viernes, 9 de mayo de 2008
miércoles, 7 de mayo de 2008
LAS CONSECUENCIAS
Lo primero que lógicamente parece preciso concretar es el número de víctimas de la Guerra y, como en toda guerra, la oscilación en las estimaciones es acusada. Se ha llegado a fijar ese número en un millón de muertos; otros señalan sobre setecientos mil, tan sólo entre los españoles, pero las últimas estimaciones vienen e coincidir en que el número total de víctimas no sobrepasó el medio millón. Tampoco está mal, dada la capacidad destructiva de las armas empleadas entonces, aparte de las horcas de madera, las armas blancas y todo elemento, por rudimentario fuese, susceptible de ser arrojado contra el invasor, que utilizaron los españoles.
En el orden económico, siempre consecuente a toda guerra, incluso es más difícil todavía precisar los efectos. Desde luego, parece ser que éstos no sólo se produjeron para España, sino también para Francia, al propiciar el desmembramiento del imperio napoleónico, si bien en España la crisis económica ya venía gestándose desde el reinado de Carlos IV. Sin embargo la Guerra de la Independencia la acrecentó e incrementó hasta cotas dramáticas, sumiendo a España en una situación de hambre, penuria y pobreza, de la que tanto tardó en recuperarse.
Más o menos íntimamante ligado con este fenómeno de carencia y pobreza, surge en España el bandolerismo, entendido no ya al modo tradicional mediterráneo de luchas familiares (Córcega o Cerdeña), ni tampoco en el sentido muy característico de la baja Edad Media, entre grupos nobiliarios o entre partidos políticos (casos muy típicos de Cataluña o Mallorca), sino de un bandolerismo que se ha llamado "social", y que adquiere una inusitada violencia dirigiéndose a la destrucción y perjuicio de los ricos o de lo estatal en beneficio de los pobres, sin duda germen individual de lo que, más tarde, serán los movimientos obreros colectivos, con estructuras organizativas. No es este el caso del famoso bandolero Diego Corrientes, que extendió su actividad en la segunda mitad del siglo XVIII, sino más bien, por proponer una figura de bandolero, el de José María el Tempranillo, representante máximo del bandolerismo social en la Andalucía de la primera mitad del siglo XIX.
Una consecuencia, quizá la única de carácter positivo, aunque también con su contrapartida, fue la de la creación de una conciencia y espíritu nacional, por reacción frente al invasor extranjero, entre todos los españoles de aquel momento. En efecto, para todos ellos, antes que nada estaba España y todos eran patriotas. Sin embargo, no todos eran liberales, ilustrados o "afrancesados"; algunos preferían el absolutismo del Antiguo Régimen, llegando a gritar al paso y regreso de aquel abyecto de Fernando VII: "Vivan las cadenas". Por ello,quizá, aquí radica también el nacimiento de las Dos Españas, que inspiró a Antonio Machado aquel triste y fatalista oráculo: "Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón". Por desgracia, aún no nos hemos podido recuperar de eso, y así seguimos... Cada cierto tiempo, unos u otros, con el corazón helado. Continúa habiendo dos Españas, aunque también unos más que otros se empecinen en recordarlo, impulsarlo e incrementarlo cada vez que están en el poder, cómo ahora mismo sucede.
Consecuencia, tal vez la más grave de todas, aunque más que a la Guerra de la Independencia, debida al egoísmo y ambición del canalla de Fernando VII, fueron las tres Guerras Carlistas, en el contexto de las cuales se gestaron con la mayor virulencia los movimientos secesionistas de España, no tanto el catalán, que ya tenías sus orígenes y bases desde antes de Felipe V, sino esencial y exclusivamente el vascongado, que surge en 1895, cuando Sabino Arana, que evoluciona desde el carlismo al nacionalismo vasco, funda el partido nacionalista vasco (PNV), que añun hoy subsiste. Y no estaríamos contemplando tales particularismos secesionistas, si Fernando VII no hubiese abolido la Ley Sálica, reavivando la Pragmática Sanción que el tontorrón de su padre, Carlos IV, había hecho aprobar a las Cortes en 1789, pero que no había entrado en vigor, ni por tanto se había hecho efectiva por razones de política exterior. Muy en síntesis, esta famosa Ley (Lex Salica) debe su nombre a los Francos Salios, habiendo sido promulagada por el rey Clodoveo I, a comienzos del sigo VI. Y, esencialmente, esta Ley, entre otras cosas y en particular las relativas a la herencia, dispone que las mujeres sólo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea recta (hijos o nietos) o en la colateral (hermanos o sobrinos). La había traido a España Felipe V, al subir al trono, haciéndosela promulgar a las Cortes de Castilla en 1713. Pues bien, aquel maldito Rey, viudo por tecera vez y sin descendencia, contrajo nuevo matrimonio con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y, después de haber designado sucesor a su hermano Carlos María Isidro, María Cristina quedó embarazada, por lo que, exclusivamente, ante la posibilidad de tener un heredero de sexo femenino -como así sucedió- Fernando VII "resucitó" la Pragmática Sanción, que excluía de la Corona al infante Carlos María Isidro y aseguraba la sucesión del hijo que habría de nacer, fuera niño o niña, la no menos nefasta Isabel II, que nace el 10 de Octubre de 1830 y es proclamada heredera legítima, con el consiguiente enfrentamiento de los partidarios de Don Carlos María Isidro, la autoproclamación de éste como Carlos V y las tres horribles guerras carlistas, que desgastarona inútilemente a España, en la sangrienta pugna entre carlistas e isabelinos, la última de las cuales se libró casi exclusivamente en Cataluña, bajo el mando del General carlista Ramón Cabrera el Trigre del Maestrazgo.
La Guerra de la Independencia española, marca asimismo el comienzo del declive del imperio napoleónico, como ya se ha dicho. "¡La guerra de España me ha perdido!", exclamó el propio Napoleón en Santa Elena. No son palabras de ningún español, sino del historiador francés Ronald Fraser, que ha recuperado, en un esfuerzo muy meritorio, la voz de los documentos y testimonios de la época. Pero, sin contradicción, esa perdición de Francia, fue también, al propio tiempo, la de España, al verse privada del gobierno del que, parece ser, con total independencia de la causa de su implantación en el trono, el mejor Rey de España, tras Isabel y Fernando el Católico, Carlos I o Felipe II: Stendhal José Napoleón I, Rey de España. Apodado sin ningún fundamento "Pepe Botella", cuando era casi abstemio, y también, pero con toda justicia "Pepe Plazuela" (hubiera dado a Madrid el mismo tratamiento urbanístico, ornamental y de "glamour" de la Bella Parisi, como dicen los italianos). Aquel sin duda gran hombre, participante en la Revolución francesa, diputado, senador, ministro y embajador, primero de la República y después del imperio creado por su hermano, del que era sucesor; finalmente coronado Rey de Nápoles, donde se le aceptó como a un gran monarca, aquel gran y pacífico hombre, se esforzó y quiso, llegando a superarse a sí mismo tratando de asimilar los gustos y criterios de los españoles, pero no fue aceptado ni querido. Estas que siguen, sí son palabras de un historiador español, Manuel Moreno Alonso: "España prefirió a ese monstruo llamado Fernando VII. Yo admiro el sentimiento del insensato honor que inflama a los bravos españoles, pero ¡qué diferencia para su felicidad si, desde 1808, hubieran sido gobernados por el prudente José y por su constitución!". Está visto que los españoles, ya desde entonces, padecen la irrefrenable y trágica tendencia a elegir casi siempre a los peores, en lugar de a los mejores, para caminar por la vereda de la verdadera libertad y el verdadero progreso, y no por las sendas tortuosas o mezquinas que, a veces (no siempre) parecen elegir libremente. Así, pues, vivan también ahora, si no "las cadenas", las que sujetan al hombre en su prisión física, sí desde luego las de la modorra vegetativa y estúpida de la vulgaridad, el laicismo, la venganza de los ruines, el mal gusto, la mediocridad, el analfabetismo generalizado y todas las demás lacras de esa peste que ahora mismo nos desgobierna y que, Dios no lo quiera, más bien pronto que tarde, puede sumirnos de nuevo en la miseria y en el hambre.
Con esto, habríamos terminado, a mi juicio, de enumerar las consecuencias de la Guerra de la Idependencia, si no fuera porque resta una consecuencia, que sin ser una más, ni mucho menos, tampoco es precisamente desafortunada ni desegradable, por muchas razones. Esta consecuencia es la de la Pérdida por España de sus colonias de América, de Iberoamérica. A mí no me gusta nada, pero nada, el termino "Colonias", pese a lo que tenga que pesar. Me gusta mucho más y me emociona el de "Naciones Hijas de España". Y los hijos, yatde o temprano, por muy esmerada y buena sea la educación recibida de sus padres, siempre terminan por irse de la Casa, para tener la suya propia y formar su propia familia. Y esto fue lo que pasó, aunque los últimos españoles allí presentes, trataran entonces de oponerse. Por otra parte, lo menos que entonces, debieron hacer aquellos españoles del otro lado del mar, fue precidsamente lo que hicieron. Y lo hicieron con dignidad y con honor, salvo algunas odiosas excepciones. Yo, este español que esto escribe, honro y venero la figura y la huella del General San Martin, Libertador de Argentina y Héroe de Bailén, de España.Él, también lucho con honor y arrojo, en defensa de la que entonces era su patria. Pero repudio y maldigo la memoria de Simón Bolivar -díganselo ustedes si lo desean a ese semi-burrro bocazas de Chavez- auel traidor que asistió a la coronación como Emperador de Napoleón y que, ese mismo día, juró alzarse contra España. Luis Madrigal.-
martes, 6 de mayo de 2008
ATENCIÓN: ¡EL REAL MADRID HA GANADO LA LIGA!

sábado, 3 de mayo de 2008
HOY, ES LA CRUZ DE MAYO





El Bicentenario de la invasión napoleónica de España, ha concentrado mis esfuerzos y mi amor patrio muy intensamente, en este Blog. Aún me sobra material de todo tipo y también he de volver atrás, a título de “Conclusiones” de lo que aquella barbarie supuso, no sólo para España, sino también para Francia, e incluso para las naciones hermanas de América. Pero, tampoco quiero abusar, y menos aún aburrir. Por tanto, de momento, voy a aparcar el asunto, más que nada porque, hoy día 3 de Mayo, se celebra en muchos pueblos de España, y más que en ninguno en Andalucía, la Cruz de Mayo. La Invención de la Santa Cruz. Y, por ello, antes de que acabe el día, que se ha iniciado con aquellos cobardes fusilamientos (es muy fácil ser valiente, cuando se tienen más cañones), deseo fervorosamente terminarlo de rodillas, ante esa Cruz salvadora y salvífica. Y también quiero rendir un sincero homenaje a las damas y caballeros del Sur de España, que levantan esas primorosas cruces florales y engalanan sus patios. Puede, que incluso deba hacerlo también con los hermanos de América, sobre todo si hemos de buscar alguna explicación al origen de aquella fiesta conocida como la de "las mayas", que era una celebración de carácter alegórico y tenía como protagonista a una niña (la maya) vestida de blanco y coronada de flores. Junto a ella una corte de jovencitas, también ricamente engalanadas, pedían "un cuartito para la maya, que no tiene manto ni saya". Hermanos de América, especialmente de la Central (Guatemala, El Salvador, Honduras…) o incluso del Istmo, si esto leyerais -sin duda honrándome inmerecidamente con ello- decidme, por favor, que en alguno de vuestros pueblos también suenan estas hermosas canciones o, incluso de allí provienen.
Sin embargo, con independencia de cualquier otro posible acento cultural, lo que hoy celebramos es, fundamentalmente, la Cruz. El Calendario Litúrgico de la Iglesia Católica contiene dos fiestas dedicadas al culto de la Cruz, la Invención de la Santa Cruz, que hoy 3 de Mayo se conmemora, y la Exaltación, el 14 de septiembre. La Exaltación, conmemora la dedicación de las basílicas de Jerusalén, es de origen oriental y no pasó a Occidente hasta fines del siglo VII, a través del rito romano. Pero la Invención de la Santa Cruz es muy anterior y es conmemorada desde muy antiguo. En España aparece en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes, poniéndola en relación con el relato del hallazgo por Santa Elena de la auténtica Cruz de Cristo.
La historia, o más bien la leyenda, proclama que el Emperador Constantino, el Grande, en el sexto año de su reinado, se enfrentaba con los bárbaros a orillas del Danubio, en una batalla cuya victoria suponía imposible a causa de la magnitud del ejército enemigo. Otras versiones, sitúan la escena antes de la victoria sobre Majencio en el Puente Milvio, el 28 de Octubre de 312. El caso es que, una noche, Constantino ve que en el cielo se le aparece brillante la Cruz de Cristo y, sobre ella, las célebres palabras: "In hoc signo vincis" . “Con esta señal vencerás”. Constantino, hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, así como en los escudos de sus soldados -este sería el origen del futuro Crismón- y entonces venció sin dificultad al numeroso ejército enemigo. De vuelta a la ciudad, investigó y averiguó (era un pagano) el significado de la Cruz, se hizo bautizar en la religión cristiana, mandó edificar templos y envió nada menos que a su propia madre -después Santa Elena- a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. Una vez en la ciudad sagrada, Elena mandó llamar a los más sabios sacerdotes y logró hallar el lugar donde se encontraba la Cruz, pero no estaba sola. En el monte donde la tradición situaba la muerte de Cristo, encontró tres maderos ensangrentados ocultos y, para descubrir cuál era la verdadera cruz donde falleció Cristo, colocó una a una, alternativamente, las tres cruces sobre personas enfermas, que se curaban al ser tocadas por una de ellas. Esa, había sido la de Cristo. A partir de ahí nace la veneración a la Santa Cruz. Y fue Santa Elena quien murió rogando a todos los que creyesen en Cristo, que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz. Este es el origen cristiano de la fiesta.
Sin embargo, en esto como en todo, no vamos a negar que los orígenes de estas fiestas populares del mes de Mayo han sido muy discutidos, conectándolos, ya desde el Renacimiento, con las festividades clásicas grecolatinas, y por tanto mucho más basadas en pura leyenda y construcciones mitológicas. De todas ellas, la más conmovedora y romántica es la del joven Attis, hermoso y apuesto, que vivía en los bosques de Frigia, y al que la diosa Cibeles eligió para sí, haciéndolo guardián de su templo, con la condición de que se mantuviera siempre virgen. Attis, cedió al amor de la ninfa Sagaritis y, en venganza, Cibeles hizo que ésta muriera, derribando el árbol del que dependía su vida. El muchacho enloqueció y se castró, tras lo cual la diosa lo volvió a admitir en su templo. ¿Romántico, verdad?. Existe aún la costumbre, en algunos pueblos, de colocar un gran árbol llamado “mayo”, al que se adorna y se convierte en centro de una celebración festiva. "Mayo”, también, suelen llamar, en algunos lugares a un olmo desmochado, que los mozos trasladan desde un lugar a otro. Y también, en otros sitios, suele situarse un tronco muy alto, de álamo verde, vestido de flores, cintas, ramas y frutos, y en muchas partes pañuelos de seda y otras prendas de vestir, que plantan, o plantaban, los jóvenes en la plaza, y a cuyo alrededor se bailaba todo el día con gran alegría. Con el tiempo, la autoridad eclesiástica, en su lucha contra las prácticas paganas, muchas veces obscenas e inmoralizantes, hizo que el “mayo-árbol” se convirtiese en el “mayo-cruz”, conservando los demás elementos, o la mayor parte de ellos. Y, sin duda, el paso de la celebración pagana a la religiosa, en ambos casos popular, resultó favorecido por el culto litúrgico a la Cruz, mucho más antiguo. Desde luego, para los cristianos, esto es lo esencial, sin perjuicio de casi ninguna otra cosa: La adoración y exaltación de la Cruz donde murió Cristo, nuestro Redentor. Luis Madrigal.-
Arriba, algunas de las Cruces de Mayo, de entre las muchas que se levantan en Andalucía
SABER MORIR PARA NO SER ESCLAVO

En la imágen, el cuadro de Goya, "Los fusilamientos de 3 de Mayo", asimismo recientemente restaurado.-

