viernes, 7 de mayo de 2010

SONATA DE OTOÑO



TUYO EL SILENCIO, MÍA LA ESPERA


Si el silencio es tu voz,
y cuando con estruendo gritas,
se oye, en el callado bosque, quieta calma.
Si cuando yo te espero, sin que vengas, tu sentido
hace séquito y cortejo toda mi alma.
Si, aunque nunca me digas que estás sola,
conmigo siempre estás, y en mi memoria
cabe, sin ser, de ayer toda tu historia,
no hace falta que emitas ni un sonido...
Se oirá en mi pecho, del tuyo aquel latido
que tantas veces oigo y doy al viento
cuando, al ponerse el sol, siento el lamento
que hasta tan lejos llevo dolorido.
Será tu frío Otoño, ardiente Primavera
que encienda el cielo hosco, y haga de colores,
por ti y para ti, brillar las flores
que alienta el sol, cuando iza la bandera
de la vida, que habita en mis entrañas.
Y a la noche, cuando en el cielo al fin fulge la luna,
mi soledad retorna sin tenerte,
y siento ya que nunca podré verte,
todo el silencio es tuyo... Mía es la espera.


Luis Madrigal



 

miércoles, 5 de mayo de 2010

BUSCANDO SU CAMINO



                      TE BAJARÉ UNA ESTRELLA


Mañana, cuando el rayo
encienda mil claveles
y sus colores brillen en onda cristalina,
te libraré del frío y de las hojas muertas,
presagio de la sombra, en fantasmal espectro.
Por ti, abriré mis ojos,
para que veas el manto
que viste a la campiña,
verde, como esmeralda, plagado de alhelíes
y dulces margaritas
de corazón de oro y pétalos de nieve.
De rosas encendidas; de sutiles jazmines;
de dalias, semejantes a tus labios de seda.
Por ti, oiré el susurro del viento, que suspira
tu recuerdo cercano, que tan lejos habita,
y aquel canto que deja el mirlo en la alameda.
Por ti, estaré esperando
a que salga la luna
y las estrellas brillen con su vientre de plata,
para verte en aquella que siempre al Sur camina,
envuelta en el misterio que guardas en tu pecho.
Bajo tu techo helado,
le pediré que, al verte,
deje caer un beso, entre flores dormido
que, cálido y alado,
entre tu sueño oculto, feliz y estremecido
en tus labios despierte.


Luis Madrigal



martes, 4 de mayo de 2010

¿PERDIDA ENTRE LAS NUBES?



YA NO PREGUNTO


Ya no pregunto al aire, ni a la lluvia,
qué fué de ti... ¿Perdida entre las nubes
que ellos mueven y habitan?
¡No te han visto...!
Nada saben de ti, de tu mustio silencio,
de tus roncos pesares,
ni de tu hercúleo esfuerzo, tras las horas
intensas y agobiantes de constante fatiga.
Ni del hondo sentir que, allá en tu alma,
endulza las amarguras del alcíbar
y cura las heridas del caído;
sus angustias que, en torno a tu ternura,
se aferran a la vida,
entre el sabor acre de la sangre...
¡Ya no pregunto a nadie!
Ni siquiera a ti misma. No te busco,
para eludir la aflicción de no encontrarte...
¡Ya no te espero!,
para no esperar eternamente a nadie...
Ya no pregunto nada...!
Lo peor de una pregunta sin fe,
es una respuesta sin esperanza...
¡Ya no te pido nada!
¿Para qué pedir? No hay tortura más dura y dolorosa,
para quien pide,
que encontrar el vacío de no hallar nada...
Como en noche cerrada,
que oculta entre su negro manto,
diminutas estrellas, perdidas entre la niebla.


Luis Madrigal





lunes, 3 de mayo de 2010

SONATA PATÉTICA



TAN SÓLO HE DE VIVIR
SI CON ÉL MUERO


¡Cuánto dolor, cuánta penosa hora
discurre desde el alba hasta el ocaso...!
¡Cuánto miedo y temblor arrastra el paso
cuando tiene que andar lo que deplora!

Cómo el polvo de ayer se torna ahora
empañado cristal... Tal vez, acaso
un nubarrón, que oculta el cielo raso
o el despertar amargo del que llora.

Mas, sólo viviré si yo acompaño
a quien, cual fiero rayo, hirió el destino;
a quien, desnudo, le privó del paño;

hambriento y desnutrido, del molino;
sediento y arrastrándose, del caño...
Al que, en lo alto el sol, erró el camino.


Luis Madrigal




TRAS LA HUELLA DE ROSALÍA


NEGRA SOMBRA

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.


Rosalía de Castro
MANTO DE LUZ

Tras de mí, siempre una sombra
que a mis entrañas conmueve.
Cuando la miro de lejos,
es más sombra y me estremece,
mas, si la miro de cerca,
se esfuma y desaparece
huyendo de la luz pura,
que ante mis ojos florece.
Tengo que llevarla dentro
-dentro de mí-  que ilumine
principio y fin del camino,
mientras mi paso camine,
tejiendo de luz un manto
para arropar mi destino.


Luis Madrigal




domingo, 2 de mayo de 2010

LUCI, VIVE EN OTRA FORMA



No la conocía ni, tal vez, nunca hubiera podido conocerla, pero llevaba  quince días rezando cada noche por ella. Rezaba yo, por mi pobre cuenta, pero junto a mí rezaba también por Luci un grupo de oración, un grupo de hermanos, que tampoco la conocían. Para todos, era suficiente saber que estaba muy enferma. Nuestra escasa fe, o quizá la justa y verdadera, nos impedía pedirle al Señor que le salvara la vida, dado el diagnóstico de los médicos y la situación en que corporalmente se hallaba en el lecho del dolor. Sabíamos que a Dios, no se le puede poner "contra las cuerdas", y exigirle que haga milagros tantas veces como a nosotros nos gustaría que los hiciese, porque, de lo contrario, nadie podría morirse nunca. Y eso no puede ser. Tenemos que morir alguna vez, para poder vivir eternamente. Lo que sí acordamos en el grupo pedir al Señor, con toda nuestra alma, fue que confortase a Luci en sus últimos momentos y que, cuando bajase hasta su lecho de muerte, para llevársela consigo, le infundiese el valor, la paz y la alegría de poder desearlo. Nuestra esperanza, y de eso sí estoy seguro, es que se haya cumplido lo que le pedimos, porque sin duda así habrá sido. Y ahora, será Luci quién interceda por todos nosotros. No sólo por los seres que más la han querido en este mundo, su marido y su hija Lucía, casi aún adolescente. Sus hermanos, sus primos y sus amigos del alma. Pero también ella intercederá ahora por los que antes éramos unos "desconocidos", porque ahora ya nos conoce, el Señor ya le habrá dicho a Luci quiénes somos, cómo discurre nuestra azarosa y doliente vida. Y Luci, le pedirá que nos ampare y nos tienda su mano cada minuto de nuestra existencia. ¡Enhorabuena, Luci! Y... muchas gracias. Mañana mismo, como cada Lunes, se reune el grupo que "te ha velado" durante estos últimos días de tu vida en la tierra. Debo informarle de que ahora eres tú quién te acuerdas de nosotros, y el grupo se alegrará y dará gracias al Señór. Entretanto, esta misma tarde, han llegado a mí estos pobres versos,  un Soneto asonante en alejandrinos, que también te ofrezco, aunque ya no necesitas nada, y que ofrezco como consuelo a tus seres más queridos, Ana, Lolín, Toñi, y por descontado María Dolores y Man, por quién supimos de tu dolor en la tierra. Alegraos todos: Luci, ya ha resucitado, ¡Aleluya, Aleluya!.


                                                ME HIERE LA MEMORIA
                                             PERO ME LIBRA EL VUELO

"Después de esto,
se mostró en otra forma
a dos que iban de camino... "

(Mc 16, 12)


Me duele la memoria de quienes existieron...
La nostalgia que llora, sabe que sin su huella,
el caminar cansado tropieza con la piedra
que ayer ellos volando  salvaron, pies ilesos.

Sin recorrer caminos, ya nunca estarán muertos,
porque, ahora, con alas, su espíritu atraviesa
los muros y las nubes; la ola, en la hora quieta
del mar embravecido, que oculta zarcos vuelos.

Pasos, ayer al lado, tan estrechos y hermanos;
pechos que nos tuvistéis en vuestro seno oculto,
palabras que, amorosas, nos dejaron cien salmos...

¡Venid a mí, volando, romped el paso oscuro
del Meridiano claro, al separar nuestras manos!
Decidme que, gloriosos, vivís sin negro luto.


Luis Madrigal




sábado, 1 de mayo de 2010

TRECE SONETOS DE AMOR (IX)



DEJÉ HUIR MI MIRADA

No tendría otro impulso que ofrecerte
sino la fortaleza, nunca herida,
de mi débil palabra, tan vencida,
oculta tras la fuerza de quererte.

De suspirar por ti, aun sin saberte,
como si, en vez de viva, estés dormida
y despiertes en hora tan huida
que, entre mis brazos, pueda yo tenerte.

Repicaría a esa hora una campana
de gloria, alegre, y del color que viste
el del oro a la luz de la mañana.

Que ya al gritar del alba tú viniste,
mas cautiva mi alma soberana,
dejó huir la mirada, caída y triste.


Luis Madrigal