jueves, 25 de marzo de 2010

CEDIT FRIGUS... PERO LA PRIMAVERA NO LLEGA



Voy a despojarme de mi espíritu poético, y de todo lirismo, lo cual suena casi a blasfemia, o resulta casi similar a "colgar los hábitos" por parte de un fraile, o de un "ordenado in sacris", como diría el Derecho civil. Porque cultivar la Poesía, o tratar de hacerlo, es una especie de compromiso sacerdotal con la tradición. Y bien es sabido aquello, ya tan manoseado y por tanto un poco cursi de "¡La Primavera, ha venido, nadie sabe por qué ha sido!", y todas las demás muestras poéticas, tributo a una estación verdaderamente poco agradable, por sus diversas molestias, a los humanos. Cierto es que, algún que otro año, ya los más bellos colores de la Naturaleza han salido a relucir desde su sepulcro invernal, aunque en los últimos años, esto sea  infrecuente. Pero, a cambio,y eso casi siempre, el tiempo metereológico se revuelve, prosperan sinuosa y agazapadamente las enfermedades víricas, las gripes tardías, los catarros, los resfriados, las alergias, y un sin fin de desagradables molestias, cuando no se alcanza  -precisamente en el mes de Marzo, en España-  el índice más alto de mortalidad, que en la mayor parte de los casos recae sobre los más débiles, los ancianos, o las personas de salud más quebrantada. ¿Y todo eso puede inspirar a los poetas sus febriles y enajenados cantos a esta estación? Posblemente, en otros tiempos el fenómeno tuvo su explicación, pero últimamente, y hace ya bastante de ello, puede muy bien haberse ido perdiendo este tributo poético de cortesía  y salutación a la Primavera. Hoy mismo, que parecía iba a presentarse un día primaveral, he cargado con mi cámara fotográfica y me he dado un paseo matutino por el Parque de enfrente de mi casa. Al principio, sobre las once de la mañana, parecía ir todo bien, y muestra de ello, aunque tampoco sea para grandes eclosiones poetico-primaverales, son las dos fotografías que preceden, de arriba abajo, esta entrada. Pero, en pocos minutos, antes del mediodía, fijénse ustedes el aspecto que presentada el cielo de Madrid. Pueden comprobarlo en la tercera de las fotografías. Se podrá decir que este tipo de cielos son hasta típicamente primaverales, pero a mí no me lo parecen, sobre todo después de un invierno en el que las trombas de agua  y las semanas enteras que se han pasado lloviendo han causado tantos desastres en muchas zonas. En fín, que, al menos los madrileños, y yo también, comienzan a estar hartos de la lluvia y de los cielos encapotados, con ese gris amenazante y feroz. Comprendo muy bien a los ingleses. Pienso que hasta, si no fuese por el clima habitual que los pobres padecen hasta serían un pueblo risueño y festivo, pero la lluvia les ha obligado a tener esa cara tan seria y no entender ningún otro idioma que no sea el suyo propio. Por eso yo, he decidido no entenderlos a ellos tampoco. Ni tan siquiera cuando dicen "yes", del mismo modo que, este año, no me da la real gana "cantar a la Primavera". No señor, que venga ella a cantarme algo a mí, pero está visto que tampoco quiere. Y, por este motivo, contando con que GOEAR me deje entrar en su Programa (no creo que las dificultades encontradas hasta ahora por mi parte se deban a una venganza, en cuyo caso mi vanidad les estaría muy reconocida, por hacerme saber que existo), por tal motivo, digo, voy a ofrecreles a todos ustedes y muy en especial a vosotros, queridos amigos, la versión que yo mismo subí a dicho Programa de música, y no otra que ya estaba o llegó después que la mía, y que desde luego me gusta mucho menos. Una y otra, son relativas al Códice de la Biblioteca Nacional de París, lat 5132, fol. 108 v, calculo que hacia el año 1163, cuando en la Ciudad del Sena el Obispo Metropolitano Eudes de Sully coloca la primera piedra de lo que fue más tarde la Catedral de Notre-Dame, en la que se inciará una época muy marcada en la historia de la música, el llamado Ars Antiqua, que después llegó a España, de lo que también hay muestras en la Biblioteca Nacional, en Madrid, y sobre todo, en superiores términos musicológicos, en el Códice de las Huelgas, del Monasterio cisterciense femenino de Santa María la Real, del mismo nombre, en la Ciudad de Burgos, "Caput Castellae", y no como Valladolid, que sin ser cabeza de nada, se ha hecho con todo el negocio, musical y no musical. Bien pues, en ese Códice de París se encuentra una pieza que a mi me encanta oír, no sólo relacionada con la Primavera, sino también, de modo muy especial, con el tiempo litúrgico de Pasión, sin duda porque este Acontecimiento litúricamente siempre se ha celebrado a la llegada de la Primavera, según la fase de la luna, como es sabido. El caso es que, en el poema, naturalmente escrito en Latín, y no en francés, después del "Cedit frigus hiemale;/ redit tempus estivale/ iuventus letatur" ("Cede el frío del invierno/ retorna el tiempo cálido,/la juventud se alegra"), se recoge lo siguiente: "Gens iudea 'crucifige' / clamans, 'tormentis adfige, / per mebra clavos infige' / Adam, Averni de Styge / extractus letatur."  ("El pueblo judío grita / 'crucifícalo, tortúralo / clávale clavos en los miembros de su cuerpo' / Adán, librado de la laguna Estigia del Averno / se alegra"). Escúchenlo, escuchad  todos, amigos, si, como espero, nos deja GOEAR.  ¡Ah...!, se me olvidaba, la versión que ofrezco es la del conjunto "ALIA MVSICA", bajo la dirección de mi querido amigo Miguel Ángel Sánchez. Luis Madrigal.-


martes, 23 de marzo de 2010

ADDENDA ET CORRIGENDA A DIEZ POEMAS DE AMOR


El amor es un sentimiento tan prodigioso e invasivo que, cuando despierta de su sueño, o de su letargo vegetativo, se extiende hasta desparramarse en mil ríos. Y por este motivo, pese a que por mi parte he venido anunciando en anteriores entradas un título en serie bajo el epígrade de "DIEZ POEMAS DE AMOR", algunos de los cuales, digamos que más de la mitad, ya han sido publicados, he puesto tanto entusiasmo, por lo que parece, que ni me había dado cuenta de que ya llevaba escritos, no diez, sino trece. ¡Qué barbaridad!. Serán buenos o malos, esto ya es otra cosa. Desde luego yo me lo tomo muy a pecho, pero tampoco estoy seguro, ni tan siquiera de los elogiosos comentarios recibidos, aunque eso sí, tan esacasos que puedo muy bien dudar razonablemente de la  calidad literaria de tales poemas, no por falta de criterio de los opinantes, sino como ya he dicho por su escaso número. Muy buenos no deben de ser, cuando aún no se han levantado de sus tumbas, para venir a felicitarme, ni Garcilaso, ni Lope, o Quevedo, o Lorca, entre otros muchos grandes sonetistas que en este mundo han sido. Pero, "il dolce suono" es tan acogedor, tan suave y exquisito (¡por favor, no digo los míos, sino el género!), que invita irresistiblemente a su cultivo, como al de las orquídeas, o como el empedernido y constante afán de los cultivadores alemanes en aras de obtener una rosa negra. En cualquier caso, yo los escribo con la misma velocidad con la que late mi corazón, por decir algo absolutamente cursi, pero no menos cierto y real, de tal modo que me pasaría toda la vida escribiendo Sonetos, actividad mucho más dulce y melodiosa que, por ejemplo, jugar a la petanca en el Parque, y no digamos ya al mús, o al dominó en una taberna cargada de humo. Y, por este motivo, tengo que pedir disculpas a mis escasos lectores, por si además fatigo o canso ya un poco con ello, pero debo corregir el título de la serie. Y no sólo en cuanto al número de poemas, que ya no serán DIEZ, sino TRECE, sino además  -más variaciones-  a que tampoco los llamaré "Poemas", sino "Sonetos", porque, aunque pensaba añadir otros tipos de estrofa, al final me he liado a componer sonetos, noche tras noche, que todos los poemas, sin dejar de ser "de amor", responden a esta magnificiente estrofa reina, tan dada a la especie amorosa, según mi criterio y gusto personal. En consecuencia, hasta me he tomado la molestía de ir sustituyendo, una a una, el título de las siete entradas. Menos mal que no eran más que siete, y he decidido "parar" a tiempo. Eso, sí, en realidad, tampoco es el de trece su número, porque, con cierto rigor sistemático, o epistemológico, he añadido también un Epílogo de otros tres Sonetos más, con lo cual la serie completa, queda establecida en DIECISEIS SONETOS, uno menos que Alberti, cuando publicó en ABC los suyos, los del "Amor incierto". Puede que aquel amor de Alberti fuese efectivamente incierto, lo que si era muy cierto, a mi desautorizado juicio es que aquellos 17 Sonetos eran más malos que la quina. ¡Y yo aquí, con contemplaciones al público y la crítica...! Los del "Amor oscuro" de Lorca, esos, no, por Dios... Esos eran divinos... Lástima que aquel amor no fuese más claro. Luis Madrigal.-

 


lunes, 22 de marzo de 2010

HA LLEGADO EL OTOÑO



PRIMAVERA OTOÑAL

Brotan las hojas a mi paso... El vuelo,
de un verde azul y flores se ha teñido.
No los miro... Dentro de mí el latido
de otras que, lejos, caen ahora en el suelo.

En mi sentir, el único consuelo
-las horas que pudieron haber sido-
rompe sin paz mi alma, y un gemido
se eleva en espiral presto hasta el cielo.

¡Oh, Primavera, nervio de la vida;
juventud, ilusión, fecundo aliento...!
Tu vuelta, no recuerda ya la ida

hacia un Jardín florido, hoy ceniciento,
mientras mi ser vislumbra ya la herida
de otra Primavera y casi ciento.


Luis Madrigal


Sin retirar la conocida pieza de Vivaldi, "El Otoño", por razones de coherencia metodológica, atiendo con gusto la sugerencia de nuestra amiga y corresponsal de Blog "Capuchino de Silos", música y musicóloga, precediéndola de otra de Brahms, la 1ª de las 10 Variaciones sobre un tema de Haydn, Op. 56 a. Su criterio, sin duda, resultará mucho más autorizado que el mío:




domingo, 21 de marzo de 2010

Música Culta (XXVI) Johann Joseph FUX (1660-1741)


Compositor y pedagogo musical austriaco.
Nació en Hirtenfeld y murió en Viena. Fué también Organista
en St. Moritz y la Schottenkirche. Viajó por Italia,
donde recibió la influencia de Arcagelo Corelli.
En un segundo viaje fué ensalzado en Roma por el gran polifonista 
Giovanni Pierluigi da Palestrina






sábado, 20 de marzo de 2010

¿HABRÁ LLEGADO EL VENCEJO DE MAN?

Ha dicho en su Blog, mi buen amigo MAN, amigo muy reciente pero sincero sin duda según yo pienso, que la Pimavera se iniciará este año 2010, en el Hemisferio Norte, exactamente a las 18,32 horas del día de hoy, 20 de Marzo. Pero, también dice que él no se fía nada de eso, sino mucho más de su vencejo, un nieto e hijo de otros que anidaron también el el cajón de la persiana de su dormitorio, y con él  ha hecho también una sincera amistad, como conmigo. Dice MAN que un vencejo es mucho más rigurosamente exacto que cualquier máquina de relojería. Y MAN es Ingenierio. También lo dice mi gran amiga Claudia, ya no desde Buenos Aires o Arrecifes, sino desde Barcelona, donde ahora ya se encuentra en compañía de sus hijos. Y yo, comienzo también a inclinarme del lado de este signo tan visible y hermoso, el de un ave que casi nunca pone sus patas en el suelo  -por algo será-  hasta el punto de que, si lo hace, le cuesta cierto trabajo volver a remontar el vuelo. Esto, lo acabo de aprender. Pero desde hoy, acuda o no a su cita con la ventana de MAN, en  la Hermosa Murcia, el vencejo anunciador de la Primavera, me caen muy bien los vencejos, a los que considero sabios, no tanto por anunciar cronométricamente la  bella estación primaveral, sino por no poner jamás los pies en el suelo, pudiendo, como ellos pueden, estar volando siempre. A esas sublimes alturas, seguro que no hay Inspectores de Hacienda, porque éstos deben estar casi todos en el Infierno, salvo dos o tres, y pese a que ya dijo Hans Urs von Balthasar, el gran teólogo suizo, que el Infierno "no existe". Pienso por mi parte que, para los Inspectores de Hacienda, sí que  necesariamente tiene que existir.

Por otra parte, dice también MAN que el efecto primaveral depende de lo acordado en el Convenio Astronómico que recoge el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) del Ministerio de Fomento, lo cual es mucho peor. Lo de "Nacional", indudablemente se refiere a España, lo que llena mi pecho de ardor patriótico, aunque me pregunte qué pasará en Cataluña, enconces. ¿Se quedarán los catalufas, y con ellos mi pobre Claudia, sin Primavera? Deberían quedarse sin nada de nada, ya que antes  -algunos o muchos-  se han quedado sin vergüenza. Pero, a más terror, lo del "Ministerio de Fomento", me hace pensar inmediatamente en ese odioso, peligroso y ruinoso partido político que llaman "el PSOE". Y eso me hace echarme a temblar, porque entonces seguro que, en lugar de la Ptrimavera, regresará bruscamente el Invierno a sus días más crudos. En cualquier caso, me sentiría yo totalmente burlado y casi mancillado, si el inicio de la Primavera tuviese que depender de un burdo papel, suscrito por los políticos, u otros individuos similares, en un Despacho, entre sinuosas cortinas, butacones de cuero y suave penumbra,  mientras los protagonistas se atiborran de wiski, cuando no de langostinos o de jamón de pata negra, porque, entonces, cómo iban los poetas a preguntarse el por qué de la llegada de la Primavera. ¡Sólo faltaba eso...!

En vista de ello, he decidido fiarme de MAN y de su vencejo y, por este motivo, acabo de escribir otro Soneto, en su honor. En el de Man, el vencejo y la Hermosa Murcia. Leánlo ustedes, leedlo amigos todos:


PRIMAVERA EN LA HUERTA

A tu ventana llegará el Vencejo
que anuncia Primavera, cifra pura,
y en la Huerta, temprana la hermosura,
brillará en las acequias cual espejo.

El cauce del Segura, fiel reflejo,
hará brillar al sol, a gran altura,
y los frutos de Mayo, con premura,
harán joven y dulce el vino viejo.

Al apuntar el alba, los Auroros,
en esa Fuente Santa, que salpica
entre luces y perlas, mil tesoros,

como en Flandes, pondrán alta una pica,
y en Murcia los cristianos  -ya no hay moros-
en andas alzarán la Fuensantica.


Luis Madrigal


Al Vencejo, a Murcia y a mi buen amigo MAN, amigo y hermano en la fe.





viernes, 19 de marzo de 2010

TRAS LAS HUELLAS DE SEGISMUNDO (Canto dramático de angustia existencial)


¿QUÉ DELITO COMETÍ?

I
Ya el silencio es absoluto
y es noche que espera al día...
Mas, nunca llega... Vacía
deja el alma tan de luto,
tan afligida y sombría,
que oscuro todo parece
y, sin pensar que anochece,
se hace la noche de día.
¿Hasta cuándo el sentimiento
podrá entonar triste el trino?
¿Hasta cuándo, en tanta calma,
que es nada, en un ser vacío,
al que el viento hace bandera,
con suavidad de la cera
podrá cruzar suave el río?
"Ay, misero de mí, ay, infelice"
-gritaba aquel desdichado-
que, entre cadenas, atado
y entre rejas, quiso un día
saber por qué su alegría,
sin saber, se había acabado


II

Yo canto entre otras rejas
y también yo me pregunto:
¿Por qué a mí? ¿Qué es lo que hice?
¿Qué delito cometí?
¿Si, cuando nada tenía,
ni el viento nada traía,
hasta a mí llegó aquel viento?
¿Por qué llegó en un momento
y se fue mil, sin alarde?
¿Por qué mi pecho, que arde,
no encuentra paz ni sustento
para burlar el lamento,
ya sea mañana, ya tarde?
¿Cuándo volveré a ser "yo",
si, dentro de mí, no vivo
y todo cuanto percibo
no es para mí, ni es mío?
Qué es de mi libre albedrío,
al que la verdad responde,
si no sé cuándo ni dónde
podré ser libre...? ¡Dios mío!
Ya sólo en la dulce nada,
cada alborada confío...
¡En ser nada por la tarde,
en silencio y sin reproche,
para fluir por la noche
lo mismo que fluye un río...!


Luis Madrigal






martes, 16 de marzo de 2010

SAN ISIDORO... DE LEÓN







El afán de mi buen amigo murciano MAN, de honrar a las figuras ilustres de su noble tierra, tan española, me impulsa a contestar más ampliamente de lo que sería habitual al "concurso público" abierto por el propio MAN, en su entrada del pasado día 14 de este mismo mes. San Isidoro de Sevilla, posiblemente nació en Cartagena (Murcia), porque toda su familia era oriunda de allí, aunque no está probado el lugar exacto de su nacimiento. Pero, aún llamándose "de Sevilla" y habiendo nacido en Cartagena, está en León. Y ha pasado en León exactamente 947 años, es decir, en todo caso muchos más que en Cartagena, donde tan sólo estuvo durante los primeros de su juventud y que en Sevilla, Ciudad de la que fue Obispo, y donde permeneció al menos 37 años, desde 560 a 636, pero tampoco muchos más. Es decir, que más que a nadie, San Isidoro pertenece a León. Es un leonés más arraigado que Guzmán el Bueno o Don Suero de Quiñones, en la Capital del viejo Reino, la Bimilenaria e Imperial Hispánica Legio Séptima Gémina Pía Felix, desde la que expande e irradia el más quintaesenciado fruto de su filosofía y erudición. Aquella gran lumbrera, que atesoró en su mente el máximo saber de todo su tiempo, la que cantó como nadie lo ha hecho a la Sacra Hispania, el Doctor de la Iglesia, último de los Padres latinos occidentales, Doctor de las Españas, es un leonés insigne, curtido por el frío de las Montañas cantábricas, cuyas gloriosas y santas cenizas sirven de escabel, permanentemente, al Santísimo Sacramento del Altar. Nadie puede alcanzar más gloria, con las cenizas de su cuerpo mortal, que la de servir de soporte material al Rey de Reyes, como Isidoro hace, desde más de diez siglos.

Los restos mortales de San Isidoro se encuentran en la Real Colegiata Basílica de su nombre, en León, desde que, en el año 1063 de nuestra era, fueron trasladados desde Sevilla, donde se encontraban inhumados tras su muerte, porque Fernando I de León y Castilla obtuvo del Rey de la Taifa de Sevilla, el famoso Al-Mutamid, que era por entonces tributario del monarca leonés, sus sagradas reliquias. Dos bellas leyendas se alzan casi de entre la noche de los tiempos, en relación con este traslado de los restos mortales de Isidoro: La primera de ellas guarda estrecha relación con el descubrimiento de su sepulcro. El Rey Fernando I había enviado a la Corte de Al-Mutamid, en Sevilla, a dos legados reales, el Obispo de León, San Alvito y el Obispo de Astorga, Ordoño, pero no en busca de las reliquias de Isidoro, sino de Santa Justa y Santa Rufina, santas a las que el pueblo sevillano ha mostrado siempre gran fervor, hasta designarlas patronas perpetuas de la Ciudad bética. La legendaria tradición dice que el propio San Isidoro (un hispano-romano por parte de padre, y un visigodo por parte de madre), se apareció al Obispo Alvito y le indicó el lugar en el que su cuerpo se hallada sepultado, expresándole con insistencia su ferviente deseo de ser trasladado a León, en cuyas Montañas próximas a las de Asturias, surgió la Reconquista, la lucha del pueblo gótico, de la "Sacra Hispania", para recuperar el territorio un día poseído soberanamente. La "solicitud" de Isidoro, fué inmediatamante acogida por Alvito y, de esta manera, las sagradas reliquias llegaron a León el día 21 de Diciembre del año 1063, siendo acogidas multitudinariamente por el pueblo leonés y depositados en la Iglesia hasta entonces llamada de "San Juan Bautista y San Pelayo", el niño mártir de Córdoda, en época de Abderramán III, que ya había sido llevado allí, en unión del santo de Ávila, San VIcente. Pero, a partir de la llegada de Isidoro, el templo tomó su nombre hasta nuestros días, a través de los siglos. Debo reconocer, en honor de MAN y de la verdad, que, si no los restos, sí algunas otras reliquias de San Isidoro se encuentran también, según se afirma, en la Catedral de Murcia, así como desde muy recientemente, en el año 2008, y por donación de la Curia Romana, en el Altar Mayor de la Parroquia de la Anunciación de Abla (Almería), con motivo de la consagración de dicho Altar.

La Basílica de San Isidoro, de León, cuenta con infinidad de maravillas artísticas, enmarcadas en un románico XII pristrino, puro, con algunas transiciones al gótico en determinados puntos de su arquitectura. En ella, se encuentra también el Panteón de los Reyes leoneses, que se ha llamado "la pequeña Capilla Sixtina del románico". El Calendario agrícola, debido a un pintor pseudo-anónimo, al que se demonima "Lucas Pincerna"; la propia talla polícroma del Doctor de las Españas, e infinidad de detalles y muestras de arte más. Pero, por encima de todo ello, lo que siempre ha atraído al pueblo leonés hacia su Basílica, no son estos tesoros de su riqueza artística, sino la presencia permanente del Santísimo Sacramento, día y noche, durante todos lo días de cada año, exposición solemne que se debe a un privilegio inmemorial. Ciertamente, se ignora cúando comenzó la Exposición Permanente del Santísimo en San Isidoro de León. Tan sólo podemos saber que, desde el siglo XI, se cuenta con una información rigurosamente cierta y segura, los Estatutos del Doctor Navarro, el testimonio del Canónigo centenario Dr. Siliceo, la Crónica de Ambrosio de Morales y la manifestación del Nuncio de S.S. en España, Camilo Cayetano, quien afirma que, en San Isidoro de León, "por Privilegios e Indultos apostólicos, está siempre patente el Santísimo Sacramento". Sólo hay otra Ciudad eucarística del mismo grado, en España, la Catedral de Lugo.

De este secular privilegio, el pueblo de León ha hecho el santo y seña de su devoción eucarítica: La "Visita a San Isidoro", propia de todos los tipos humanos, edades, sexo y condición de cuantos leoneses poseen el don de la fe, que siempre han sido muy numerosos. Por este motivo, la Basílica isidoriana permanece abierta día y noche también, con un fuerte potencial de adoradores nocturnos. Yo, también lo fui en mi juventud y, aun recuerdo aquellos turnos de vela, tan especialemente emotivos y llenos de espiritual impulso, que nos llevaba hasta el "desierto del alma", plara encontrarnos en él con nosotros mismos y con el Creador del universo. Pero también, como españoles que somos los leoneses, en unión íntima con todos los demás españoles, como sentido homenaje de gratitud a aquella lúcida inteligencia humana, capaz de escribir por ello aquellas contundentes y bellísimas palabras (perdona MAN), en su inolvidable y eterno "Laus Spaniae": Omnium terrarum, quaeque sunt ab occiduo usque ad Indos, pulcherrima es, o sacra, semperque felix principum, gentiumque mater Hispania. Jure tu nunc omnium regina provinciarum, a qua non Occasus tantum, sed etiam Oriens lumina mutuat. Tu decus, atque ornamentum orbis, illustrior portio terrae: in qua gaudet multum ac largiter floret Geticae gentis gloriosa fecunditas... Traduzco enseguida y amplío la traducción, para no cansar: De todas las tierras, cuantas hay desde Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sacra España, madre siempre feliz de príncipes y de pueblos. Bien se te puede llamar reina de todas las provincias....; tú, honor y ornamento del mundo, la más ilustre porción de la tierra, en quien la gloriosa fecundidad del pueblo godo se recrea y florece. Natura se mostró pródiga en enriquecerte; tú, exuberante en frutas, henchida de vides, alegre en mieses...; tú abundas de todo, asentada deliciosamente en los climas del mundo, ni tostada por los ardores del sol, ni arrecida por glacial inclemencia.... Tú vences a Alfeo en caballos, y al Clitumno en ganados; no envidias los sotos y los pastos de Etruria, ni los bosques de Arcadia...Rica también en hijos, produces los príncipes imperantes, a la vez que la púrpura y las piedras preciosas para adornarlos. Con razón te codició Roma, cabeza de las gentes, y aunque te desposó la vencedora fortaleza Romúlea, después el florentísimo pueblo godo, tras victoriosas peregrinaciones por otras partes del orbe, a tí amó, a tí raptó, y te goza ahora con segura felicidad, entre la pompa regia y el fausto del Imperio. ¡Salve a ti, ¡oh Isidoro de Sevilla, universal murciano de Cartagena, que vives en León y en el alma de los leoneses. Luis Madrigal.-


En las imágenes que ilustran esta entrada, de arriba abajo, el Santísimo Sacramento del Altar, permanentemente expuesto, día y noche, cada día del año, sobre la urna de plata que guarda los restos mortakles de San Isidoro; celebración de una Misa en el rito mozárabe, en la que identifico perfectamente, entre los oficiantes, a alguno de mis viejos amigos; fachada principal del templo románico y, por último, el Panteón de Reyes, la "pequeña Capilla Sixtina del Románico
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