Ahora que, en mí, el cielo se ha hecho invierno, recuerdos de un verano, que soñaba, cruzan sin tregua el Mar y, su latido, vuelve a soñar aún, en la distancia... El tiempo no te olvida... Yo, tampoco. Se asoma y brilla el sol, cada mañana, pero yo no navego en aquel Lago, ni una barca me espera... Allí está anclada. Nadie zarpa por mí ni, entre sus ondas, puedo ver, ni mirar, la espuma blanca... Ni un balandro, de lejos, acaricia el dulce sueño que aquella barca araba con su quilla de plata... Y aquel Lago no es ya tan azul como soñaba. Mis suspiros y anhelos, el peso de mi pecho; aquel tierno sopor que me embargaba; aquella mano que asía de mi mano... Todo, todo era un sueño que me hacía soñar... Lo presagiaba. Mas, ahora, que en mi alma ya es invierno, aunque, para que viva, tú me olvides, no te puedo olvidar... No lo soñaba.
Esta noche, será la más corta del año, en España y en el Hemisferio Norte del Planeta, el solsticio de Verano. En los países nórdicos de Europa, especialmente en Nouega, dada la inlinación del eje de la Tierra, el astro rey no desaparece del firmamento ni un sólo segundo durante toda la noche. Es el misterioso "sol de media noche". La tradición europea de esta noche mágica, está asociada, desde luego, a hermosas tradiciones paganas, cargadas de ilusión y de romanticismo. Es ya muy vieja y muy conocida la tonada "A coger el trébol... la Noche de San Juan". Es la noche de las hogueras. "Señor San Juan, en la foguera, no hay mais que quemar... ¡Viva la danza y los que en ella están", dicen entre Asturias y Galicia. En algún pueblo de Soria, ilustres personalidades serán cargadas, esta noche, sobre los hombros de expertos "pateadores" de brasas vivas, que los transportarán descalzos de un lado a otro de la hoguera. Quizá a algún político, o a un deportista de élite, o a alguna miss, incluída la del propio pueblo... En Alicante, las hogueras, compiten ya con las Fallas de Valencia y, en los hermosos paseos y playas de la antiquísima Akra Leuka, esta noche el fuego será el gran protagonista. También en mi Ciudad natal de León, la casi tan antigua Legio Séptima Gémina, Pia, Felix, si no tantas hogueras, habrá un olor especial, aquel olor que mis sentidos casi ya ni recuerdan y de los castaños de Indias del Paseo de los Condes de Sagasta, colgarán ilusiones de siglos enteros. También las mías propias. Luis Madrigal.-
En las imágenes, el fuego, en una hoguera tradicional, cartel anunciador de las Hogueras de Alicante, del año 1965, y -para que nadie pueda aosciar el fuego tan sólo a determinadas latitudes- la playa de Riazor, en La Coruña, la Noche de San Juan
Anda medio mundo impulsado -es decir, "manipulado"- por las emisoras de Radio/TV, sin otro quehacer que el de ir preparando y llenando a rebosar las maletas, o disponiéndose para hacer colas en los aeropuertos, a fin de no defraudar los insistentes y molestos reclamos de esa peste que es la propaganda, capaz de idiotizar casi por completo a la imensa mayoría de las personas. A las que utilizan la cabeza para llevar el sombrero, desde luego. ¡Este año, nadie sin vacaciones...! ¿Dónde estarán las vacaciones, para esa inmensa mayoría de robots humanos? Quizá sobre la recalentada arena de una playa, de sol a sol... O, en el mejor de los casos, pretendiendo absorber cultura en ocho malditos días, a golpe de campana, mientras pasan de refilón, mirando sin ver, ante las grandes maravillas, casi como lo hacen las maletas. ¡Las vacaciones...! ¡Las Vacaciones de Verano, por antonomasia las únicas y más que posiblemente también la mejor ocasión para protagonizar toda clase de enfrentamientos y de sufrimientos humanos. Una de esas pocas personas inteligentes a la que hace unos días ofrecieron una verdadera "ganga" vacacional, respondió, como movido por un muelle: "¡No, de ninguna manera, necesito descansar... Estoy muy cansado!". Mi caso, no es exactamente el mismo, pero... ¿el Verano? ¡Si mi corazón, ya está en el Invierno! Luis Madrigal.-
No cabe ni en el alma, la tristeza, que es la suma cabida del doliente paso que se apaga... No puedo con palabras, ni sin ellas, aproximar un eco, ni un suspiro, a aquella vela que ayer vi que lucía, aún triste y soñolienta... Su guiño inquieto, lucha y gime, cual tintineo de campana muda que tañe sin cesar y siente la esperanza pasada, como mano que se aferra a soporte en el vacío. El sueño se despierta... Y la corriente de un Río caudaloso, que no fue, se lleva su cadáver marchito y macilento, hacia un futuro inerte. El futuro, fue ayer... Hoy, es presente.
Luis Madrigal
La música, la pone Franz Schubert, con la inestimable cooperación de Mstislav Rostropovitch y Benjamin Britten,al interpretar el Adagio de la Sonata D821, para Cello y Piano
Yo, no sé inglés (supongo que afortunadamente), pero esta tarde, mientras escuchaba una música tan sensible, que me llegaba tan hondo, por su indescriptible dulzura nostágica ("China Roses", se llamaba), no he podido resistirme a escribir un Soneto, en castellano. Un soneto que también le he prometido a alguien y que, sin duda torpemente, aspira no obstante a nutrirse de la pintura que, arriba, lo ilustra todo.
A AQUEL ÁRBOL QUE SE SECÓ
Te regaba con mimo, día y tarde, cuando ella era una niña... Un Molino, bebía sus suspiros y, ambarino, iluminaba un patio, en bello alarde.
Su cantar era alegre, no cobarde, y "chirriaba", si el paso era cansino -cuando cesaba el dulce aire argentino- como un amigo, al que su pecho arde.
Frente a él estabas tú, árbol caído; con él, creía ella que tú hablabas... ¡Te dejó tan frondoso y florecido...!
Y, al volver, con dolor, ya te secabas. Mas, junto a aquel Molino, aun abatido, molino y árbol vieron cómo amabas.