sábado, 9 de mayo de 2009

UN SONETO DE AMOR, DE DON FRANCISCO DE QUEVEDO



AMOR CONSTANTE MÁS

ALLÁ DE LA MUERTE


Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra, que me llevaré el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora, a su afán ansioso lisonjera,


mas no de esotra parte en la ribera

dejará la memoria en donde ardía;

nadar sabe mi llama el agua fría

y perder el respeto a ley severa


Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriosamente ardido,


su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrán sentido.

Polvo serán, mas polvo enamorado


Francisco de Quevedo



Se ha dicho, alguna vez, que ese Soneto puede ser la máxima expresión de los sonetos de amor, y repetido hasta la saciedad el último de sus versos, el que constituye el verso final del segundo terceto. Yo, sinceramente, no opino lo mismo, tras haber publicado en este mismo Blog los Sonetos de amor de Lorca. Caben todas las opiniones, según el criterio o el gusto de cada cual ¿A ustedes, a vosotros, qué os parece? Luis Madrigal.-

jueves, 7 de mayo de 2009

HOY, COMIENZA EN MADRID LA FERIA DE SAN ISIDRO



Pido disculpas, y hasta mil perdones, por anticipado, a todas las personas, señoras, señores y señoritas para quienes la Tauromaquia, la Fiesta hispánica de los Toros, es "una barbaridad"; a quienes piensan que, en tales festejos, se maltrata cruelmente a los animales; a los que dicen que eso es una especie de ensañamiento. No estoy en nada, en absoluto, de acuerdo, con tal pensamiento, sino radicalmente en desacuerdo con el mismo, por infinidad de razones, alguna de las cuales ya fue expuesta por mi parte el pasado año, en este mismo humilde Blog. Por favor, no se les ocurra, ni en broma, hablar de "los derechos de los animales", porque la justicia sub-humana no existe y el único, absolutamente único sujeto de derechos, es el hombre. No obstante, pido perdón. Pero, hoy comienza la FERIA DE SAN ISIDRO 2009, y los numerosos aficionados taurinos -pienso que abrumadora mayoría- de España, Portugal, América y... ¡Francia! (de cuya nación se dice podría tener en estos momentos el torero núm. 1 del mundo, Sebastián Castella) querrán conocer, al menos los carteles que se han confeccionado para la celebración de las 31 Corridas, desde la del día de hoy hasta la del 7 de Junio próximo. Y no sólo eso, sino que, en la medida de mis posibilidades iré dando puntuales noticias de cuanto se produzca. Espíritus delicados y detractores, a mi juicio, absolutamente equivocados: La Tauromaquia, es el arte plástico quizá más sublime y, en especial valiente (porque "ahí abajo se muere de verdad", no es como en el Cine, o en el Teatro) y una de las artes más cercanas a la danza, a la música, a la pintura, emparentada también con el Ballet y con la Ópera. Aunque, si es verdad eso de querer tanto a los animales y aborrecer y maltratar tanto al hombre, lo siento mucho por ustedes. Felicidades, amigos taurinos y taurófilos, herederos de las viejas costumbres mediterráneas de Creta, que arraigaron tan fuertemente en la Hispania romana, en Malaca, en Gades, en Hispalis, en Corduba "La Sultana", en el Majoritum -nuestro "Majerit" de ayer y de siempre- en la vieja e inmortal Mantua Carpetana, después Corte de Felipe II y después de Pedro Texeira, aquel genial portugués tan injustamente olvidado, que vivió gran parte de su vida en Madrid y que inmortalizó a la Villa y Corte, Capital de las Españas, mediante su también inmortal Plano, en perspectiva caballera, ámbito ideal para los recorridos del Diablo Cojuelo: ¡Que Dios reparta suertes! ¡Que suenen los clarines y timbables, que suene la música. ..! Va comenzar la Feria de San Isidro 2009, en la Plaza Monumental de Las Ventas, de Madrid. Y ¡va por ustedes! Luis Madrigal.-



miércoles, 6 de mayo de 2009

UN SONETO CON ESTRAMBOTE DOLIENTE





EN UN JARDÍN SIN PUERTAS


Era un jardín sin puertas... En verano
lucía esplendoroso mil colores
entre verdor y luz, y tantas flores
que al cielo sonreían tan temprano.

Una -al mirar- quise alzar a mi mano...
Era una bella flor, presa en amores,
que entre espinas sufría mil dolores,
mas ella me tomó como a un hermano.

Era un jardín abierto... No sabía
si en él podría yo entrar, aunque un sendero,
de muy suave pisar, lo parecía.

Llegué hasta aquella flor... No era el primero
en ver tanta belleza... Sonreía
sin ocultar un gesto lastimero...

La puerta, estaba abierta... Yo, salía.


Luis Madrigal

martes, 5 de mayo de 2009

LOS SOFISTAS


Sabía que existía y tenía gran interés en hacerme con ella, pero no había tenido ocasión nunca de poder hacerlo. Al fin, por pura casualidad, la he visto en uno de esos kioskos en los que se vende el periódico "Marca" y la revista pornográfica "Interviú", entre otras obras científicas, propias de aficionados al futbol y "amas de casa" de bajo nivel de instrucción. Está visto que nunca se debe despreciar nada, porque, en cualquier lugar, hasta en un estercolero, a veces, puede florecer una orquídea. También había oído decir que Bertrand Russell, más que un filósofo propiamente dicho había sido un matemático y que, esta "Historia de la Filosofía", en realidad, le fue encargada por haber cobrado ya un cierto nombre y, sobre todo, que él aceptó el encargo para poder comer caliente. Más o menos. También había oído decir, que no era un libro especialmente interesante sino, más bien, muy corriente, y hasta malo, desde el punto de vista rigurosamente filosófico. Para salir de dudas, no dudé yo, a mi vez, en comprarlo, dado el precio relativamente módico y asequible y, desde luego de mucha mejor relación coste-calidad que la revista "Interwiu" o el diario "Marca". Y lo estoy leyendo. Como yo leo bastante despacio, por no haber sido capaz de asimilar ninguno de los métodos de "lectura rápida" -que, sin duda, debieron ser diseñados para políticos, periodistas o "ejecutivos" de grandes firmas comerciales- no he pasado aún de la página 119, de las 892 de que consta la obra. Y, justamente en esta misma página, muy al comienzo del Capítulo X, dedicado a Protágoras, "figura más importante y cabeza de los sofistas", según literalmente dice Russell, me encuentro con algo que me ha parecido muy jugoso y que no me resisto a reproducir a continuación .

En la citada página, Russell afronta la tarea de describir muy gráficamente cómo Platón, en su afán de ridiculizar a los sofistas, caricaturizándolos y envileciéndolos, elige uno de los más ligeros pasajes entre dos de ellos, Dionisodoro y Eutidemo, que se proponen desconcertar a un simple, llamado Clesipo. Y el pasaje, literalmente reproducido de Russell, es este. Comienza el diálogo Dionisodoro:

"-¿Dices que tienes un perro?
"-Sí, uno corriente -
dijo Clesipo.
"-¿Tiene cachorros?
"-Sí, y todos como él.
"-¿Y el perro es su padre?
"-Sí
-dijo-; desde luego vi encontrarse a él y a la madre de los cachorros.
"-¿Y no te pertenece?
"-Ciertamente.
"-Entonces él es padre y tuyo; por lo tanto: es tu padre y los perritos son tus hermanos."


¿Curioso -y muy graciso- verdad? Más seriamente, Russell, interesado por la lógica, nos ofrece la conclusión final del diálogo, en traducción de Cornford: "El arte de contradecir, procedente de una especie falsa de remedo vanidoso de la educación que se ocupa en hacer semblanzas, se derivó de la confección de imágenes, distinguidas como una porción, no divina sino humana, de producción, que presenta un juego de sombras de palabras; así es la sangre y estirpe que puede, con absoluta certeza, ser asignada al sofista auténtico."

¡Cuánto he podido agradecer yo esta aclaración, procedente de fuente tan autorizada. ¡Ahora comprendo, por fin...! Por fin entiendo en qué consiste esto de la "política" de última hora y dónde encuentran su explicación y verdadero apoyo los reiterados mensajes a la opinión pública, sin el menor sonrojo, que lanza, como si lanzase "pedradas" a la lógica, un personaje con cara, más que presunta de idiota y hechos, consumados y probados, propios de un imbécil total, empeñado en "explicar" a los españoles que, si tienen un perro -sea callejero o con "pedigrí"- y éste ha tenido cachorros, el perro es su padre y los perritos sus hermanos. Desde luego, los españoles no pueden ser tan tontos, aunque lo parezcan, al insistir en su interés de escuchar tales explicaciones. Pero, mucho cuidado, porque, a este paso, todos juntos, el perro, los cachorros y los que escuchan semejantes explicaciones, como si oyeran llover -y por desgracia, yo también, sin comerlo ni beberlo- terminaremos muriéndonos de hambre. Luis Madrigal.-

lunes, 4 de mayo de 2009

TODOS SOMOS IGUALES


Hace ya algunos años -aunque quizá todavía quede alguno por ahí- solían verse unas estampillas, o cartelitos, generalmente colgados de las paredes, en esos ámbitos parasitarios que son las oficinas públicas, en los que podía leerse literalmente: “TODOS SOMOS IGUALES, PERO ALGUNOS MÁS IGUALES QUE OTROS”. Parece ser que tan aguda expresión, fruto de un descubrimiento antropológico aún más conspicuo, es debida a un señor nacido en la India, de nacionalidad británica, llamado Eric Arthur Blair, más conocido por George Orwell, que fue su pseudónimo. Este caballero, es el inventor de un imaginario universo totalitarista, pese a que él no fue observado por el KGB, sino, durante doce años, por los servicios de Inteligencia británicos, justamente por los motivos radicalmente contrarios -esto es, para poder preservar la libertad frente al totalitarismo- dadas sus aficiones a militar en los movimientos izquierdistas. Es hoy, por tanto, uno de los símbolos sagrados de la “izquierda intelectual” y, al propio tiempo, el "glorioso" mentor del concepto de “Gran Hermano”, acuñado en su novela “1984”, escrita treinta y cinco años antes de la fecha que le sirve de título, es decir en 1949, y que posteriormente ha dado lugar a los repugnantes formatos televisivos del mismo nombre, paradigma vivo de las más abyecta pornografía “en vivo y en directo”.

Orígenes terminológicos o inspiraciones aparte, en primer término, yo creo que “igual”, (en latín, aequālis), quería significar, en el caso del cartelito,
que todas las personas somos de la misma naturaleza o calidad, puesto que tal adjetivación, evidentemente, no se refería a las cosas, y pretendía cobrar en este caso, sin duda, una intención excelsa, o excelente. Todos igualmente buenos, dignos, sabios y competentes, con el mismo alto sentido de la justicia y de la libertad… Pero, eso sí, en segundo término, “algunos”, son mejores, más dignos, más sabios, más competentes que otros. Y, es de suponer, que quienes publicitaban tal aserto, colgándolo de las paredes, entendían formar parte de los primeros, del algunos, excluyéndose selectivamente del todos, que eran “los otros”.

Alguna vez -lo confieso- corrí yo, la estúpida tentación de creerme incluido en el grupo selectivo, o selecto, pero, muchas más, y muy en general, siempre me he preguntado cómo puede operarse tal selección. Desde luego, en términos de singularidad -establecer quien es “el mejor”- no es posible, porque el mejor no existe, es imposible de determinar, no hay instrumento de medida para ello y, únicamente, podría ser determinado de esa forma tan mostrenca, y tan imprecisa y peligrosa, como es el método “democrático”. Esto es, por “votación popular”. Así se determinan (además de los gobernantes, lo que es ya un verdadero ejercicio del temerario juego suicida de la “ruleta rusa”), otros muchos “mejores” más superfluos y superficiales, como la chica más guapa, la “miss” del planeta, del país, o del barrio, y ahora, últimamente, también el chico más apuesto y gentil . Asimismo, el futbolista que ha de ganar “la bota de oro” o, en infinidad de perspectivas, cuantos profesionales, de todo tipo de oficios u ocupaciones quepa establecer. Y hasta de “mejores”, en los ámbitos de la virtud, de la bonhomía o la santidad, cuestión esta última que, con el permiso y el debido respeto a los cánones reguladores de las causas de los santos, creo yo tan sólo Dios puede saber. Por ejemplo, en los más respetuosos términos, ¿quién era más santo, el Excelentísimo Sr. Marqués de Peralta, Don Josemaría Escrivá de Balaguer, o la Madre Teresa de Calcuta? Parece ser que San Josemaría, que ya es santo, como su propia nominación canónica indica, mientras la Madre Teresa todavía solamente es beata, que es un grado inferior. Hasta es muy posible, que Don Álvaro del Portillo, también ya beato a estas alturas desde hace años, sea santo mucho antes que el Beato Champagnat, que ya lo era el pobre desde mi infancia, y que aún por los años 90 no había logrado pasar de ahí, pese a haber nacido en 1789, justamente el año de la Revolución Francesa, y muerto en 1840, tras haber fundado los Hermanos Maristas. Otro tanto cabe decir del polaco Juan Beyzym, S.J., contemplativo en la acción y apóstol de los leprosos en Madagascar, por no hablar del Beato Maurus Magnentius Rabanus, Arzobispo de Maguncia, que murió en el año 856, y de tantos y tantos que no han llegado a los altares. En otros términos, descendiendo desde la más excelsa altura, hasta la casi máxima bajura, ¿quién ha sido mejor futbolista, Pelé o Alfredo Di Stefano? ¿Maradona o Messi? Imposible de determinar, con precisión astronómica, e incluso en mucho menor grado de precisión. Imposible saber quién es “el mejor”. Por lo tanto, el mejor, no existe. Incluso tampoco es nada fácil determinar colectivamente, dentro de un grupo, profesión, oficio, o característica personal, quienes son “los mejores”, aunque esto resulte más fácil, sobre todo mucho más ostensible a los meros sentidos corporales, y hasta a las piedras. Un tonto, siempre es un tonto, se babe o no, pero Sir Winston Churchill, fue un genial político y un excelente Jefe de Gobierno. Esto, también es verdad, y se distingue perfectamente. Porque, hay verdaderos sabios y perfectos imbéciles que, en algunas dramáticas ocasiones -es imposible saber por qué y cómo- llegan a Jefes de Gobierno; personas cultas, y personas absolutamente ignorantes; gentes refinadas, y patanes en todos los grados de ordinariez y mal gusto, y algunos hasta en estado casi salvaje. Todo esto es cierto. Y ello es así, aunque, en términos generales, resulte también difícil en una colectividad establecer la frontera entre “los mejores” y los que no pueden serlo en modo alguno. Luego, los del “cartelito”, lo tenían, o lo tienen aún, bastante difícil. Les aconsejo que lo retiren y les ruego se pongan a trabajar, aunque sólo sea para demostrase a sí mismos que son capaces de hacer algo útil.

Me parece que, por esa relatividad a la hora de determinar quién o quiénes son, no ya “el mejor” -que no existe nunca- sino tampoco “los mejores”, de difícil determinación, hace ya tiempo que vengo yo sustituyendo, para mis adentros, el clásico orwelliano por otro eslogan, de similar factura, pero mucho más objetivo dentro de su indefinición, según me parece. Venía yo proponiendo que, lo que debería proclamarse, sin cartelitos, desde luego, es la afirmación de que “TODOS SOMOS IGUALES, PERO UNOS SON MÁS IGUALES QUE OTROS”. Como se podrá observar, hay dos variantes esenciales. La primera, consiste en sustituir el “algunos”, por el “unos”. Podrá parecer lo mismo, pero no lo es. En primer término, alguno, o algunos (del latín alĭquis, alguien, y unus, uno), es un adjetivo que se aplica indeterminadamente a una o varias personas respecto a otras, pero en oposición a ninguno, y por ello generalmente se utiliza como pronombre indefinido y, pospuesto al sustantivo, equivale a “ninguno”. Y, en segundo término porque lo fundamental de la nueva fórmula consiste en sustituir la primera persona de plural por la tercera, del verbo ser, porque nadie debería atreverse a decir "somos", sino tan sólo "son". Así, pues, incluso existen dificultades gramaticales para poder expresar en su intención elitista, la expresión de referencia. En cambio, “unos” (también del latín unus), en su octava acepción RAE, juega como pronombre indeterminado y, en plural, significa dos o más personas cuyo nombre, y por ende características determinadas, se ignoran, o no pueden determinarse. Y esto ya, al menos gramaticalmente sería mucho más exacto. Podemos Saber que “unos” son mejores -“más iguales”- que otros, pero nunca podríamos determinar el grado, la “clasificación general” y, con ciertas dificultades, establecer la frontera entre unos y otros, pese a que, en algunos casos, la diferencia pueda ser ostensible.

Sin embargo, tampoco esta construcción me dejaba satisfecho y, fruto de mis “sesudas” meditaciones, he llegado a comprender, de una vez por todas, que el mejor eslogan para mejor poder expresar la relación y proporción de grandeza y miseria que media entre unos seres humanos y otros, sería esta última, a la que vengo abonándome reiterativamente desde hace ya algún tiempo. Esto es, pues, lo que a mí me parece cierto: “TODOS SOMOS IGUALES PORQUE NADIE ES NADA”. Y esto sí que es absolutamente concluyente. Podrá no serlo a la corta, en determinados momentos, pasajeramente, pero no lo será siempre, no podrá serlo a la larga. La clave, esta vez, no reviste sólo tintes gramaticales, sino que reside en algo mucho más esencial. En efecto, es preciso sustituir la conjunción adversativa “pero”, por la causal “porque”, con lo cual, a su vez, en cuanto a su contenido lógico concierne, ya estamos facilitando la causa de la más radical igualdad. Pero, esa causa es la de que nadie, absolutamente nadie, ni aun Albert Einstein, Johann Wolfgang von Goethe, Santiago Ramón y Cajal, Aristóteles y Platón, Ortega y Unamuno, y cuantos otros sabios de verdad en este mundo han sido, son nada, porque, todo hombre, ha de morir y la muerte, su incertidumbre, sus terribles incógnitas, el no saber nuestro último destino -más aun que tampoco nuestro origen- ni con las más complejas ecuaciones o tubos de ensayo, ni con microscopios binoculares, ni con los telescopios de lentes más potentes, esa radical y esencial ignorancia, nos iguala absolutamente a todos. Por eso, sólo por eso, todos somos iguales. Entre el mayor sabio de todos los siglos y el ignorante supremo de los mismos, la diferencia es nula. Y somos además iguales, porque, para algunos -aunque esto sea adicional o quizá hasta secundario- todos somos hijos de Dios y los hijos de un mismo Padre, siempre, siempre son iguales, con total independencia de sus cualidades, méritos o deméritos. Un Padre amoroso, que quiere por igual a todos sus hijos y en cuyo regazo, tan sólo en Él, podremos descifrar la incógnita de nuestra vida. Claro que, para ello, para encontrar la verdadera repuesta, la más precisa y exacta, tendremos todos que llevar a la práctica lo que propone y exalta la melodía del cantante Silvio Rodríguez. Verdaderamente, hay letras de canciones hermosas, pero tal vez ninguna tan verdadera como esta, la de esta canción -"Sólo el Amor", por supuesto el Amor con mayúscula- porque, ciertamente:

"Sólo el Amor, alumbra lo que perdura / sólo el Amor, convierte en milagro el barro / sólo el Amor, engendra la maravilla / sólo el Amor, consigue encender lo muerto..." ¿Alguien quiere comprobar hasta qué punto es rigurosamente verdad, y la única forma segura de poder "tocar lo cierto"? Luis Madrigal.


Para escuchar la canción completa, pueden o podéis pulsar sobre el subrayado que sigue a la notación 03. del archivo musical que seguidamente se inserta.



viernes, 1 de mayo de 2009

Solución al "QUIÉN ES QUIÉN" (I), de 26 Abril 2009





El personaje de ambos retratos es el mismo: El Rey Carlos IV de España, aquel funesto monarca, cuyo valido se llamó Manuel Godoy, y padre, para mayor desgracia suya y de España, de su odioso sucesor, el traidor y felón Fernando VII.

Pese a la aparente igualdad de su tamaño, el primero de los cuadros (de arriba a abajo), podría considerarse casi una miniatura, porque su tamaño es el de 15,5 x 11,4 cm. Está pintado el óleo sobre lienzo y se conserva en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes, de Madrid. Su autor es el zaragozano Francisco Bayeu y Subías. Bayeu, no fue un mal pintor. Nacido en 1734, en Zaragoza, dió sus primeros pasos en el barroco español, siendo discípulo de Mengs y Director de la Real Academia de San Fernando. El cuadro de referencia, fue pintado en el año 1790, tan sólo cinco años antes de su muerte, en 1795.

El segundo de los cuadros (el de abajo), pese a parecer hasta más pequeño, es mucho más grande de tamaño, porque mide 203 x 137 cm. También es un óleo sobre lienzo y se exhibe en el Museo del Prado, también de Madrid, como es bien sabido. Su autor era cuñado de Bayeu, por haberse casado con su hermana Josefa, su nombre también era el de Francisco, y asi mismo era aragonés, pero su valor pictórico y su fama no pueden compararse: Se llamaba Francisco de Goya y Lucientes, y aunque no nació en la Capital de la Provincia, sino en un pueblo de la misma (Fuendetodos), su fama es universal, y su arte, para algunos superior incluso al de Velázquez, a quién él admiraba tanto, porque, se ha dicho, que si Velázquez conduce a la fotografía en color, Goya es el introductor e inspirador de los impresionistas franceses. En cualquier caso, ustedes, amigos lectores de este humilde Blog, podrán juzgar a su libre criterio, en lo que se refiere a uno y otro de los retratos que aquí hoy se publican. Goya, como también es bien sabido, fue nombrado Pintor de Cámara por Carlos III, a quien retrató también diversas veces y, en 1799, fue nombrado Primer Pintor de Cámara, recogiendo la triste etapa de su hijo, el referido Carlos IV, a quien asismismo retrató en diversas ocasiones y posturas, incluídos los retratos ecuestres, y a quien finalmente vió, en unión de toda su familia, con la honestidad y honradez hasta ese momento impropias de un Pintor de Cámara, retratándolos tal y como eran y como él los veía, sin la menor concesión a la idealización. De ello es prueba bien patente el cuadro que también aquí se publica, por último, cuyo título es "La Familia de Carlos IV". En cuanto a los dos retratos individuales que le preceden, como es lógico, ambos llevan el mismo título: "Carlos IV". Que ustedes lo disfruten. Los españoles de aquella época, tuvieron que sufrirlo en sus propias carnes. Luis Madrigal.-