viernes, 23 de enero de 2015

EN LAS HORAS MÁS DURAS



LLEGA LA FORTALEZA

Ese pavor de espanto que te inunda
y llena el alma entera a toda hora.
Ese temblor inmóvil que devora
hasta lo hondo la paz en barahúnda.

Esa voz sin sonido, tan profunda;
ese llanto sin lágrimas que llora;
esa súplica, que del cielo implora,
casi fin fe, esclava y vagabunda.

Es hora de valor y reciedumbre,
hasta ahogar el suplicio en dique seco.
Apagar con un témpano la lumbre.

Subir con nuevas alas a la cumbre,
para escuchar en paz un nuevo eco
y trocar en encanto pesadumbre.


Luis Madrigal




EL CANTO DEL LAMA
(Jean Michel Reusser)

Deseos para el Despertar

jueves, 22 de enero de 2015

VIVAN SERÁN MAÑANA



LAS ROSAS MUERTAS


¡Oh, verde tallo, herido por el hielo
en mi pobre jardín…! En él caído
entre silencio y frío, y que aun dormido
esperas despertar, azul el cielo.

A él volar tus rosas, si el deshielo
les presta su calor y el colorido,
el tinte  -y el olor-  tan encendido
que muestra en su fragancia el terciopelo.

Ya no serán entonces hojas yertas
las que adornen capullos, entre espinas.
Tan verdes como el trigo y tan despiertas

serán tus yemas, en las horas ciertas,
cuando al alero se alcen golondrinas
y vivas sean... las que hoy son muertas.


Luis Madrigal






martes, 20 de enero de 2015

EN PLENO INVIERNO



NADA


Se levantó. Miró al cristal. Llovía.
Un tenue velo hería la ventana.
Anunciaba  -al nacer la fría mañana-
que un día desapacible volvería.

En el reloj, ya casi mediodía
había transcurrido con desgana,
sin hacer, ni vivir, y sin la sana
pasión que da la fuerza y la energía.

¿A dónde ir? ¿Qué hacer? Si nada había
dentro del alma, tibia, destemplada.
Ni nada que saber, que ya sabía

que no hay amor sin alma enamorada,
ni es posible vivir sin alegría,
ni nada es la verdad, ni nada es nada.


Luis Madrigal




lunes, 19 de enero de 2015

AL PASO DE LAS HORAS



SE FUE DE MÍ LA NIEVE

Aquellos blancos copos que caían
del cielo añil, brillando sobre el muro
cubierto de cemento gris y duro,
que a mi alma de niño sonreían.

Pensaba yo que siempre a mí vendrían
con su blando caer, de blanco puro,
sin advertir que ayer fue mi futuro
y no vuelan ya el aire que veían.

Tampoco al que me encierra y me cobija,
León fuera de mí y yo tan lejos.
Tan sólo me bastara una rendija

para mirar atrás y, entre reflejos,
verlos blancos brillar, sin que me aflija
enronquecer gritando tiempos viejos.


Luis Madrigal





viernes, 16 de enero de 2015

¿QUÉ FUE DE TI... QUÉ TE HICIERON?




¿Vives aún en silencio, viejo amigo,
León de mi alma niña,
que en las tardes de Enero, cuando nieva,
el fuego entre tus hielos yo encontraba?
¿Todavía no has muerto
y por tus viejas calles,
de más de dos mil años empedradas,
nadie grita que Tú fundaste España?

Luis Madrigal




jueves, 15 de enero de 2015

(II) CANCIÓN DE INVIERNO A LO LEJOS



ROSAS DE LUZ

Al otro lado del mundo, donde las rosas nacen  a su tiempo, el hielo tan sólo es ya un recuerdo. Bajo su cielo azul, algunas, las blancas como la nieve, perfuman el aire, inundándolo de los más etéreos y cautivadores aromas. Otras, rojas, pero llenas de luz, se enmarañan entre los barrotes de hierro que cercan los jardines y las estancias, mostrando sus párpados abiertos y tersos, salpicados de unas gotas de rocío, al propio tiempo que sus más tiernos capullos. No muy lejos de una gran urbe, junto a un Lago  rodeado de crestas y altozanos, se deslizan balandros que, como alas de mariposa, se mueven armoniosamente a impulso del suave viento que baja de las cumbres, en cuyas laderas, hace ya algún tiempo, danzaron las hadas y, seguramente, hoy entonan su canto silencioso e imperceptible. Pero, en las noches de luna plateada, alguna marimba  -tal vez una guitarra acompañada de un bandeón de viejo fuelle-  desgranan notas y acordes de amor, que suben al cielo al mismo tiempo que una misteriosa corriente las empuja hasta cruzar el inmenso Mar y llegar a mí, para perderse lentamente entre la bruma de este Enero madrileño junto a una lágrima.

Luis Madrigal


miércoles, 14 de enero de 2015

(I) CANCIÓN DE INVIERNO A BREVE DISTANCIA



PARECEN FLORES

Se ha helado el estanque de mí jardín y, sobre su pulida y refulgente superficie, han nacido flores blancas, que parecen rosas de Abril  -como las que brillan junto al seto-  surgidas fuera de su tiempo y de su espacio. El tiempo y el espacio, que según se ha dicho o intuido son una misma cosa, se configuran siempre, en todo caso, como las coordenadas en las que todos los seres humanos que existen bajo ellas tienen que fabricar su vida, hacerla, construirla desde la nada, desde ese cero absoluto, desde esa “tabula rasa in qua nihil est scriptum”. La vida, dice Ortega, nos es dada, pero no hecha. Y solamente yo, únicamente yo, tengo y puedo hacer mi vida. Es imposible que la haga otro por mí, ni que yo pueda hacer la suya. A lo sumo  -y ello a veces resulta muy doloroso y hasta trágico-  otro puede influir poderosamente sobre mí, incluso sin él quererlo, al acometer esta tarea. O tal vez sea yo quien influya sobre él, pero ninguno de los dos -aunque sí condicionarlas- podemos recíprocamente determinar nuestras respectivas vidas. No hay ningún determinismo social, ni tampoco es posible el darwinismo de ese carácter, como pensaba “el bueno de Heriberto”, según sostenía también Ortega, refiriéndose en expresión castiza a Herbert Spencer, el filósofo positivista inglés.

Sin embargo, pienso yo, lo que sí puede ocurrir es que, en el transcurso de la existencia, las flores nazcan a destiempo y fuera de lugar en nuestra vida y, no sólo esto, que puede reducirse a mero o simple casualismo, sino lo verdaderamente doloroso, que para siempre permanezcan tan lejos de nuestro anhelo.

Luis Madrigal