sábado, 29 de noviembre de 2008
viernes, 28 de noviembre de 2008
EL ORDEN
El orden, no es, tan sólo, la adecuada colocación o disposición de las cosas. Ya se sabe: Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio. Esto, a lo sumo, no puede ser más que una descripción meramente instrumental, externa, epitelial, de la idea de orden. Y ello, por dos razones que creo radicales. En primer término, se refiere tan sólo a las cosas. Y las cosas, no existen, sino que únicamente “están ahí”. Es el “dasein” de Heidegger. Esta palabra alemana tuvo que ser inventada, porque en esa gran legua no existen, sin embargo, dos verbos, como en castellano, ser y estar, con lo cual el gran filósofo existencialista hubo de inventar su “dasein” (o “estar ahí”), que referido a las cosas equivale a afirmar que éstas no existen, porque existir es “estar en el tiempo para ser”. Y en este sentido, el único que existe es el hombre, el ser humano. La cosas, no pueden existir porque, aunque perduren millones y millones de años -con independencia de que puedan destruirse o transformarse, si hemos de dar crédito a Lavoisier, un vulgar químico francés del siglo XVIII- jamás podrán alterar su propia naturaleza de cosas, como un gato no puede dejar de ser gato, para ser perro o caballo, por muchos años que viva. Casi en el mismo sentido, tampoco existe Dios, sin que esta afirmación, que pudiese parecer excesivamente rotunda o radical, pueda contener la menor brizna de ateismo. Dios, ni existe ni puede existir, por que ya es, eternamente, y ni necesita ni puede albergarse en el tiempo, al igual que las cosas, que tampoco están en el tiempo, sino tan sólo “ahí”. Así, pues, sólo existe el hombre, el ser humano, por lo que, en consecuencia, el orden en las cosas, aunque necesario, no puede ser esencial. Y, en segundo lugar, aquella descripción, tampoco puede contener más que una sola -la del orden espacial- de las muy diversas dimensiones o sentidos de la idea de orden, la cual, en su unidad, pueden alcanzar hasta siete más. De tal manera que, al orden espacial, hay que añadir inmediatamente la idea del orden temporal, tan asociado a aquél. El orden temporal, consiste en realizar cada acción en el momento oportuno, para que pueda aportar la conveniencia o utilidad que se persigue. Y, así, es preciso considerar también el orden estático y su antípoda, el dinámico. El orden estático, o de composición, es aquel que dispone las cosas iguales y desiguales para dar a cada una de ellas la entidad y consideración que respectivamente merecen, porque es evidente que, ni las cosas ni las personas, son todas iguales, ni en consecuencia pueden ser ordenadas de la misma forma. Esta dimensión del orden se enuncia en el principio que San Agustín, en su “Civitate Dei”, formuló como “Parium dispariumque rerum sua cuique loca tribuens dispositio”. Su antípoda, el orden dinámico, llamado también teleológico o de finalidad, consiste en la adaptación y disposición de cada cosa a su propio fin. En efecto, no es posible escribir con una escoba ni barrer con una pluma estilográfica. Esto sería, verdadero des-orden, en el sentido apuntado. Y fue otro gran genio de
Parece ya ahora más claro que, el orden, no sólo es, o consiste, en aquella descripción inicial, (la “colocación” de las cosas, ya en cajones o armarios, ya en modernos archivadores para CD o DVD), ni tampoco en verse uno obligado a observar forzosamente una determinada conducta porque un “guardia de la porra” nos obligue a ello. El orden, como se habrá podido ver, con independencia de sus categorías específicas, en su concepción unitaria, resultante de la mezcla de todas ellas, es mucho más. Muchísimo más. Está impreso en el universo entero y en el alma humana. El orden, no necesita ser explicado, lo que requiere explicación es el des-orden, causado tan sólo por el libre albedrío humano. Así, pues, el orden preside todos los fenómenos naturales, las estaciones del año; el curso de los planetas, de sus órbitas o derivaciones periódicas, regulares o irregulares, más o menos exactas. Y está presente también en el cultivo, desarrollo y recolección de los frutos de la tierra. En consecuencia, el orden es el objeto de
No obstante, aparte la asquerosa pintada que hoy ensombrece esta entrada -todas las pintadas en las paredes son asquerosas, pero algunas mucho más que otras- no puedo resistir la tentación de aportar otras dos excelentes y repugnantes muestras de des-orden, en este caso de des-orden "musical". Aquí las tienen, las tenéis todos, seguidamente. ¡Que Dios les perdone!
jueves, 27 de noviembre de 2008
LA REINA DEL URUGUAY

Verdaderamente, todo esto a mí, poco me importa, aún importándome mucho. Lo que me parece más conmovedor, más significativo y, por supuesto, mucho más romántico, es subrayar que el Río Uruguay, es un río misterioso, bucólico y mágico; forjador de sueños y encantos, desde cuyos bancales de arena puede divisarse y contemplarse la luna en las noches más embriagadoras del plenilunio, cargadas de ensueños y melodías de amor. Y, como casi todos los ríos así de románticos y sensibles, el Uruguay ha de tener una "Reina", como la tenían aquellas Ondinas, o Hadas de los Lagos, o las Nereidas, todas las cuales amaban el agua, como elemento más puro y noble, bien en los remansos, bien en las cortinas de las cascadas. Pero, la "Reina" del Río Uruguay, en la Mesopotamia argentina, nada puede tener que ver con ninguna de aquellas Nixies, las más antiguas Hadas de los Ríos, y oriundas de Inglaterra; ni con las Fenntten germánicas, ni mucho menos con aquella malvada Glaislip de Noruega, bella mujer, con torso humano, pero con el resto del cuerpo en forma de diabólica cabra... Ni aún con la dulce y amable Stromkarl, el "Hada de la Música", que habita en las pequeñas cascadas y era famosa por sus once tonadas para danzar... No, la Reina del Uruguay, es benévola, dulce, paciente, amorosa, a veces triste y nostálgica, pero siempre pura y sincera. Ella, se extasía temblorosamente ante las aguas de su Río, que a veces re-descubre, tras el tiempo, también misterioso e infinito. Y tantas veces, sobre todo en las noches de luna, se la puede ver prendida del cielo, sobre las aguas del Río del que absorve la vida y la canción. No es facil verla, tan sólo podemos hacerlo algunos privilegiados, porque, como todas las diosas, se oculta cuidadosa y púdicamente, fundiéndose con el mismo cielo, para mejor reflejarse en las aguas del gran Río. Pero, con su previo y expreso consentimiento, en la fotografía de arriba, la que preside la entrada de este humilde Blog, si ustedes se fijan paciente y detenidamente, si os fijais todos bien, puede vislumbrase su imágen, sutil y misteriosa, sobre el propio sentir poético, que ella siempre desperdiga, y tras una bellísima flor, que por allí llaman gervera. La Reina del Río Uruguay, naturalmente, también tiene nombre... Se llama Alicia. Luis Madrigal.-
miércoles, 26 de noviembre de 2008
ESPAÑA, GANA LA COPA DAVIS


martes, 25 de noviembre de 2008
lunes, 24 de noviembre de 2008
VERDE, QUE TE QUIERO VERDE...


VERDE, VERDE... SÓLO VERDE
Verdes valles, verdes prados,
huertos y olivares verdes...
Verdes hojas, verdes tallos
que, del ocre, nacen verdes...
Verdes mañanas de Mayo,
que al invierno reverdecen.
Verde juventud lejana,
que ha muchos años fue verde,
tocada de azul y oro y... de rojo, pero verde.
Verdes veredas de Octubre,
entre zarzales aún verdes,
cuando el sol de oro salpica
en calma las blancas sienes.
Verde esperanza perdida,
verde esperanza que viene...
Verde... como el Camposanto,
que guardan cipreses verdes.
Luis MADRIGAL
viernes, 21 de noviembre de 2008
A CÓRDOBA...
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!
Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre glorïosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas rüinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,
Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España
Luis de Góngora y Argote
Córdoba.
Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
Córdoba.
Lejana y sola.
Federico García Lorca
