miércoles, 7 de enero de 2015

"YA SE VAN LOS REYES MAGOS"



SE FUERON YA...

“Y avisados en sueños que no volvieran a Herodes,
se retiraron a su país por otro camino”

Se fueron dejando tras de sí infinidad de ilusiones puramente humanas, es decir, paganas; se fueron sin decir adiós, al revés de cuando llegaron, que fueron recibidos por todos los Alcaldes, o casi todos, de todos los Ayuntamientos de España y, a su vez, uno de ellos, generalmente Melchor, que es el de mayor edad, pronunció un discurso, diciendo a todos los niños que debían ser “buenos”. Pasó la noche, dicen que inmensamente feliz y, pasó el día entero, el día de Reyes. El día de La Epifanía, que no significa otra cosa, sino manifestación, revelación. El que se manifiesta, el que se revela a toda las Naciones es el mismo Niño nacido en Belén, para decir a todos los semitas, judíos o árabes  -puesto que ambos lo son-  a todo el Oriente y a todo el Occidente, que, en Él, sólo en Él, está la salvación, la vida eterna, esa que prevalece, o más bien continúa, después de la muerte. En realidad, no hay dos vidas, esta y “la otra”, como suele decirse, sino una sola vida y yo quiero imaginarme se cruza la frontera, la de la muerte, que pone fin a todo sufrimiento, a la Vida de total y absoluta felicidad, como se traspone el umbral, dentro de la propia casa, de una habitación a otra. Para ello, para que se produzca tal prodigio, de bienaventuranza total, no es preciso más que querer a los otros, a los demás, a los que me rodean, como si se tratase de yo mismo. Tan sólo eso  -¡tan sólo!-  es necesario. Todo lo demás, es un simple medio para que pueda brotar el amor.

Se fueron los Reyes Magos. Y ahora qué. Ellos cumplieron ya con su cometido. No sabemos si eran o no “Reyes”, ni siquiera si eran tres, ocho o doce, desde luego “magos” sí, es decir astrónomos, gente que estudiaba las estrellas para leer en ellas la Verdad. Y ante la Verdad se inclinaron. Pero ellos, ya se han ido. Ahora sólo quedamos nosotros y estamos tal vez muy solos y muy aturdidos. Como a Antonio Machado la mar, el ruido nos “asorda” y quizá como él también tenemos “la garganta ronca de gritar sobre los mares”, tratando de encontrar esa Verdad, el Camino para seguirla y alcanzar la Vida para siempre, eternamente. Unos la rechazan en nombre de las ecuaciones; otros, porque no quieren complicarse la existencia, cómoda y feliz hasta "echar panza" y dormir la siesta todos los días. Los más porque no somos capaces, debido a nuestro egoísmo. Además de difícil, es muy duro encontrar la Verdad y, por ello, incluso a los que decimos querer buscarla nos sucede también lo mismo que le sucedida a Don Antonio, que la buscaba por todas partes “sin encontrarla jamás”, pese a que él la encontraba siempre “sólo por irla a buscar”. Pero, hemos de seguir buscando, hasta encontrarla de una vez por todas, cara a cara y para siempre. Y, en este propósito, nos ayuda sobremanera el propio pasaje bíblico de San Mateo, que narra lo acontecido con aquellos “Magos”. Ellos, llegaron por un sitio, siguiendo el rastro de la estrella, pero se fueron por otro distinto.

Sin duda en eso debe consistir la solución. En cambiar de camino. En emprender uno distinto. Otro nuevo. Mejor. He encontrado infinidad de villancicos relativos al hecho de que "ya vienen" los Reyes Magos, pero ninguno a que ya se han ido. ¡Qué lastima!. En su defecto, publicaré el tan conocido y, a falta del que me gustaría, de existir, por partida doble, o en doble versión.

Luis Madrigal




Arriba, pintura al fresco (separado de la pared) de
Bernardino Luini
(Dumenza, 1480 - Milán, 1532)
(Louvre, París)

lunes, 5 de enero de 2015

EL ESPÍRITU DE JESÚS DE NAZARET



ENSUCIARSE LAS MANOS
 En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas
llegan antes que vosotros al Reino de Dios”

(Mt 21, 31)
Ha sido frecuente decir siempre, desde tiempo inmemorial, que “los extremos se tocan”, y ello tal vez, sin demasiado rigor, por el título dado a aquella obra escrita nada menos que por un espiritista, es decir por un teósofo, el español Joaquín Trincado Mateo (Cintruénigo, Navarra, 1866), que la publicó justamente con ocasión de la I Guerra Mundial, entre 1914 y 1929. El espiritismo -íntimamente emparentado con la Teosofía- es una doctrina surgida en Francia a mediados del siglo XIX, a impulso del asimismo pedagogo y escritor francés Allan Kardec, según la cual los espíritus, o seres sin cuerpo material, pueden entrar en contacto con los seres humanos. La esencia, podría decirse, del espiritismo es, pues, la comunicabilidad espiritual, o “mediumnidad”, llamada así por ser indispensable que el espíritu encarnado pueda comunicarse con los espíritus desencarnados (generalmente personas ya fallecidas), a través de un “médium” que necesariamente ha de poseer un cuerpo material, por lo que únicamente los espíritus encarnados pueden ser mediums.
Contra lo que pudiera parecer, incluso por lo que muchas personas piensan, el espiritismo no es un movimiento ateo, sin que por ello se encuentre conectado a ninguna religión concreta. La primera afirmación o premisa esencial de tal filosofía es precisamente la de la existencia y unicidad de Dios, como primera causa inteligente, postulando que Dios es eterno y por tanto perfecto hasta el infinito. La segunda afirmación es la de la igualdad espiritual, de tal modo que Dios es el creador de todos los espíritus, creándolos por igual simples e ignorantes, sin privilegiar a ninguno. Es más, hasta puede decirse que la doctrina espiritista toma partido por la religión cristiana, al considerar a Jesús de Nazaret, si bien en su naturaleza humana, el mayor modelo a seguir, por su legado moral. Su desnaturalización divina le hace ser a Jesús merecedor de su evolución únicamente por su propio esfuerzo, condición ésta que todo espíritu necesita para progresar.
Sin embargo la cuestión relativa a que las manos  -nuestras manos-  puedan encontrarse limpias o sucias, más que al espiritismo, y en lo que atañe a la expresión tópica de referencia  -“los extremos se tocan”- sin duda guarda mucha más íntima relación con la pieza teatral del existencialista francés Jean Paul Sastre, que, en el año 1948, y en el Théâtre Antoine de París, estrenó “Las manos sucias”, drama en siete actos que explora las discrepancias entre el “deber ser” y el “ser” y, sobre todo, la ambigüedad moral dentro del compromiso político hasta llegar al enfrentamiento entre la praxis de la eficacia y el riesgo de poner en peligro los propios ideales. Es decir, hay que “ensuciarse las manos” para poder alcanzar el ideal que se persigue. Y, en este punto, es en el que cobra todo su significado la expresión de referencia, porque si se substituye la idea de compromiso político por la de vocación apostólica, puede comprobarse una vez más que el comunismo, materialista y ateo, presidido en aquel caso por la más negra corriente existencialista, la del existencialismo francés, es un “extremo” que viene a “tocarse” con el del más limpio y sublime ideal cristiano, el de llevar a los solos la compañía; a los hambrientos, el pan; a los que lloran, el consuelo y la morada a los sin techo, que vagan por las calles bajo el sol y bajo las estrellas. Y no sólo a todos estos, sino también a los ladrones, sin prescindir por ello de la justicia que se les debe aplicar, y a las prostitutas, esas pobres mujeres que en no pocas ocasiones han terminado arrastrándose, fruto de un simple error, para poder subsistir.
Y tal vez porque los extremos se tocan, en su homilía durante la Misa en la Casa de Santa Marta el día 6 del pasado Noviembre, el Papa Francisco afirmó tajantemente y sin rodeo alguno, que “el verdadero cristiano arriesga su vida y su fama, sin tener miedo a ensuciarse las manos”, para ir al encuentro de todos aquellos cuya vida pueda hallarse al margen de Dios. Porque, recordó el Papa, que sólo los escribas y los fariseos se escandalizan porque Jesús “acoge a los pecadores y come con ellos”. Ellos, se quedan “a mitad de camino”, dijo el Santo Padre, no como Dios, que siempre “sale al campo”. A campo abierto, pese al escándalo de los fariseos. Y, concluyó el Papa, “cuánta perversión hay en el corazón de aquellos que se creen justos” y que, para seguir pareciéndolo, “no quieren ensuciarse las manos con los pecadores”.
Es posible que los “extremos” se toquen, que vengan a coincidir en algún punto crucial, pero siempre me he preguntado, ¿para qué una doctrina tan cruenta, aterrorizadora  y miserable como el comunismo, pudiendo ser cristiano? Eso sí, hay que ensuciarse las manos. Y, si es preciso, morir en vida.

Luis Madrigal.

Al Padre Matías Martínez Ayerra,
en el día de su inhumación

y a toda la Congregación de los
Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y de María
(Sede de Mallorca)




miércoles, 31 de diciembre de 2014

SE RESISTÍA A LA MUERTE




LA FORTALEZA DE UNA FLOR

Sentía la flor el frío del Invierno,
mas en su lecho gélido dormía.
Su blanca tez al hielo resistía,
cual si fuera su sueño el sueño eterno.

No añoraba el calor, aquel infierno
que en Julio la mataba al mediodía
y, a pesar de la escarcha, sonreía
recordando que fue capullo tierno.

Sus pétalos yacían, casi ajados,
sin declinar por ello la sonrisa.
Y los ecos del viento, ya apagados,

vagaban desde el Norte, con la brisa
que vestía de gris los días helados,
sin tener en morir ninguna prisa.


Luis Madrigal




Adagio del Concierto Nº 5 en Si Memol
de Arcangelo Correlli

Arriba, Leontopodium Alpinum


FELIZ AÑO 2015
a todos quienes se acerquen a este humilde Blog





Luis Madrigal

martes, 30 de diciembre de 2014

MAR ADENTRO


CANTARES A LA MAR

TRES CANTARES ENVIADOS
POR ANTONIO MACHADO
A UNAMUNO EN 1930


I

Señor, me cansa la vida,
tengo la garganta ronca
de gritar sobre los mares,
la voz de la mar me asorda.
Señor, me cansa la vida
y el universo me ahoga.
Señor, me dejaste solo,
Solo con el mar a solas.

II

O tú y yo jugando estamos
al escondite, Señor,
o la voz con que te llamo
es tu voz.

III

Por todas partes te busco,
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro
sólo por irte a buscar.

Antonio Machado



TRAS LA HUELLA
DE ANTONIO MACHADO


I

No te buscaba, Señor
y me exigieron buscarte
fuera de mí… En tantos mares...
Hube creer que no andabas
donde nunca andaba nadie.
Entre miseria y dolor.

II

Nadie me dijo que estabas
dentro de mí, sin cristales,
y que al hombre que camina
y sufre por tantos males,
yo tendría que llevarte.

III

Señor, por ir a buscarte
si tocarte y sin mancharme,
no te encontré donde estabas.
Y ahora que te busco en mí
seguro estoy de encontrarte.

Luis Madrigal








Movimientos 9 y 10 del CREDO
de la GROSSE MESSE, KV 427 de
Wolfgang Amadeus Mozart

Arriba, pintura del
Ecxmo. Sr. Don José Manuel Fonfría Arnaiz,
Académico de la Real de la Mar

lunes, 29 de diciembre de 2014

NOSOTROS "QUEREMOS"




LA HERMANA CORAZÓN
Solemos oír muchísimas veces  -y hasta demasiadas lo decimos nosotros mismos-  que los cristianos somos incapaces de llevar los preceptos del Evangelio al mundo y que, por ello, éste es como es. Sin duda, esto, en una gran proporción, es verdad. El cristianismo es de muy difícil ejecución, casi diríamos prácticamente imposible. Eso de renunciar a uno mismo para entregarse a los demás (a “los que no son yo”) es tarea ontológicamente “contra natura”, si uno se embelesa al mirarse el ombligo y, sobre todo, se va acostumbrando con dejadez a no situarse frente a las cosas, esos objetos corporales del mundo exterior, determinados y apropiables. ¡Es tanta su fuerza atractiva! No nos vale aquello que decía Zubiri. Si no tomamos cierta distancia de las cosas, si no nos situamos frente a las cosas,  sino que nos abrazamos a ellas hasta que casi formen parte de nosotros mismos, entonces nos “cosificamos”, nos convertimos en otra cosa más, dejando de ser personas. Tan sólo nos personalizamos cuando, como mínimo, podemos decir hasta aquí llegan “mis” cosas y aquí comienzo yo, para después obrar en consecuencia. Establecida, de forma operante, esta frontera entre las cosas y “yo”, entonces nos personalizamos, somos verdaderamente personas, y no cosas. Esto, es muy bonito y, sin duda, muy cierto. Pero, en la lucha por trazar y establecer esa frontera, la mayor parte de los cristianos, pienso yo, terminamos por sucumbir. Y por eso el mundo está como está.
Sin embargo, hay algunos seres, y puede que no sean tan pocos, que nos hacen recuperar la esperanza en la vocación y el destino cristianos. Son esas personas, hombres y mujeres, que lo dejan todo para ocuparse de los otros, para padecer junto a ellos y hasta morir por ellos, como ya hemos comprobado recientemente y muchas veces más.
Uno de esos seres celestiales, más que terrenales, fue en vida la misionera española de la Congregación de María Inmaculada, que profesó en Madrid, el día 9 de Octubre de 1928, con el nombre religioso de María del Corazón Eucarístico. ¡Vaya nombre! A cualquier ateo o frívolo, como yo mismo, le parecerá hasta ridículo el nombre, sobre todo teniendo en cuenta que ni los nombres, ni el solemne liturgismo vaticano, pese a su belleza objetiva, ni  las “ceremonias teatrales” de tercera, a las que últimamente algunos nos vienen acostumbrando, añaden nada de nada al espíritu cristiano. Ignoro cual podría ser el “estilo” litúrgico de la Hermana Corazón, que antes de ser religiosa, se llamaba Jovita García Peláez, pero lo que sí sé es que pasó hambre y frío en Francia, al inicio de la Guerra Civil española; que más tarde hubo de padecer en Inglaterra, y en carne propia, las atrocidades de la II Guerra Mundial, al frente de una comunidad de doce Hermanas de la misma Congregación que asistían a mujeres refugiadas del este de Europa, todas ellas muy jóvenes y en su mayoría judías que huían del terror hitleriano. Finalizada la gran Guerra, la Hermana fue trasladada, primero a Méjico, donde cooperó decisivamente en la Fundación Tlacotepec, en plena Sierra mejicana, y después a la India, donde su Casa se fue llenando de niñas huérfanas, pobres y abandonadas, a las que otorgó su amparo y protección, pero sobre todo su cariño, como si se tratase de su verdadera madre, y donde aún son muchas las personas que recuerdan con admiración y gratitud a la Hermana Corazón. ¿Qué razón podría haberle llevado a tales lugares y situaciones, si ella había nacido en Francos de Tineo, Asturias? En la respuesta a esta pregunta cabe fundar nuestra esperanza de hacer algún día del cristianismo no sólo una bella utopía, sino una palpitante realidad.
La Hermana Corazón, fiel a la obediencia, pudo conocer también la sociedad opulenta que describió y ensalzó el economista canadiense John Kenneth Galbraith, cuando fue trasladada a la Ciudad de Nueva York, en la que permaneció catorce años y por último a San Antonio de Tejas donde el día 14 de Noviembre, de este mismo año 2014, acaba de morir a la edad de 110 años. Pero el capitalismo americano no fue la fuerza de su vida, sino la fe en el Evangelio de Jesús de Nazaret y el amor a sus hermanos los hombres.
Luis Madrigal



domingo, 28 de diciembre de 2014

ANTES DE QUE TERMINE EL AÑO



MÚSICA HISPÁNICA DE IDA Y VUELTA

Siempre me llamó la atención, pese a ser un arma de guerra, ese artefacto llamado boomerang, pretendidamente australiano, pero que al parecer utilizaron ya otros muchos pueblos, entre ellos, cómo no, los egipcios. Es este instrumento un arma que, tras ser lanzada, es devuelta, o mejor dicho regresa por sí misma a su punto de origen. Con otros artefactos similares, como los olímpicos, peso, disco, martillo o jabalina, no puede suceder nunca lo mismo. Siempre se quedan en el mismo lugar en el que caen, sin posibilidad de retorno alguno. Bien es verdad que es preciso hacer una importante aclaración. El artefacto en cuestión retorna a su lanzador siempre y cuando no impacte en el objetivo. Y, por otra parte, ya he dicho que se trata de un arma de guerra, de caza o de ambas cosas. Pero, me he preguntado siempre también si cabría convertir este bélico o violento instrumento en un vehículo y al mismo tiempo cauce de los sentimientos más sublimes. Difícilmente los sentimientos pueden guardar relación alguna con la materia, sobre todo el amor que es el más sublime de todos ellos. Y, sin duda, por este motivo, aún no ha podido ningún ingeniero inventar tal producto.

En estos día de Navidad  -aunque la verdadera Navidad sea todos los días-  suele verse por las calles, y en las casas, esa planta de brácteas florales, de intenso color rojo fuego. Son brácteas que terminan siendo verdaderas flores en la oscuridad y por medio de ella. Por ello, al menos en España y pienso que en todo el hemisferio boreal, es este su momento, el de las menos horas de luz de todo el año. Y, por pura casualidad, pienso yo también, aunque su nombre botánico es el de “poinsettia pulcherrima”, se la denomina “Rosa de Navidad” o “Flor de Pascua”. ¡Que gran error…! Las verdaderas rosas de Navidad, tienen que ser unas flores blancas, tan puras y fuertes al mismo tiempo que crezcan entre la nieve. Pero, a veces, es muy posible también que puedan encontrarse donde ahora el sol es puro fuego, bajo un cielo azul. No en vano la poinsettia, pertenece a la familia del tártago y es originaria de Centroamérica. O tal vez, es seguro, puede encontrarse más abajo. ¡Lástima que todavía nadie haya inventado un boomerang del espíritu!

Luis Madrigal



viernes, 26 de diciembre de 2014

EN EL ETERNO INCIERTO



BUSCABA EL SOL LOS VENTANALES

Buscaban ventanales con anhelo
la caricia del sol, que sonreía
tras el Otero verde, ahora amarillo.
Hojas ya secas, y ocres como el barro,
caídas en el suelo, suspiraban
por la rama de que colgaron verdes
en el lejano estío que dejaron.
Ayer, se había ido ya. Sólo hoy quedaba.
Un hoy incierto, como siempre fuera
mientras vivía el tiempo, ya cansado
de vivir siempre en el eterno incierto.
Quedaba el sol también, un sol enfermo
que a través de los árboles latía
con bronco palpitar, y suspiraba
por los dorados rayos que abrasaban
en el estío mieses y sudores
del alma que, al vivir, fuego sentía.

Luis Madrigal