia sueca acaba de otorgar nada menos que el Premio Nobel de Literatura, al cantautor norteamericano Bob Dylan, muy conocido parece ser, entre las clases de tropa, naturalmente, por sus maravillosas creaciones en ese campo de la música que no es Música del rock and roll, o como se escriba eso, porque me produje jaqueca tan sólo el investigar cómo se escribe. Parece ser que eso de "Bob Dylan" tan sólo es su pseudónimo, porque en realidad dicho sujeto se llama Robert Allen Zimmerman. Él mismo dice de sí que, además de hacer ruido con los sonidos, es "poeta". Bueno, lo dicen él y otros más o menos como él. Y la Academía sueca, ultrajando la memoria de Alfred Nobel, va y se lo cree y dice que lo es y que es mucho más grande poeta que muchísimos de los que lo han sido y lo son de verdad.

El diario madrileño El MUNDO, en su reciente edición del día 14 de este mismo mes de Octubre, y en editorial de Tercera página, decía literalmente: "los Grammy, un Oscar, un Pulitzer o el Príncipe de Asturias, entre otros, son los galardones que ya reconocen de manera sobresaliente su ingente aportación a la historia de la música. Pero distinguirlo con el Nobel de Literatura nos parece excesivo." (Hoy mismo, he podido escuchar que aceptará tal Premio, con lo cual todos los que hasta ahora lo poseen pueden considerar que, en realidad, no poseen absolutamente nada de nada. ¡Qué lástima que no ande aún por aquí, en carne mortal, Don Camilo José Cela! Seguramente, pensaría que la valentía de los legionarios no es nada si se compara con la de estos mediocres e insignificantes piojos del ruido, con el que esta triste época nos hiere y maltrata. ¡Y qué bien hizo, en su día, Jean Paul Sartre!).

Lamento no poder estar de acuerdo con esta opinión, tan benigna y tolerante, ni en calidad ni en cantidad. La Literatura es el arte de la palabra escrita, como nota común, dentro de sus muy diversos géneros y especies. Pero ¿donde podrán leerse las palabras escritas por este hombre? (Últimamente, se ha podido saber que todo, absolutamente todo lo escrito por dicho señor, ocupa exactamente veinte folios). Por ello, tengo la impresión y el sentimiento de que la concesión del llamado "premio sumo" de la Literatura universal, a este caballero del ruido, es una profanación no sólo de Alfred Nobel, sino de la misma Literatura, de la memoria de tantos genios de ella, a los que jamás se concedió tal premio, y de la Humanidad. Urge "desenmierdar" este Premio y que se vayan los suecos por buen camino. Ya van unas cuantas veces, pero esto último es una mofa insoportable."

Ahora, la mofa es doble, por no decir triple. La Academia sueca se ríe de la Literatura universal; el citado señor se ríe de la Academia sueca, al aceptar el Premio, y la una y el otro se ríen de todo el mundo. A mí, simplemente, me da mucho asco.


Luis Madrigal


Arriba, caricatura del mencionado individuo
según "Ulises", en la portada de El Mundo de 14 de Octubre de 2016



Me permito formular una humilde propuesta, en orden a la urgente
e inmediata sustitución de Beethoven, Mozart, Bach, Schubert y Tchaikovsky por 
la siguiente pieza musical u otras similares




miércoles, 31 de mayo de 2017

INMENSA COMO EL MAR






TUS LABIOS MATERNALES,
EN MI FRENTE


¡Inmensa como el mar eres, María!,
que, de tu manto azul, su manto toma;
la nieve tu color, la flor tu aroma.
De tu fulgor, el sol la luz del día.

Si de mis horas eres alegría,
cuando a mi corazón la pena asoma,
no me dejes si mi alma se desploma...
¡Guárdame entre tus brazos, Madre mía!

Si eres Madre, en regazo tan doliente,
del que siendo divino se hizo Hermano
y en tus brazos estuvo un día yacente,

pon tu mano también sobre mi mano;
tus labios maternales en mi frente,
que he de ver al Amor y... soy humano.



Luis Madrigal
Poema 100 del Poemario inédito
"Amor y Tinieblas"







Arriba, óleo de José Manuel Fonfría
Académico de la Real de La Mar


martes, 30 de mayo de 2017

LA VIERGE À MIDI




MÈRE DE JESUS-CHRIST,
JE NE VIENS PAS PRIER


Il est midi. Je vois l'église ouverte. Il faut entrer.
Mère de Jésus-Christ, je ne viens pas prier.

Je n'ai rien à offrir et rien à demander.
Je viens seulement, Mère, pour vous regarder.

Vous regarder, pleurer de bonheur, savoir cela
Que je suis votre fils et que vous êtes là

Rien que pour un moment pendant que tout s'arrête.
Midi !
Être avec vous, Marie, en ce lieu où vous êtes.
Ne rien dire, regarder votre visage, Laisser le cœur chanter dans son propre langage.
Ne rien dire, mais seulement chanter parce qu'on a le cœur trop plein, Comme le merle qui suit son idée en ces espèces de couplets soudains.
Parce que vous êtes belle, parce que vous êtes immaculée,
La femme dans la Grâce enfin restituée,

La créature dans son honneur premier et dans son épanouissement final,
Telle qu'elle est sortie de Dieu au matin de sa splendeur originale.
Intacte ineffablement parce que vous êtes la Mère de Jésus-Christ,
Qui est la vérité entre vos bras, et la seule espérance et le seul fruit.
Parce que vous êtes la femme, l'Eden de l'ancienne tendresse oubliée,
Dont le regard trouve le cœur tout à coup et fait jaillir les larmes accumulées.

Parce qu'il est midi, parce que nous sommes en ce jour d'aujourd'hui,
Parce que vous êtes là pour toujours, Simplement parce que vous êtes Marie,

Simplement parce que vous existez,
Mère de Jésus-Christ, soyez remerciée !



Paul Claudel

(Villeneuve-sur-Fère, 6 de agosto de 1868 - París, 23 de febrero de 1955)



***



LA VIRGEN EN EL MEDIODÍA

Es mediodía. Veo la iglesia abierta. Es preciso entrar.
Madre de Jesucristo yo no vengo a rezaar.

No tengo nada que ofrecer ni nada que pedir.
Vengo solamente, madre, para miraros.

Miraros, llorar de felicidad, saber esto,
Que soy vuestro hijo, y que aquí estáis.

Sólo por un momento mientras todo se detiene.
¡Mediodía!
Estar con vos, María, en el lugar en que estáis.
No decir nada, pero solamente cantar porque se tiene el corazón colmado,
como el mirlo que sigue en idea en sus espacios de canciones repentinas.
Porque eres bella, porque eres inmaculada,
La mujer en la gracia al fin restituida.

La criatura en su honor primero y en su final ensanchamiento,
Tal como ha salido de Dios en la mañana de su esplendor original,
intacta, inefablemente porque eres la madre de Jesucristo.
Que es la verdad entre vuestros brazos y la sola esperanza y el sólo fruto.

Porque eres la mujer, el Edén de la antigua ternura olvidada,
Cuya mirada encuentra el corazón de súbito y hace brotar las lágrimas acumuladas.

Porque me has salvado, porque has salvado a Francia,
Porque ella también como yo, por vos, fue esta cosa en la que se piensa,
Porque en la hora en que todo crujía, fue entonces que interveniste,
Porque has salvado a Francia, una vez más,
Porque es mediodía, porque estamos en este día de hoy,
Porque estás aquí para siempre, simplemente porque eres

María, simplemente porque existes,
Madre de Jesucristo, recibid nuestras gracias!


Versión de Ángel Cruchaga Santamaría.

Paul Claudel, es el representante principal del catolicismo francés en la literatura moderna. Se ha dicho de él que, toda su obra, en la que, por extraña paradoja, hace alarde de simbolismo y realismo, complejidad y sencillez, polifacetismo y profundidad, aparece informada por una honda inquietud religiosa en la que sabe conciliar la ortodoxia con el modernismo. Académico desde 1946, cultivó la poesía lírica en la que utilizó un versículo bíblico en ritmo libre de propia invención.