lunes, 20 de marzo de 2017

¿PRIMAVERA...?



UN AÑO MÁS

Un año más, se produce  -se ha producido ya-  el acontecimiento astronómico de la Primavera. Pero ¿acaso ha venido, se sepa o no el por qué? Nadie lo sabe, porque, un año más, parece que inmediatamente continuará siendo invierno, en una vuelta de tuerca meteorológica en sentido contrario a las agujas del reloj. Otra vez, en pocas horas, al frío invierno. Al menos, al frío corporal, sensible de la misma manera termométrica. Al tiempo desapacible y bruscamente cambiante. Malo para el organismo humano, para el cuerpo, y dicen que también psiquicamente malo, o al menos desasosegado e incierto, allá en las bodegas del ser.

El espíritu, en cambio -aunque no sea excesivamente distinto- no es la psique, sino acaso una dimensión cualitativamente distinta, pese a resultar colindante. Eso, lo sabrán los neuro-biólogos, los psicólogos, o los psiquiatras, si es que lo saben, o pueden saberlo. También dicen saberlo los teólogos, alguno de los cuales afirma que la Física del espíritu es la Teología o, más descriptivamente, que el ser humano es una unidad fisio-psico-espiritual.

En todo caso  -y por tanto en cualquiera de todos los posibles-  los hechos siempre son ineludibles. Y hay algunos hechos que, por su presunta apariencia inquebrantablemente tozuda, inquietan sobremanera y hacen presagiar acontecimientos y estados tristes. Quizá haya llegado ya la Primavera, bien para quedarse o simplemente para ser, una vez más, remedo doloroso y quebrantado del más puro Invierno. Será lo que haya de ser, de eso no hay duda. Pero nunca debe perderse un rayo de esperanza. Yo, lo deseo hoy firmemente.


Luis Madrigal


Arriba foto de EUROPA PRESS






lunes, 13 de marzo de 2017

UNA METÁNOIA





LA METÁNOIA DE ANTONIO ESCUDERO


A Doña Isabel Escudero Ríos,
que sigue viviendo, ve y escucha lo que
nunca vió ojo ni oyó oído.


En griego, μετανοῖεν, no significa otra cosa sino, simplemente, cambiar de opìnión. Constituye un enunciado retórico para expresar la idea de que alguien se retracta de algo y, como muchos otros términos griegos, este es compuesto; se fabrica con el ingrediente de otros contenidos semánticos más simples, μετα  (más allá) y νους (mente). Casi podría decirser "alma", ya que en esta última residen las propiedades más esenciales, según el viejo apotegma aristotélico-tomista, que se le atribuyen, la inteligencia, la memoria y la voluntad humanas. Ciertamente, a veces, en la vida, alguien cambia de destino y, consecuentemente, de camino o de rumbo.

En el orden psicológico, Jung entendía este mismo término como un intento espontáneo de la psique por librarse de un conflicto insoportable. Creía que los episodios psicóticos podían entenderse, a veces, como crisis existenciales buscando la autorreparación. Pero, en el Evangelio  -en la Buena Nueva, que bajó a la tierra Jesús de Nazaret-  la metánoia equivale a un cambio interior, a una conversión radical, a una transformación profunda, no sólo de la mente, sino esencialmente del corazón. Y esta transformación, a veces lenta y progresivamente tortuosa; en ocasiones súbita y esplendorosamente feliz, conduce siempre a la santidad, que no es otra cosa sino aquel estado en el que se alcanza la vida misma de Dios. Porque, los "santos", no son esas figuras, a veces de aspecto externo más bien ridículo, que se encuentran en los altares de los templos, sino, simplemente, unos cristales, tan puros y tan limpios, que dejan pasar a través de sí toda la Luz.

La luz es dada a todo hombre que viene a este mundo, según proclama de modo contundente el evangelista San Juan, pero, por circunstancias bien diversas, de todo orden, algunos o muchos seres humanos no llegamos a sentirla, a percibirla, o ni tan siquiera a vislumbrarla. Y cuando, bien a fuerza de pedirla, de suplicarla tenaz y dolorosamente, o bien de que, en virtud de un chispazo súbito, repentino, pero de una extraordinaria potencia, al fin alguien, algún humano, consigue que le alcance la luz, no tiene más remedio que dejarla pasar, limpiamente, a fin de que pueda alumbrar a otros. Y este proceso de conversión, de acertar a ver con especial claridad que eso que llamamos el mundo geo-botánico, el exterior a nosotros mismos, desde un insecto al extremo sideral de las galaxias  -siempre en constante expansión, según se dice-  no es más que una pequeña cosa, porque, dentro de cada ser humano, habita una realidad mucho más grande  -esto-  esto es de verdad una metánoia.

Y esto es lo que muy recientemente (me atrevería a decir que en las postrimerías de este último verano), le ha sucedido a una persona que, aparentemente, a mí me recordaba mucho más a lo que trata de explicar Jung, que a lo que, entiendo, de verdad y en lo profundo le ha sucedido. Desde entonces, le he pedido me tome como un amigo, porque su pureza, la de hombre bueno por naturaleza, y su enorme sabiduría, la consiguiente a su rigurosa formación intelectual y a su pasión por el saber, se ha visto incrementada por un poderoso rayo de la Luz, que, como a Jesús en el Monte Tabor, casi le ha transfigurado, convirtiendo en nieve sus, a veces, rústicas y desmañadas vestiduras.

Este nuevo amigo, y hermano en la fe que yo aspiro poseer, se llama Antonio Escudero Ríos. Es un inquieto colaborador de un periódico digital mejicano llamado "mundojudio.com". Y lo seguirá siendo siempre. En realidad, en Antonio, más que una conversión ex novo, concurren las circunstancias de una "re-conversión", si el término no resultara prosaico y aparentemente análogo a lo que sucede en los torpes procesos industriales. Porque, Antonio, fue bautizado con agua, en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como tantos otros seres del mundo. Sus buenos padres, le inculcaron la fe cristiana, aunque permaneciera al margen de ella y de la Iglesia durante cuarenta años consecutivos. Y tampoco puede decirse que Antonio fuese  ningún incrédulo. Por sus venas, intelectuales y morales, durante todos esos años ha corrido de modo caudaloso la savia judeo-cristiana, debido a su enorme amor a Israel y a nuestros Hermanos Mayores. Podría decirse que Antonio, más que de la Iglesia de su pueblo natal  -Quintana de la Serena, en la Extremadura leonesa-  procede de la Sinagoga. Pero, la síntesis final, su convergencia en Cristo Jesús, un judío de la tribu de Judá y de la Casa de David, ha sido tan luminosa como la Luz misma y ha producido el prodigioso resultado de ser bautizado con el fuego del Espíritu. Prueba concluyente de ello, ha sido su sentimiento y serena conducta durante la última enfermedad y la muerte de su hermana Isabel, tan querida y admirada por él mismo entre tantas otras personas, a la que sin duda condujo, en sus últimos días de vida, a la Casa del Padre. Es para mí una inmensa alegría poder decirlo.



Luis Madrigal




sábado, 4 de marzo de 2017

VIVIR UN SUEÑO




EL SUEÑO DE LA VIDA


Pasan minutos, horas, siglos...
Mas, no pasan.
El que pasa soy "yo".
¿Acaso el tiempo
-además de un Misterio-
no es eterno?
Desde que un día fue,
hoy sigue siendo
y será siempre así.
Sin mí o conmigo.
Eso, no importa.
Sólo "yo" soy, pero no tiempo;
en él discurro y voy.
A veces, vengo.
Otras, parece floto
en un "sin serlo"
que, entre el día y la noche, agita el viento.
Un viento que no sopla,
ni azota el rostro,
ni quiebra los cristales que el sol despierta.
Sólo arrastra suspiros
-tal vez, son nada-
dolores y latidos,
quejas y miedos.
Sólo un sueño dormido
que se va al Sueño...


Luis Madrigal







lunes, 30 de enero de 2017

SI EL ODIO RUGE




BASTA UN SUSPIRO


Cuando ruge la fiera,
es el suspiro
del manso cordero,
inofensivo y tierno,
el que puede ahuyentar
al sanguinario lobo,
cruel y fiero.

No es la fuerza
-derecho de las bestias-
lo que puede inclinar
dispar balanza.
Es la razón serena
del bien, que el bien anhela.
Y al mundo llega.

Si el mal llama a la puerta,
es presuroso
cerrar con fuerza,
cerrar con siete llaves y un candado,
de fiel y fuerte acero.
Que nunca ceda.


Luis Madrigal




viernes, 27 de enero de 2017

NIEVE EN LA SIERRA DE MADRID




A UNA NEVADA QUE VIENE DE MUY LEJOS


Del cielo bajan blancos, y hasta ansiosos
de encontrar aire limpio una mañana
para alfombrar el paso, la ventana
y, en áspero rincón, ser tan sedosos.

Yo, los siento bajar suaves, copiosos,
como los vi mil veces, en edad temprana
cuando, al mirarlos, una filigrana
eran siempre los días luminosos.

Ahora que no los veo, hoy conmigo
de blanco ya han pintado Guadarrama...
¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,

quien  -lejos-  ha sentido esa llama
de nieve, que ha cruzado mi postigo
fruto del viento que mi pecho ama?



Luis Madrigal






miércoles, 25 de enero de 2017

ESTAMPA DE INVIERNO




EN UN JARDÍN MUERTO


Entre el verdoso liquen de la piedra
un breve ser sinuoso deambulaba
buscando  -¿qué podría ser?-  tal vez, la vida
que el débil sol, opaco, le enviaba.
El frío invierno hiela los cristales
de aquella casa rota en mil pedazos
y la hiedra, aterida, blanca, besa el suelo
esperando alzarse verde a una ventana.
Hercúleos pinos muertos, ayer vivos,
 extienden lejos su lánguida mirada...
Brillante fue su copa, pasadas primaveras,
y tenaces, duras, tensas -sus raíces-
en fúnebre cortejo hoy se arrastran
bajo la tierra fría en que descansan...
Los rosales de ayer, también murieron
y ya, nunca más, podrán alas doradas
ningún Julio volar entre las rosas,
sorteando, gráciles, puñales
de aceradas espinas, crueles y pardas.
Eso, fue ayer... Hoy, es Invierno.
La sangre yace fría en los zarzales,
sobre muñones de árboles que, un día,
tejieron tupido seto al alba.
También  -casi-  fue ayer y casi todo
presagia ese futuro que hoy no es nada.


Luis Madrigal


Madrid, 25 de Enero de 2017






martes, 24 de enero de 2017

¡AY DEL HOMBRE, ESE MENDIGO...!




QUE DE DIOS NO SABE NADA



¡Ay del que llega sediento
a ver el agua correr
y dice: la sed que siento
no me la calma el beber!

(Antonio Machado,
Soledades. Canto XXXIX)



¡Ay del que quiere besar
de piedra una cruz en lo alto,
si su pecho de basalto
siente cual piedra el pesar!

¡Ay de quien de noche admira
la luz de una candileja,
si el sol que baña la teja
no deslumbra, mientras mira!

¡Ay del rico, en su riqueza
de dinero y opulencia,
si en su cerebro la ciencia
es cenicienta pobreza!

¡Ay del pobre, que sintiera
ser rico de día y noche,
si a su sentir el reproche
tan sólo como humo fuera!

 ¡Ay de quien de sí la ira
almacena y lanza fuera...!
Será como si quisiera
a golpes tañer la lira.

Ay de quien cree saber,
tras la sombra de la muerte,
del ser humano la suerte.
¡Vano intento, hoy y ayer!

Porque saber, nadie sabe
lo que es misterio, aunque encierra
sólo lo que hay en la tierra
y nunca lo que no cabe.

Todo, en la vida, es la esencia
vivir sin vivir al paso,
morir por la Vida, acaso,
sin adorar la existencia.



Luis Madrigal