lunes, 15 de octubre de 2012

ERA EN FEBRERO...



DOS GOTAS DE ROCÍO EN PLENILUNIO

No las pude beber. No fue en mis labios
en los que, de los tuyos, se cayeron;
las gotas, no eran mías, ni lo fueron…
Tan sólo fueron míos los agravios.

Yo solo los busqué… Entre astrolabios
de la celeste esfera…  Ellos tejieron
delirios y suspiros. No movieron
en mi mente y mi pecho desagravios.

Por eso no dejaron de ser tuyos,
ni florecer más rojos en tu boca,
de esas rosas tan rojas, sus capullos.

Más bien, en toda hora, fueron suyos,
hasta que, al fin, del mar junto a una roca,
la arena puso fin a mis murmullos.

Mas, eso no calmó mi vida loca.



Luis Madrigal






sábado, 13 de octubre de 2012

ABRE UNA VEZ TU VENTANA



¿YA NUNCA VOLVERÉ A OÍR TU VOZ?

Una palabra, sólo una palabra
que llegue a mis oídos… O a mis ojos,
una leve caricia… A mis despojos,
el manto de la luna, que en mi labra

la ausencia de tu voz… Mueca macabra
que me acecha, destruye mis arrojos,
convierte dulces flores en matojos
e impide que los párpados entreabra.

Recuerdo bien lo que un día dijiste,
que nunca nos diríamos “adiós”.
Recuerda lo que siempre me pediste,

dejase la tristeza allá en mi voz
y nunca pareciese mi voz triste…
¿Acaso ya jamás sabré de vos?


Luis Madrigal






lunes, 8 de octubre de 2012

SIN YO SABERLO



CAYÓ EL SOL EN EL MAR


Fue el Mar quien recibió aquella caricia,
cayendo de tu cielo el sol luciente
con luz, que eras tú misma, tan ardiente,
que templó mi alma fría y fue delicia

nunca hasta entonces viva. Y la noticia
de un nuevo caminar resplandeciente.
Mas, el sol se ocultó. Su luz poniente
dejó un manto de sombra a mi avaricia.

Del mar huiste…. En tierra calcinada,
velé noches enteras aquel sueño,
sin saber que tu vida, ya cansada,

para nada anhelaba tal ensueño,
del que nunca estuviste enamorada…
Por más que en mí anidara tanto empeño.


Luis Madrigal



 



viernes, 5 de octubre de 2012

AUNQUE VUELE EL TIEMPO...




NUNCA TE OLVIDARÉ

Nunca podré olvidarme de tus ojos,
de tus trigos de luz, tus girasoles
de oro que, al mirar, como arreboles
pintan cual amapolas campos rojos.

Nunca podré hacia ti caer de hinojos
ni traerte conmigo, entre dos soles,
con la luz de la luna, tras las moles
que velan mientras sueño mis despojos.

Nunca, en mis tristes horas de agonía,
podré dejar de verte, aunque te escondas…
Y tras el Mar que duerme, tu armonía

ha de venir a mí sobre sus ondas.
Por eso no serás nunca elegía,
aunque a mi canto al sol nunca respondas.


Luis Madrigal



 

jueves, 4 de octubre de 2012

BUSCAN TUS OJOS LAS FLORES



Buscan las nuevas flores que han nacido
una ventana clara al mediodía
para llenar tus ojos... De alegría,
tu nuevo corazón, que ha florecido.

No te inquiete el dolor, tan esparcido
por tu verde Jardín, que en agonía
gime su hora más negra, mas ansía
la fortaleza que antes ha tenido.

Sí sé cual es tu nombre, y tú el mío…
Tu pena, es ya la mía y tu sonrisa
el más dulce calor, que ahoga mi frío.

Espérame, cuando corra la brisa
junto a ese Lago azul, en el estío.
¡Que iré contigo, amor, a toda prisa!


Luis Madrigal





viernes, 28 de septiembre de 2012

AHORA YA EN EL OTOÑO




ME NUTRO DE TU ALMA

Fluye el arroyo al río, como al Mar
espera el río llegue su corriente.
Yo, nada espero. Ando entre la gente
cuando huye ya la luz crepuscular.

Mas, cauce tan azul y alveolar
me nutre de tu alma, siempre ausente
de mi triste mirada y, tan doliente,
lleva la mía suave hacia el Palmar.

Azul, como tu cielo, es ese Río.
Como verde  -¡tan verde!-  es la pradera
en la que se alza alegre tu Plantío.

Tan azul como brilla una Bandera,
que ondea ya camino del estío,
ahora ya que estalló tu Primavera.

Yo, estoy ya en el Otoño y tengo frío.


Luis Madrigal






jueves, 27 de septiembre de 2012

VARADA SIN REMAR



AQUELLA BARCA


Lo mismo que mi soledad es pura,
esa barca aguarda en ciega espera
poder surcar el Mar, a la manera
de un viejo marinero… Es singladura

de difícil bogar. Ayer tan dura,
fue imposible y se hizo una quimera.
Bajo el cielo, tembló el grano en la era.
El trigo se pudrió, y la dulzura

de almíbar se hizo hiel. La sal, en barro
tornó el sabor del pan… Sin más engarce,
 asfixiante la sed, en un desgarro

mi pecho se rompió… Su sangre esparce
angustia y aflicción, como un guijarro
que, aun lejos de tu amor, mi amor resarce.


Luis Madrigal